![]() Panamá, 2 de agosto de 2004 |
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La última vez que se descubrió una de estas grandes masas de protoplasma fue hace un año en Chile, lo que revivió de nuevo la teoría de la existencia de una especie de calamar de grandes dimensiones que habita en las profundidades del mar. Este hallazgo, del tamaño de un autobús, fue similar al que se produjo hace más de un siglo, en 1896, en una playa de Florida, y que también tuvo una gran repercusión en los diarios de la época. En aquel entonces se publicaron fotografías que mostraban las grotescas formas del supuesto pulpo, de unas siete toneladas de peso, en las que se adivinaba los ojos, la boca y los gelatinosos tentáculos. Además, un prestigioso biólogo bautizó esta especie como de "Octopus giganteus", nombre que ha sido utilizado posteriormente por la comunidad científica en las ocasiones en las que han aparecido restos. Desde entonces, el cine y la literatura se han hecho eco de la posible existencia de esta especie nunca vista, del terrible "calamar" capaz de quebrar con un solo golpe de sus tentáculos un barco de grandes dimensiones. La comunidad científica, con mayor seriedad, ha tratado de determinar si realmente se trata de una especie de cefalópodo, o si se trata de una nueva especie no catalogada. No obstante, gracias a las nuevas tecnologías y a los avances en la investigación genética, científicos de la Universidad del Sur de Florida han acabado por descifrar el misterio, según recogió el diario The New York Times. Con gran decepción para los amantes de la literatura fantástica o de los misterios del abismo marino, las masas gelatinosas e informes que aparecían en las playas no corresponden a otra cosa que a grasa de ballenas en descomposición. "Para nuestra decepción, no hemos encontrado ninguna evidencia de que los restos pertenezcan a ningún octópodo gigante, monstruo marino o especie desconocida", escribieron hace unas semanas los científicos de Florida en el "Boletín Biológico", según recoge el diario. Además en revista • CON EL CAFE
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