Más de las herencias malditas
Quien dice que la reforma tributaria “nos acerca a un
sistema tributario más justo y equitativo”, invariablemente
es de los que creen en las encuestas
de carne y hueso
Jorge G. Obediente
jorge@obediente.net
Las entidades se merecen la reputación de los individuos que las representan y usualmente solo se requiere de una o pocas manzanas podridas para causar un daño institucional, el cual persiste y continúa socavando su imagen mientras no se lleve a cabo la cirugía correctiva. El Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), como institución, tiene su misión y su visión, pero se encuentran opacadas porque posiblemente se han interpuesto otros intereses a los de los verdaderos clientes: los contribuyentes panameños. El sicario colombiano, con aspiraciones a secretario ejecutivo, es una de las muestras que afectan la imagen corporativa de dicho organismo internacional. La sociedad civil se encargará de que se le catalogue como “persona no grata” y que tenga que salir de Panamá, que al suceder invariablemente traería conflictos con el organismo internacional; ojalá el CIAT tome las acciones correctivas necesarias para evitar que la sangre llegue al río. En realidad la culpa no es solo del CIAT, sino también de la inexistencia de una contraparte local capacitada para supervisar los servicios contratados.
Quien dice que la reforma tributaria “nos acerca a un sistema tributario más justo y equitativo”, invariablemente es de los que creen en las encuestas de carne y hueso.
Pareciera que no se dio cuenta de que durante las recién pasadas elecciones, tres de los aspirantes, incluyendo al que ganó, mencionaron en su plan de gobierno la derogación o modificación sustancial de dicha reforma tributaria, ya que la consideraban mala para Panamá y los panameños. Pueden estar seguros, la funcionaria y el CIAT, que en la Patria Nueva tendremos algo mejor.
Nuevamente, quien dice que “Las críticas que ha recibido esta gestión parecieran denotar temor por la fortaleza que tiene hoy la DGI...,” me hace volver a referirme a esas amplias facultades de investigación de las cuales fue revestida. Mi problema no es con las amplias facultades de investigación, sino con las actuaciones de representantes de un gobierno que ha sido catalogado de corrupto a un grado extremo por la sociedad civil panameña, reputación esta que también se encuentra generalizada internacionalmente. Me vino inmediatamente a la mente el recuerdo de la nota de la DGI No. 201-01-740 de 8 de octubre de 2002, que pretendía ceder millones de balboas en créditos del ITBM, mediante un exabrupto que posteriormente fue dejado sin efecto por el escándalo público que se formó en la comunidad financiera.
Desde 1994 a 1999 había una campaña permanente para promocionar el cumplimiento voluntario de las obligaciones tributarias que daba resultados, y las pruebas estaban en las recaudaciones. Pretender que la “Semana de la cultura tributaria” es un logro que merece ser resaltado y que pudiera traer al fisco mejores resultados en la concienciación de la ciudadanía que una acción permanente, es algo que me es difícil de entender. Tampoco entendí en ese momento la “actividad” que se realizó en noviembre del 2002 en el hotel El Panamá, con conjuntos musicales y todo, en la que “sugirieron” a los auditores fiscales y demás funcionarios que solicitaran donaciones de 15 dólares por boleto para financiarla, y que dio la impresión de la coronación de una princesa; me imagino que era para fomentar actividades extracurriculares y fortalecer las relaciones fisco-contribuyente. Claro está que a esta actividad no pudieron faltar autoridades del CIAT.
¿Recordarán ustedes el contrato entre el Estado y el CIAT No. 194 firmado el 13 de noviembre de 2000 y publicado en la Gaceta Oficial el 28 de enero de 2003, o sea 27 meses después, y que se ejecutó sin las formalidades correspondientes? Ese contrato tenía un componente de 1.6 millón de balboas para la adquisición de equipos y software informático. Haciendo referencia, la inversión en el mejoramiento a través de “la implantación de herramientas tecnológicas que le faciliten al contribuyente...” pareciera que la percepción de muchos es otra. Como muestra transcribo extractos de ciertos comentarios que recibí sobre mi escrito anterior realizados por conocedores del tema. Cito: “...es importante señalar que en estos últimos cinco años la DGI parece haber retrocedido en el tiempo en todos sus aspectos tanto administrativos como tecnológicos”. Otra cita: “...No solo es el e-tax sino la cuenta corriente, la estructura tributaria, los procesos ineficientes, la desmoralización a los funcionarios, la carrera administrativa paralela que tiene la DGI, las actuaciones de asesores como funcionarios con mando y jurisdicción y muchas mas”. Definitivamente vivimos en lugares distintos.
Parecía que el CIAT no tenía quien le escribiera, aunque me dijeron que el principal colaborador en la redacción del artículo publicado fue el propio asesor terrorista, que se quiere quedar en Panamá. Otra vez, quien dice: “...la colaboración del CIAT contribuirá a garantizar la continuidad del proceso de edificar la administración tributaria que merecemos todos los panameños” vive en otro lugar y nos da a entender que pongamos en las manos de ciertos asesores extranjeros nuestro futuro tributario para que nos sigan dando más del mismo contenido de la reforma tributaria. El CIAT debería, por iniciativa propia, realizar su profilaxis interna para recuperar la reputación a que estaban acostumbrados, o atenerse a lo que pudiera venir.
El autor es consultor independiente
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