Por culpa del juega vivo
Un buen inicio sería empezar a practicar la honradez, el respeto y el compromiso con quienes nos rodean
Liz Erika Carrasco
lcarrasco@prensa.com
No se sabe quién acuñó la frase ni cuándo se empezó a utilizar, pero lo cierto
es que describe una de las características más vergonzosas con que se distingue al panameño.
Está tan enraizada en nuestra sociedad, que muchos la practican y ni se dan cuenta.
No es exclusiva de alguna clase social. La utiliza desde el más humilde ciudadano cuando compromete su voto a cuanto candidato a un puesto de elección se le para enfrente, hasta el más encumbrado político cuando promete lo que sabe bien que no podrá cumplir, con tal de convencer a los ilusos (si es que aún queda alguno).
La escuelita empieza en casa. El niño que escucha a su padre disculparse con el vecino que le prestó 20 dólares, porque esta quincena tampoco le podrá devolver el dinero que le prestó, y que luego observa a su progenitor gastarse la plata en cualquier minucia, no olvidará la lección.
Continúa con el estudiante, que prefiere pasar el día anterior al examen de historia chateando con sus amigos en lugar de estudiar, porque con la ayuda de una "batería" pasará la prueba igual.
Ya en la universidad, con más libertades y la amplia oferta de pubs y discotecas que hay, menos tiempo queda para el estudio y la investigación; por eso, si tienen con qué pagar para que otros les hagan los trabajitos, entonces cero estrés.
Así terminan graduándose muchos "profesionales", e incluso logran abultar sus currículos con varios diplomados, maestrías y doctorados, pero en la práctica tienen cero compromiso, cero integridad y cero desempeño... después de todo, si eres jefe ya habrá quien haga el trabajo pesado.
Lo que acabo de describir es el juega vivo en su máximo grado de sofisticación; es el que aprenden algunos panameños que tuvieron la fortuna de nacer en el seno de una familia acomodada. Pero hay otro tipo...el que practica la clase pobre. A ese le llaman delincuencia.
Lamentablemente, por ser el más visible, este tipo de juega vivo es el único que se penaliza.
Nuevas leyes y endurecimiento de penas no valdrán de nada para erradicarlo. Hace falta un cambio profundo de actitud.
Por eso, entre las recomendaciones que han repetido hasta el cansancio los expertos en el tema de la delincuencia, pienso que un buen inicio sería empezar a practicar la honradez, el respeto y el compromiso con quienes nos rodean.
En pocas palabras, prediquemos con el buen ejemplo.
La autora es periodista
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