Democracia de electores a democracia de ciudadanos
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El estudio que acaba de completar el PNUD titulado “La democracia en América Latina”, presentado recientemente en Panamá por Dante Caputo, es lectura obligada para todo el que se considere ciudadano(a) con el objeto de someterlo a debates entre nosotros. Indica Caputo que se trata de un diagnóstico que no pretende presentar respuestas, sino las necesarias interrogantes para que en cada país vayamos debatiendo sobre estas y proponiendo nuestras propias respuestas.
Lo más importante del estudio es que contiene una encuesta con un resultado impactante: más de la mitad de los latinoamericanos están dispuestos a sacrificar un gobierno democrático ...en aras de lograr un progreso real socioeconómico. Dicho en otras palabras: la democracia en nuestros países no tiene raíces profundas; lo conquistado no está asegurado. Consolidar la democracia es un proceso que nunca termina, es una tarea permanentemente inconclusa...y a la que debemos dedicarnos los ciudadanos en un trabajo sin descanso.
Coincido tanto con este diagnóstico que, cuando creamos nuestra Fundación de la sociedad civil hace años, la llamamos precisamente “Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana”. Crear ciudadanía competente y a tiempo completo, dedicada toda a la agenda pública. Buscar expandir la ciudadanía social, poniendo el mercado para –y al– servicio de la ciudadanía (empresas participativas La Prensa y MiBANCO son algunos de nuestros proyectos en esa línea).
Nuestra democracia la recobramos tras una lucha y conquista dura y prolongada, pero lo que tenemos es una democracia electoral.
Cinco consultas populares cristalinas, todas ganadas por la oposición del momento, constituyen la mejor prueba de lo anterior. Pero, a pesar del positivo camino recorrido, democracia electoral no es democracia completa.
Hay que seguir con pasión y mesura –como dice Caputo– intentando lo que parece imposible, una y otra vez. Tenemos que lograr transparencia, la abolición de la impunidad y la corrupción; la eficiencia de las instituciones para que respondan al ciudadano y sus necesidades, y un sistema judicial independiente, alejado de favorecer a los privilegiados en actos de suprema corrupción.
Lograr la Democracia (con “D” mayúscula) requiere la construcción de la ciudadanía integral: ciudadanía política, ciudadanía civil y ciudadanía social.
“La revalorización de la política en Democracia pasa por aplicar medidas que promuevan una institucionalidad legítima, fortalezcan una sociedad civil activa y, sobre todo, promuevan un amplio debate sobre el Estado, la economía y la globalización”, según el estudio del PNUD.
Un ejemplo: en una reunión de panameños y panameñas con Caputo, un participante preguntó si de verdad existe el Estado en nuestro país. Gobierno hay, pero ¿existe un Estado institucionalizado?; pregunta dura pero importante si hemos de debatir afrontando nuestra realidad cruda. Hay además que discutir sobre la economía, y las diversas formas de organizar el mercado. Si solo discutimos sobre política, ignorando lo económico como un asunto de técnicos que usualmente desconocen la viabilidad política, nos condenamos a no desarrollar la ciudadanía social y volveremos a poner en peligro la democracia.
La conclusión es que nuestra democracia está en déficit. Tenemos que pasar –de una democracia de electores– a una democracia de ciudadanos que desarrolle la ciudadanía política, la ciudadanía civil y la ciudadanía social. Es una lástima que las reformas constitucionales –hoy en consideración– no contengan los necesarios avances en democracia de ciudadanos.
Esto significa que Ud. y yo tenemos una gran responsabilidad de accionar hoy y mañana, sin aflojar, con pasión y persistencia...buscando avances que aun cuando pequeños siempre vayan incrementándose. Es y será una larga lucha pragmática en busca de un ideal.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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