Relaciones complicadas
Ahora, EU tiene ante sí el desafío de construir, desde los cimientos, una nueva relación con Chávez JUAN FORERO
THE NEW YORK TIMES
Cuando el presidente Hugo Chávez fue expulsado en un golpe de estado hace dos años, el gobierno del presidente George W. Bush celebró, calificando el derrocamiento del mandatario de izquierda como una consecuencia de su propia hechura.
El resto de Latinoamérica quedó furiosa por el derrocamiento y expresó su firme apoyo hacia Chávez al tiempo que fue devuelto al poder, casi de inmediato, en una insurrección popular.
El 15 de agosto, cuando Chávez triunfó sobre sus adversarios en un referendo sobre si su mandato debería ser revocado, países desde Brasil hasta Argentina, pasando por Colombia y España, felicitaron profusamente al mandatario populista. Estados Unidos mantuvo el silencio por más de un día, hasta que un portavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, ofreció un respaldo tibio hacia los "resultados preliminares".
La sonora victoria de Chávez fue un golpe para la administración Bush, misma que ha tenido dificultades con respecto a cómo lidia con un agitador de izquierda que preside sobre el quinto productor mundial de petróleo y se ha opuesto a Washington en cada iniciativa de importancia en Latinoamérica, desde su respaldo hacia el Ejército de Colombia hasta sus planes con miras a un acuerdo hemisférico de libre comercio.
"No hay dudas en mi mente de que, cuando menos en la Casa Blanca - no sé con respecto al Departamento de Estado -, existía un profundo deseo de ver a Chávez perdiendo la votación", dijo el ex presidente Jimmy Carter, cuyo centro con el mismo nombre vigiló las elecciones y quien recibió de manera regular información de funcionarios estadounidenses con respecto a sus esfuerzos apuntados a mediar la paz entre el gobierno y sus opositores.
Ahora, Estados Unidos tiene ante sí el desafío de construir, desde los cimientos, una nueva relación con Chávez, quien ha hecho todo lo imaginable por combatir "al coloso del norte", en sus palabras.
Chávez ha recurrido a expresiones ofensivas para describir al presidente Bush, amenazó con retener las ventas de petróleo si Estados Unidos invadía y con acrecentar sus vínculos con Cuba. Su campaña con miras a ganar el referendo fue creada, en buena medida, en torno la satanización de Estados Unidos.
"El gobierno de Bush será derrotado este domingo", afirmó Chávez ante reporteros tres días antes de la votación. "La confrontación en Venezuela no es realmente con esta oposición. La oposición tiene un amo, cuyo nombre es George W. Bush". Diplomáticos estadounidenses comentan en privado que ellos no creen que Chávez crea en sus propias declaraciones públicas, sino que más bien él manipula el latente sentir antiestadounidense para sus propios fines políticos. Pero, hasta ahora, la política estadounidense ha sido contraproducente en buena parte, contribuyendo sólo para los comentarios cada vez más hostiles de Chávez.
Desde hace mucho tiempo, Estados Unidos apostó todo su lote a los líderes de un movimiento opositor que está siendo desacreditado cada vez más por diplomáticos extranjeros y muchos venezolanos, ya que insiste en que ocurrió un fraude cuando la preponderancia de la evidencia indica que no fue así.
Estados Unidos también ha proporcionado recursos económicos a grupos como Súmate, mismo que violó normas electorales por la mañana del 16 de agosto al distribuir una encuesta de salida, la cual mostraba a Chávez perdiendo por amplio margen. Chávez capitalizó estos fondos para organizaciones antigubernamentales, canalizados a través del Fondo Nacional para la Democracia, acicateando a sus partidarios hasta meterlos en un frenesí antiestadounidense.
"Estados Unidos está atascado en una suspensión del tiempo", dijo Riordan Roett, director de estudios latinoamericanos en la Facultad de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. "Está usando herramientas de la Guerra Fría, cuando el dinero del Fondo Nacional por la Democracia era útil para financiar movimientos anticomunistas".
Ciertamente, la política estadounidense ha estado descoordinada en buena medida del resto de la región, incapaz de comprender la reacción generalizada en contra de reformas de libre mercado a lo largo de Latinoamérica, las cuales actualmente están siendo reducidas por parte de líderes tendientes a la izquierda del espectro político. En Venezuela, Estados Unidos ha operado bajo el supuesto de que los opositores de Chávez contaban con mayor respaldo, subestimando claramente que la mayoría de los venezolanos votaría por mantenerlo en la presidencia. "No es que Estados Unidos no esté prestando atención, es que sus cálculos y estrategia estuvieron equivocados", destacó Eduardo Gamarra, boliviano que funge como director del Centro de Latinoamérica y el Caribe en la Universidad Internacional de Florida, en Miami.
Tras la resonante victoria de Chávez, el gobierno de Bush se distanció del resto de la región, haciendo un llamado sobre el consejo electoral del gobierno venezolano para que "permita una auditoría transparente", aunque observadores internacionales declararon que las elecciones habían sido libres y justas.
El martes de esta semana, Ereli, el portavoz del Departamento de Estado, evitó pregunta tras pregunta de reporteros que indagaban con respecto a las razones por las cuales Estados Unidos no estaba felicitando a Chávez. Un prominente funcionario del Departamento de Estado dijo más tarde que la reticencia de EU con respecto a la victoria de Chávez tenía el propósito de restarle fuerza a las tensiones en Venezuela, no restarle importancia a los resultados.
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