Panamá, 21 de agosto de 2004
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El hombre más feliz de Latinoamérica

La gran interrogante es: ¿Puede sobrevivir la democracia venezolana otros dos años?

Por JONATHAN GURWITZ
The New York Times

LASERFOTO AP

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, advirtió esta semana que seguirá siendo amigo del líder cubano Fidel Castro, a pesar de que quiere mejorar las relaciones con Estados Unidos.

El segundo hombre más feliz en el hemisferio occidental esta semana es el presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Ex paracaidista, Chávez encabezó un fallido golpe de Estado en 1992, en el cual 18 personas resultaron muertas y por el cual fue encarcelado dos años.

Rehabilitado políticamente y postulándose con una plataforma populista, fue elegido para un mandato de cinco años como presidente en 1998. Luego de enmendar la Constitución de Venezuela, en cuyo proceso estuvo de relieve la influencia de Chávez de manera prominente, fue reelegido para un mandato de seis años en el 2000. Extraoficialmente, él ha dicho que planea mantenerse en el poder hasta el 2021.

Grandes segmentos de la población venezolana se han cansado del estilo autocrático de Chávez: su antagonismo hacia los sindicatos laborales, grupos empresariales y la iglesia Católica; su tendencia a suprimir los medios de comunicación masiva y la disensión política; su nombramiento de aliados políticos para estar al frente del poder judicial, las fuerzas armadas y la empresa paraestatal del petróleo; aunado a sus estrechas relaciones con una galería de rebeldes internacionales, desde narcoterroristas en la vecina Colombia hasta los extremistas mulás que gobiernan Irán.

En conformidad con las cláusulas de la nueva Constitución, una extensa coalición de partidos políticos y organizaciones civiles produjo un referendo de revocación sobre la presidencia de Chávez. Tras superar una diversidad de obstáculos legales que Chávez puso en el camino, sin amilanarse ante la violencia e intimidación por parte del Gobierno y de grupos chavistas de paramilitares, ese referendo se llevó a cabo el domingo pasado (15 de agosto de 2004).

El nivel de participación popular en el referendo rinde testimonio a la vitalidad democrática de la sociedad venezolana, registrando una concurrencia de 80% del padrón electoral.

El hecho de que Chávez haya prevalecido no se debe tanto debido a su popularidad como a su capacidad para manipular el proceso político siguiendo las peores tradiciones de dictaduras latinoamericanas.

Chávez instituyó un acelerado proceso de naturalización para más de 20 mil extranjeros que, a cambio, se convirtieron instantáneamente en partidarios de Chávez. Asimismo, él monopolizó la radio, estaciones de televisión y diarios del Estado, al tiempo que acosaba a lo que resta de los medios de comunicación independientes. De manera similar, gastó cientos de millones de dólares, derivados de ingresos del petróleo, en programas sociales de alta visibilidad que cimentaron la lealtad de los venezolanos pobres, pero que no hace nada por solucionar los problemas endémicos del país.

Sí, Chávez es un hombre feliz, cómodamente instalado en la seguridad del palacio presidencial de Miraflores, confirmado por un referendo que, según la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter, fue suficientemente justo. Está contento porque la oposición —misma que ha seguido los dictados de la ley a lo largo del proceso del referendo— probablemente respete el resultado de la votación, a menos que se demuestren alegatos de un fraude masivo.

El notorio aumento en los precios del crudo en fechas recientes, lo cual ha permitido la oleada de gasto social por parte de Chávez, también ha enmascarado tendencias peligrosas: la acelerada devaluación del bolívar, una alta inflación, la duplicación de la tasa de desempleo, una caída vertiginosa en el ingreso per cápita y un marcado aumento en la pobreza desde 1998.

Los grandes interrogantes son los siguientes:

¿Puede sobrevivir la democracia venezolana otros dos años bajo Chávez?

¿Resistirán los remanentes de una prensa libre, un poder judicial independiente y la disensión política hasta las próximas elecciones en Venezuela, si se producen los siguientes comicios venezolanos?

¿Persistirá la vitalidad democrática y la vibrante economía, o Venezuela seguirá los pasos de Cuba?

Lo cual nos lleva al hombre más feliz en el hemisferio occidental: Fidel Castro, quien pospuso la celebración oficial de su 78 onomástico por dos días para que coincidiera con el triunfo de su protegido en Caracas.

Irónicamente, los órganos informativos de Cuba elogiaron la victoria de Chávez como "evidencia de la democracia venezolana'', precisamente el sistema de gobierno que ellos difícilmente están calificados para evaluar.

Ellos no sugirieron un referendo similar para "el comandante'' como prueba de la democracia cubana. Tampoco mencionaron los 53 mil barriles de petróleo diarios —lo cual equivale a más de 800 millones de dólares por año, a precios actuales— que Chávez subsidia para Castro, mismos que mantienen una línea vital con la moribunda economía de la nación comunista.

Millones de venezolanos firmaron y después volvieron a firmar peticiones en el proceso que condujo al referendo de revocación. Ahora, el peligro radica en que Chávez inflinja sobre ellos la misma opresión oficial que Castro ha impuesto sobre los 25 mil firmantes del Proyecto Varela, que buscaba una reforma democrática en Cuba, muchos de los cuales actualmente están languideciendo en confinamiento solitario en el gulag de Castro.


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