El resurgimiento de las etnias III
Eudoro Jaén Esquivel
titojaen@orbi.net
Hace unos meses dediqué uno de mis artículos al tema del resurgimiento de las etnias para hacer notar que los sociólogos lo consideraban como uno de los temas sociales de mayor relevancia en el siglo XXI.
Recientemente una entrevista radial a un dirigente gremial de los maestros me trajo el tema de nuevo a la mente. El dirigente magisterial se quejaba del incumplimiento, por parte del Ministerio de Educación, del pago de los salarios a los maestros, lo cual, obviamente, estaba causando graves problemas a sus asociados. Me llamó particularmente la atención su comentario con respecto a ciertos maestros en la Comarca Kuna Yala, que no podían salir de sus lugares de enseñanza porque los sailas negaban concederles permiso por no estar a paz y salvo con sus tributos a la comarca. Ese comentario trajo a la discusión radial la experiencia sufrida por una educadora el año pasado, cuando al faltar a una citación del saila del lugar, fue llevada a la fuerza, castigada y azotada con hojas de ortiga. Ambas situaciones establecen claramente que la Comarca Kuna Yala es una pequeña república dentro de nuestro territorio nacional. Con la paradoja de que los educadores, al igual que otros servicios públicos, los suministra el Gobierno central.
Similar situación está sucediendo en las otras comarcas, donde la miopía de nuestros políticos y gobernantes, unido a la falta de interés ciudadano, ha permitido que se convierta en un problema social que un día nos va a golpear en la cara. Cada día crecen territorialmente las comarcas y aumenta la beligerancia de sus poblaciones en exigir pleno control de sus espacios como repúblicas independientes. Todo como resultado de una ausencia de política indigenista que ningún gobierno ha tenido la visión o el coraje de desarrollar. A fin de cuentas, lo que realmente hemos hecho ha sido expandir las áreas de los ghetos de pobreza y abandono que son las comarcas, con la excusa de que estamos contribuyendo a preservar sus culturas. Realmente hemos abandonado el indio a su suerte y creado la falsa expectativa de que son soberanos en sus territorios, porque a la hora de la verdad, cuando choquen sus intereses particulares contra los de la nación, deberá prevalecer el bien general con toda la secuela de conflictos sociales que indudablemente habrán de surgir.
Existe igualmente la posibilidad de llegar a situaciones de choque cultural con nuestra creciente población islámica, como en efecto está sucediendo en Europa y otros países occidentales donde las poblaciones musulmanas están exigiendo que se les permita vivir dentro de sus propias normas legales y culturales, independientemente de las normas y costumbres del país anfitrión, causando sendos problemas legales y culturales. Observo la creciente presencia de las comunidades islámicas en nuestro medio. Solo hay que transitar por algunos barrios de la ciudad para observarlo; pero tengo la impresión de que no estamos haciendo nada para manejar ese potencial conflicto por choque de culturas que puede surgir cuando aumente su número. Puedo estar equivocado, pero no observo interés de nadie sobre este tema social. Creo que hay tiempo y, con poco esfuerzo, podemos adelantarnos y tomar medidas en conjunto con las comunidades musulmanas, antes que se nos convierta en algo más difícil de lidiar, como es el caso de las comarcas.
El problema de discutir abiertamente los temas y situaciones que acarrea el resurgimiento de las etnias, domésticas o extranjeras, es que se nos tilde de xenofóbicos, discriminatorios y racistas, particularmente cuando nos dirigimos a sectores cuya religión, normas legales y cultura difieren notablemente de la nuestra. Ese temor a ser catalogado como tal, cohíbe la discusión abierta de un tema que sin duda alguna es uno de los de mayor impacto en el siglo XXI. Corro ese riesgo, pero creo necesario solicitar públicamente a nuestros gobernantes que presten más atención al tema del resurgimiento de las etnias.
Vivir en Panamá significa respetar nuestras leyes y someterse a su jurisdicción. Debemos respetar y defender el derecho de las etnias de mantener su cultura, pero eso sí, dentro del marco institucional legal que estamos obligados a cumplir todos los ciudadanos y huéspedes de esta nación. No hay justificación alguna para seguir permitiendo la existencia de pequeñas repúblicas dentro del territorio nacional, como es el caso de las comarcas.
Abogo, igual, para que se estudie detenidamente la forma de manejar lo relacionado con la integración a nuestra vida nacional de las comunidades islámicas, antes de caer en los serios problemas sociales de choque cultural entre culturas como los que confrontan Alemania, Italia, Reino Unido y Francia.
El autor es ingeniero
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