Panamá, 2 de agosto de 2004
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Tragedia golpea a Paraguay

Las estimaciones de las autoridades hablan de entre 209 y 287 muertos

LASERFOTO AP/Jorge Saenz

Los cuerpos de docenas de personas fueron ubicados en las inmediaciones del centro comercial incendiado.

ASUNCION, Paraguay (EFE). —La tragedia convirtió un apacible y soleado domingo de Asunción en un tétrico espectáculo de dolor que ha encontrado en el 1 de agosto una fecha que será recordada en Paraguay como la de la mayor catástrofe civil de su historia.

Un incendio en un concurrido hipermercado que, de acuerdo a los recuentos parciales, se cobró la vida de entre 209 y 287 personas, según los datos sean de la Policía o de los Bomberos, ha sumido a todo un país en la más profunda consternación.

El asunceño barrio residencial de Trinidad despertó de su letargo dominical sacudido por las sirenas de las ambulancias y de los vehículos de Policía que alrededor de las 11:30 de la mañana (15:30 GMT) empezaron a acudir masivamente al lugar.

El hipermercado Ikuá Bolaños, situado sobre las calles asunceñas de Artigas y Santísima Trinidad, uno de los centros de compras más exclusivos de la ciudad y que los domingos es elegido por docenas de familias para almorzar, estaba en llamas.

Ante la estupefacción, primero, y el horror, después, de los vecinos que salían de sus casas y veían cómo se cerraban las calles de acceso al lugar, los cadáveres calcinados comenzaron a desfilar en una macabra procesión que se prolongó más de seis horas.

La multitud de curiosos que se agolpaban en las inmediaciones pronto fue quebrada por hombres y mujeres con el rostro desencajado que a empujones se abrían paso para tratar de encontrar a familiares y amigos en medio de gritos y llantos de desesperación.

Las previsiones de la Policía, que desde el primer momento advirtió de que la tragedia tenía "enormes proporciones", se vieron desbordadas a medida que la cifra ascendía con el paso de las horas de 15 a más de 200 personas.

"Nosotros solemos ver esto (la tragedia) en la prensa internacional, pero hoy es una realidad, esperemos que a partir de esto reflote la solidaridad de la gente", decía en medio de la conmoción el ministro de Salud, Julio César Velázquez.

Su impotencia reflejaba el dolor de una población que se volcó en masa para contribuir en la medida de sus posibilidades a ayudar en las tareas de evacuación y asistencia a los heridos que lograron escapar con vida de las llamas y el humo.

Taxistas, estudiantes de medicina, personas que se acercaron con su propios vehículos o con bidones, cubos y hasta botellas de agua movidos por la necesidad de hacer algo inundaron las calles aledañas de un supermercado transformado en una enorme chimenea.

Los más afortunados pudieron salir por las ventanas rotas y los boquetes que en la desesperación abrían los que se estaban dentro.

Un transeúnte saca a uno de las afortunadas niñas que sobrevivió al infierno que se desató en un centro comercial asunceño ayer domingo.

Los que no, mujeres embarazadas, recién nacidos, ancianos, niños... se convirtieron indiscriminadamente en pasto de las llamas.

"Es dantesca la imagen que tenemos, 30 ó 40 personas quedaron atrapadas en un pasillo y al quemarse tenemos una masa terrible de cuerpos que se han fundido entre sí", narró el capitán de bomberos Roque González.

"Hay gente que va a ser total y absolutamente imposible de reconocer, hay un espectáculo dantesco, como el caso de los niños que estamos sacando... un bombero se quebró, está en shock.

Entrada la tarde, la desesperación se trasladó a los hospitales de la capital paraguaya a la que fueron llevados los cadáveres y los centenares de heridos. Colas de personas esperaron, con nerviosismo las listas de fallecidos que salían, en busca de una persona a la que no querían encontrar.

Los que encontraban a un familiar o un amigo rompían en llanto; los que no, salían de la cola y se quedaban a la espera de la siguiente lista.


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