Panamá, 21 de agosto de 2004

 
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Polémica por las alturas

La ciudad capital no soporta más edificios altos, porque no cuenta con una ley que sea cónsona con el desarrollo de estas obras

JULIO ALFARO
jalfaro@prensa.com

Desde marzo de este año, el monto de los permisos de construcción ha bajado, porque ningún inversionista puede arriesgarse a comenzar una obra que encierra un edificio de 20, 30 ó 40 pisos.
La aprobación en tercer debate del proyecto que regula la altura de los edificios al ancho de las calles, conocido como la “Ley de las Alturas”, reavivó la polémica sobre lo que es más importante para Panamá en materia urbanística.

Y es que los promotores de vivienda tienen una posición: construir y desarrollar proyectos y edificaciones mantiene activo un sector económico importante, por su aporte al Producto Interno Bruto panameño.

Del otro lado están los urbanistas. Ellos consideran que la ciudad capital no soporta más edificios altos, porque no se cuenta con una ley que sea cónsona con el desarrollo de este tipo de obras, ante el deterioro del entorno que rodea tales proyectos.

¿Por qué la pugna?

El 18 de febrero del 2004, la sala de lo Contencioso Administrativo de la Corte Suprema de Justicia avaló un pedido ciudadano impidiendo la construcción de un edificio de apartamentos. La decisión del alto tribunal se fundó en lo dispuesto en la Ley 78, de 23 de junio de 1941, que reglamenta lo relacionado a las urbanizaciones en el país.

A simple vista, el asunto parece intrascendente. Sin embargo, el fallo de la Corte se basó en un aspecto importante de la añeja norma, que advierte que “la altura admisible de los edificios dependerá del ancho de la vía”. La frase encierra un criterio técnico, hasta entonces inadvertido, que tiró por tierra una resolución emitida por el Ministerio de Vivienda (MIVI) en 1990. En ella se estableció que el alto de los edificios era determinado “según densidad”, es decir, que la cantidad de habitantes en un área de construcción determinaba la altura de las edificaciones.

Esta posición de la Corte Suprema inició el enfrentamiento.

Los promotores

El ingeniero Ricardo Carrillo considera que el veredicto ha puesto un freno al desarrollo del país. Para el director ejecutivo del Consejo Nacional de Promotores de Viviendas (CONVIVIENDA), el sector construcción ha sido severamente afectado tras producirse el fallo.

“Desde marzo de este año, el monto de los permisos de construcción ha bajado considerablemente, y es que ningún inversionista puede arriesgarse a comenzar una obra que encierra un edificio de 20, 30 ó 40 pisos, a pesar de que el área lo permite, de acuerdo a lo dispuesto en el MIVI”, explica Carrillo.

Señala que el problema va más allá, por las implicaciones laborales que tiene. “Un trabajador que repella una pared en el piso 1 no es el mismo que lo hace en un piso 30. El último es un tipo de mano de obra especializada más cara; imagine usted que ese trabajador tiene ya cinco meses que no trabaja, porque no se puede construir más allá de los 12 pisos. El desempleo se ha incrementado y la situación puede agudizarse aún más”, explicó.

Su propuesta es que se vete el proyecto adoptado por la Asamblea y se establezca un proyecto que “ponga orden en la planificación urbana del país”.

Los urbanistas

El arquitecto urbanista Alvaro Uribe estima que la Ley 78 de 1941 es “un manual de buenas costumbres urbanísticas”. Objetó su derogación, tal como se contemplaba en un principio en el proyecto presentado por el Ministerio de Vivienda ante la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, la inclusión de un artículo transitorio, a su juicio, salvó la situación. “Este artículo señala que los municipios solo pueden entregar permisos de construcción para aquellos edificios cuya altura proyectada esté debidamente proporcionada con la infraestructura disponible y el entorno urbano. Es una posición acertada, no creo que se pueda ser más democrático que con un artículo de esta naturaleza”, explica Uribe.

Hace dos advertencias que considera puntuales. La primera: “tenemos una ciudad que da cada vez más muestras de cansancio en su entorno urbano”; la segunda: “no puede seguirse complaciendo a quienes caprichosamente quieren construir por construir, y meter las cosas por donde ya no caben”.

Su propuesta se funda en que se mantenga la decisión de los legisladores y que se trabaje en el desarrollo de un plan urbanístico que evite un colapso y sea cónsono con la actualidad del país.

La solución existe

El llamado Plan de Desarrollo Urbano de las áreas metropolitanas del Pacífico y el Atlántico viene gestándose desde 1996, con plena conciencia de la reversión al país de las áreas canaleras, producto de los tratados Torrijos-Carter de 1977. La idea original fue la posibilidad de incorporar el área del Canal, sus recursos naturales e infraestructuras a las áreas metropolitanas, lo que incluye una superficie urbanizable de cerca de 13 mil hectáreas, un área equivalente al 26% del actual cordón urbano.

El MIVI reconoce, en un documento que resume el plan, que se han desarrollado áreas de construcción “bajo escasos instrumentos de planificación”, estableciendo focos inmobiliarios “fuertes y de inversión consolidada” en áreas como Bella Vista, unidos a proyectos desarrollados fuera de ese entorno, principalmente en Las Cumbres, San Miguelito, La Chorrera y Sabanitas en Colón.

Advierte igualmente la gravedad del asunto. “De no adoptarse medidas gubernamentales dirigidas a reorientar el patrón actual y tendencial del crecimiento de las áreas metropolitanas, el país tendrá en sus manos una situación social, ambiental y económicamente insostenible”.

Los elementos que este plan de Desarrollo propone como metas básicas son, a juicio del MIVI, la solución del problema de estructura urbana que tienen las provincias de Panamá y Colón, principalmente, sus capitales.

Compromiso

El proyecto adoptado por la Asamblea el miércoles último establece un compromiso. El MIVI tendrá dos meses para nombrar una comisión consultiva, a la que entregará un documento que sirva de base para la elaboración de una propuesta que regule de manera integral la materia de desarrollo urbano en la República de Panamá.

Esta comisión, nombrada por el propio MIVI, estará integrada por funcionarios de la institución, expertos en desarrollo urbano y funcionarios provenientes de instituciones públicas y privadas relacionadas con el tema. Tendrá un plazo máximo de seis meses, contados a partir de que el documento les sea entregado, para trabajar, elaborar y entregar su propuesta.

La presidenta, Mireya Moscoso, estudia las implicaciones del proyecto que le remitió la Asamblea tras su aprobación en sesiones extraordinarias. El ministro saliente, Miguel Cárdenas, ha pedido que se vete parcialmente, mientras que la ministra entrante, Balbina Herrera, dice que solo avalará aquello que ha sido acordado con los grupos en litigio.

En el centro, los urbanistas y los promotores de viviendas se mantienen frente a frente.






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