Panamá, 18 de julio de 2004
 
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Noticias del imperio

La palabra de un gobernante compromete al país y sus actuaciones repercuten, para bien y para mal, en la imagen que de éste se tenga

Jorge Eduardo Ritter
jritter@cwpanama.net

Una de las últimas aventuras monárquicas en América Latina la constituyó el intento de extender el imperio de los Habsburgo a México, a mediados del siglo XIX. El designado por la más poderosa familia de Europa, Maximiliano, moriría fusilado en Querétaro y su esposa, Carlota, pasaría buena parte de su larga viudez sin conciencia de que la monarquía había muerto con él y que el imperio de los Habsburgo en México solo existía en la mente alucinada de su efímera emperatriz. Fernando del Passo –escritor mexicano– relató esa parte de la historia de su país, y la tragedia personal de sus protagonistas en una espléndida novela: Noticias del imperio. Está escrita en la forma de un relato en primera persona de una Carlota desquiciada, que no distingue entre realidad e imaginación, ni entre recuerdos y fantasías.

Algo parecido parece ocurrirle a una panameña que vive en Sevilla, España, quien me ha hecho llegar una protesta que, desde luego, no comparto, pero que debo contestar por esta vía habida cuenta de que no me envió una dirección donde pudiera remitirle una nota privada. Confieso que al principio pensé que se trataba de una broma. Pero el tono de la carta y los términos con los que se refiere a algunas personas me hacen suponer que no se trata de un sentido del humor retorcido, sino de resentimientos políticos profundos, exacerbados por las publicaciones de la prensa española. O de una verdadera demente. Como no me ha autorizado a revelar su nombre, me abstengo de hacerlo. No obstante, transcribo una parte de su misiva (la que menos improperios contiene): He enterádome por prensa de cena ofrecida por Rey Juan Carlos I a presidente electo Martín Torrijos, con presencia Príncipe de Asturias y respectivas esposas, así como reunión de trabajo con presidente de Gobierno Rodríguez Zapatero. Panamá independizóse de monarquía española en 1821 y desde entonces tiene forma republicana de gobierno. ¿Desde cuándo hay que discutir los problemas panameños con gobernantes extranjeros? ¿Dónde está su nacionalismo? ¿Por qué no opina de esa actitud antihistórica? (España todavía quiere dominar América Latina).

La señora, por lo visto, no sabe que entre España y los países latinoamericanos no existen ya los resquemores que dejaron las guerras de independencia del siglo XIX y cree que en el corazón de los gobernantes españoles perviven proclividades imperiales. Y tampoco se ha percatado de que ya no es necesario escribir en lenguaje de telegrama, pues con los medios modernos ahorrar palabras resulta una necedad: formas verbales menos rebuscadas y más artículos y pronombres no le vendrían mal.

No debe preocuparle que Torrijos haya sido invitado a cenar por el rey Juan Carlos, ni que los príncipes de Asturias vayan a asistir a su toma de posesión el próximo 1 de setiembre. Si de verdad es una buena panameña, debiera más bien complacerse de las deferencias especiales que los monarcas españoles han tenido para con el Presidente electo, y mirar con buenos ojos que el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, haya querido establecer desde ahora una relación que puede redundar en beneficios para ambos países. Además, los más altos ejecutivos de las empresas españolas con presencia actual o futura en Panamá no ocultan su interés por el nuevo escenario que comienza a dibujarse en nuestro país, y han comenzado a apostar porque en un futuro muy próximo habrá mayor seguridad jurídica para las inversiones y una gestión gubernamental transparente y eficiente. Observar con suspicacia esos gestos demuestra una de dos cosas: o de verdad está tan desquiciada como Carlota –imaginando imperios donde no los hay–, o está cegada por la pasión política.

La palabra de un gobernante compromete al país y sus actuaciones repercuten, para bien y para mal, en la imagen que de éste se tenga. El que la prensa española destaque que Torrijos fue invitado por el rey, que sostuvo una reunión de trabajo con el presidente del Gobierno y que se entrevistó con los presidentes de importantes empresas privadas no debe alterarle el sueño a nadie. Salvo a aquellas que se desvelan pensando que un buen día vamos a amanecer como parte de un imperio español que ya no existe, o que se niegan a aceptar la nueva realidad política de Panamá.

El autor es ex canciller de la República

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