Edilberto Becker sufre parálisis cerebral en medio del olvido
URANIA CECILIA MOLINA
umolina@prensa.com
| LA PRENSA/Bernardinofreire |
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Edilberto Becker tiene 12 años, pero parece de siete. Vive en la cordillera. Su madre pide ayuda para su atención.
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KUSAPIN, Comarca Ngöbe Buglé. —Si su mamá no advierte ese dato, Edilberto Becker hubiera pasado ante nuestros ojos como un niño de siete años completamente sano.
A las 12:00 del medio día del miércoles 22 de junio, sentado en uno de los bancos de la casa de una de sus tías, se dedicaba a tomar el sol, mientras jugaba con dos pequeños carros de colores alegres.
Sin embargo, por sus condiciones físicas, el endeble niño de tez morena y brillantes ojos negros está muy lejos de considerarse una persona que goza de buena salud.
Su mamá, Lucrecia Chichi Tropman, explicó que por causas que desconoce, Edilberto sufre de una parálisis que le impide caminar, tiene algunas dificultades para hablar y no controla su vejiga.
Oriundo de la comunidad indígena de Kusapín, en la comarca Ngöbe Buglé, un lugar con mucha riqueza natural, pero muchas desigualdades económicas, Edilberto no ha tenido la oportunidad de atenderse con médicos especialistas para determinar el origen de su enfermedad y mucho menos para desarrollar sus capacidades motoras.
Según Chichi Tropman, durante su primer año de nacimiento, el niño asistió a terapia, pero la ausencia de dinero y lo lejos que se encuentran los centros de atención, la obligaron a abandonar las citas de control médico.
Edilberto no parece notar que se encuentra en desventaja con el resto de sus hermanos -cuatro en total-, de diez, seis y cuatro años de edad. Pero Lucrecia sí está consciente de las limitaciones de su hijo y le preocupa que no pueda asistir a la escuela, pese a que tiene edad para hacerlo.
La parálisis de Edilberto es de la cintura para abajo. Su madre dijo que en las primeras citas médicas le explicaron que sufría de un desgaste muscular y tenía un problema neurológico.
Hasta ahora, esta madre soltera de 32 años, quien con mucho sacrificio obtuvo el título de bachiller en comercio, no ha podido suplir ni siquiera las necesidades alimenticias de su hijo.
Lucrecia explicó que en su casa se vive una crisis de hambre. No hay dinero para darle de comer a sus hijos comida normal, mucho menos para la dieta especial que necesita Edilberto.
Su familia tiene una finca, pero no pueden trabajarla, porque Edilberto reclama mucha atención.
Por esta misma razón no puede abandonar la comunidad y buscar una oportunidad laboral en otro lugar de la provincia o en el distrito de Panamá.
El centro urbano más cercano es el distrito de Chiriquí Grande, de la provincia de Bocas del Toro, que está a dos horas y media en un bote de carga, la opción más económica de transporte para los habitantes de esta región.
Lucrecia explicó que para ofrecer una oportunidad de vida a su hijo se acercó a diversas autoridades de la comunidad, pero no ha recibido una respuesta positiva.
Su caso también lo expuso ante miembros del club cívico 20-30, los organizadores de la Teletón 20-30 y también al Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, pero tampoco consiguió nada.
Indiferente a las preocupaciones de su mamá, en el rostro de Edilberto se dibuja una amplia sonrisa antes de comenzar a cantar "El perrito chino", a petición de los presentes.
Una canción que por su falta de concentración no acabará, al igual que no terminará su sufrimiento, si las autoridades locales o nacionales no deciden intervenir para proporcionarle un futuro mejor.
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