En la casa del jabonero...
Rolando Rodríguez B.
rrodriguez@prensa.com
| Virgilio De León/Especial
para La Prensa |
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Esta es la casa de playa que se
construye Dalvis Xiomara Sánchez en Costa Esmeralda.
Es de dos pisos y según cálculos extraoficiales,
su costo sobrepasa los 120 mil dólares.
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Detectives de la Policía Técnica
Judicial (PTJ) redactaron un informe sobre el robo de dinero
en la casa de la directora administrativa de la Presidencia,
Dalvis Xiomara Sánchez. En éste, reportaron que
Lizt Karina Jaimes –hija de Sánchez– había
dicho inicialmente que su madre le había informado que
la “suma real que había dentro de su habitación
era de aproximadamente 28 mil dólares en efectivo”.
Pero luego, bajo juramento, Sánchez corrigió la
cifra. No, no eran 28 mil ni 50 mil, como se dijo inicialmente:
fueron 35 mil dólares “en efectivo”. Eran –dijo– “producto
de ahorros por más de dos años”. Los ladrones
también se llevaron alhajas: un reloj Bulova de mil dólares,
aretes, sortijas, collares, dijes, brillantes. La cuenta, según
Sánchez, solo en joyas, fue de cinco mil dólares.
Pero esas no eran todas las que tenía. Según
Gloria Hernández –condenada en este caso–,
Sánchez tenía “un baúl lleno de prendas”.
Hernández también reveló que
en casa de Sánchez había dos neveras: una para “guardar
carnes y la otra... de guardar legumbres... y el dinero estaba
en las dos”, envuelto en papel periódico, y en sobres.
Todos los días, Hernández tenía que sortear
bultos de dinero cuando buscaba los bistec o el hielo.
Hernández fue interrogada por los detectives
Pablo Icaza y Boris Garcés. “El señor Nicolás
Valdés –quien también resultó condenado
en este caso– le propuso que hurtaran el dinero que estaba
guardado en el congelador del refrigerador, contestándole
que no. Luego le informa el señor Arístides Méndez
[el conductor de Sánchez] que no se preocupara, que ese
dinero era robado, y que la señora Dalys [sic] Sánchez
no se atrevería a poner denuncia alguna”.
Hernández también informó a
los detectives que “aún existe otra cantidad considerable
de dinero en el congelador de la refrigeradora”.
El informe perdido
Las respuestas de Hernández fueron consignadas
en el informe de los detectives de la PTJ, por lo que resulta inexplicable
que el fiscal investigador, Julio Laffaurie, lo haya ignorado.
De hecho, el fiscal declaró a los medios que tener dinero
en casa no era delito, pese a que el informe decía que era
robado.
¿Qué hicieron los detectives con la
información que suministró la sospechosa? La propia
acusada lo dijo en un interrogatorio cinco días después
del robo. “Ellos –la policía– fueron
y, efectivamente, encontraron dinero en el freezer, no sé cuánto,
pero encontraron”.
´¿Cómo supo del hallazgo? Porque,
según dijo, el lunes 19 de agosto de 2002 la llevaron a
la casa de Sánchez a buscar su ropa y “ellos –agentes
la PTJ– ya estaban allá y encontraron todo el dinero”.
Sin embargo, en el expediente no consta una sola
palabra de ese hallazgo. ¿Dónde reposa ese informe? ¿Por
qué no se anexó al expediente?
Hernández dijo haber hurtado –un mes
antes del robo de Nicolás Valdés– 4 mil dólares
del dinero de las neveras, aunque su novio, Armado Barrera, dijo
que habían sido 6 mil dólares.
Hernández no abrió una cuenta de ahorros
con el dinero hurtado –difícilmente podría
justificarlo con un salario de 200 dólares mensuales–.
Se lo entregó a su novio y le dijo que era producto de sus “ahorros”.
Después de todo, ella habitaba en la “casa del ahorro”...
la casa del jabonero...
Tamales y ahorros
El que negó participación en el hurto
fue el conductor de Sánchez, Arístides Méndez,
quien, de hecho, fue exonerado y fue el primero en recibir el beneficio
de la excarcelación.
Méndez fue a trabajar como de costumbre el
lunes 19 de agosto a las 6:00 de la mañana. Cuando llegó a
casa de Sánchez, se encontró a “uniformados
del SPI” y hasta la propia “escolta de la seguridad
del hijo de la Presidencia [sic], entre ellos, el jefe de la escolta,
que se apellida Hantuain”.
Este le informó que había un “problema” y
que agentes de la Dirección de Información e Investigación
Policial (DIIP) querían hablarle, aunque “la señora
Xiomara Sánchez no quería [que lo interrogaran],
pero que el director del SPI [Alejandro Garuz] le había
dicho que era así”, declaró Méndez.
¿Qué razón podría tener
Sánchez para que no interrogaran a su conductor? ¿Acaso
no quería ella que se aclarara el robo del que había
sido víctima?
La razón por la que Sánchez no quería
que interrogaran a su chofer puede que sea por lo que Hernández
ya había declarado: Méndez estaba enterado del dinero
en la casa, había declarado la acusada. “Arístides –dijo
Hernández– supuestamente sabía, porque como él
andaba con la señora para arriba y para abajo, y como él
era el chofer de ella, es él quien hacía todos los
mandados”.
Méndez fue interrogado sobre su carro y las
mejoras de su casa. Ambas cosas eran “producto de mis esfuerzos
y un dinero que me habían prestado y que mi tía se
dedica a hacer tamales... y me había prestado el apoyo”.
Méndez daba a su tía –explicó– capital
de trabajo y, a cambio, él recibía las ganancias
de las ventas. Con el lucro resultante “se había
hecho un ahorro y se había podido dar el abono inicial” del
carro. Como se ve, hasta el chofer ahorraba en esa casa.
Los detectives de la PTJ no le creyeron nada. “Vociferaban
con los agentes de la DIIP que esos tamales tenían que ser
muy buenos, porque eso no podía ser de eso, refiriéndose
al dinero del carro y las mejoras de la casa”, recordó Méndez.
La mofa de los agentes por sus respuestas resulta
irónica, pues ponían en duda los ahorros de chofer,
pero no los de su patrona, como si fuera algo normal “ahorrar” en
congeladores o el lavabos.
Los fiscales tampoco le preguntaron nunca a Sánchez
sobre el dinero en las neveras. Fue Hernández la que fue
interrogada sobre ello: “Diga usted si sabe la procedencia
de ese dinero”. El fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera,
creía, al parecer, que Sánchez y Hernández
eran amigas íntimas y se contaban lo de sus ahorros.
La respuesta de Hernández fue obvia: “la
señora Xiomara nunca me llegó a decir...”. ¿Acaso
esa no era una pregunta que debía responder la propia Sánchez?
El jacuzzi de Sánchez
En un intento por “obtener una visión
más amplia del lugar donde se suscitó el hecho”,
el fiscal a cargo de la investigación, Julio Laffaurie,
decidió –el 17 de septiembre de 2002– hacer
una “inspección ocular” en casa de la “víctima”,
es decir, Sánchez.
El 20 de septiembre de 2002, su abogado, Rogelio
Cruz, solicitó suspender la diligencia. Su cliente no estaba
en la ciudad. La nueva fecha fue fijada para el 24 de septiembre.
Ese mismo día, Laffaurie interrogó a
Hernández con preguntas que una vez más debía
contestar Sánchez: “¿cómo estaba guardado
el dinero en el freezer?, explique”; “usted,
al ver este bulto [de dinero] le preguntó a la señora
Dalvis de qué se trataba?”; “¿sabe
cómo llegaba dicho dinero a la casa de la señora
Dalvis?”.
Aún sin respuestas, el fiscal suspendió “hasta
segunda orden” la inspección ocular en casa de Sánchez,
por “razones que escapan al manejo de este despacho”.
De peso, debieron haber sido, pues la diligencia nunca se llegó a
realizar.
Peor aún. Sin tener claro el origen del dinero,
Laffaurie ordenó, al día siguiente, su devolución,
pese a que había un testimonio según el cual éste
era robado, y de que 10 días antes declaró a los
medios de comunicación que había negado una petición
para devolver el dinero.
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| Vista del costado de la casa de playa de la familia Sánchez,
en Costa Esmeralda. |
Otro hecho que debió haberle llamado su atención
fue que, según Nicolás Valdés, en esa casa
se pagaban cuentas por el orden de unos mil dólares en electricidad,
teléfono y agua, así como salarios para la servidumbre.
Añadió que Sánchez tiene “línea
de crédito, tarjetas de crédito altísimas” e “hizo
una remodelación completa a la casa, anexando una recámara
para ella, con jacuzzi y todos los lujos dentro.
No es todo. A Sánchez le entregarían
los planos de una casa que se construiría sobre un terreno “que
compró a orillas de la playa”, que “aparentemente
lleva todas las extras...”.
Lo más curioso de toda la historia es una
declaración de Sánchez a los medios, que es pieza
angular de su versión. Desde hacía dos años –dijo– hacía
depósitos en sus neveras porque no confiaba en la banca.
Sus palabras contrastan con la relación que
mantiene, precisamente, con los bancos, pues en 1999 terminó de
pagar una hipoteca. Tiene tarjetas de crédito de bancos,
como la del HSBC, desde 1990, una de Credomatic, desde 1992, y
una más de la Caja de Ahorros, desde el 2004.
Entonces, ¿cómo es que confía
sus cuentas de crédito a instituciones de las que tiene
serias dudas?
Epílogo
La parentela de Dalvis Xiomara Sánchez
tiene un negocio familiar: ella, directora administrativa de
la Presidencia; su esposo, Carlos Ramírez, director de
proyectos de la Fundación Mar del Sur (que financia obras
del Estado); sus hijas, Lizt Karina Jaimes y Giselle Jaimes,
son, respectivamente, jefa de protocolo del Ministerio de Economía
y Finanzas y cónsul de Panamá en Nápoles
(Italia).
Nicolás Valdés y Gloria Hernández
fueron condenados por robo. Sus penas fueron conmutadas al pago
de 2 mil 400 dólares, por lo que están en libertad.
Un testimonio pone en duda el origen legítimo
del dinero robado, pero ninguna autoridad lo investigó y
el dinero se devolvió.
Nadie le preguntó a Dalvis Xiomara Sánchez
por qué tenía decenas de miles de dólares
en efectivo almacenados en neveras, cuando ella mantiene relaciones
con la banca privada y estatal.
Un informe sobre el dinero hallado en las neveras
de la residencia de los Sánchez no fue redactado o no fue
anexado al expediente de los ‘durodólares’.
Jamás se realizó una inspección
ocular a la casa de Sánchez ni el fiscal lo pudo explicar
satisfactoriamente.
No se pudo explicar por qué, si el dinero
robado era producto de ahorros, casi todo correspondía a
series de un solo año: 1996.
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