De censura y credibilidad en el cine
Todos se preguntan cuál será el impacto de “Fahrenheit 9/11” en las elecciones presidenciales de este año
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
WASHINGTON, D.C. –A riesgo de que algunos lectores objeten que yo escriba de películas sin saber nada de cine, vuelvo hoy al tema de censura y credibilidad en los documentales. La razón es que acabo de ver Control Room (“Cabina de control”) y Fahrenheit 9/11, dos películas controvertidas que en conjunto constituyen un fuerte ataque político contra el presidente estadounidense, George W. Bush.
Debo comenzar por aclarar que no soy partidaria de Bush. Considero que él no llegó al poder por vía legítima y su filosofía política no concuerda en nada con la mía (que he descrito como de “izquierda liberal”). Tampoco soy defensora de la guerra en Irak, que he criticado en numerosas columnas.
Aun así, no puedo dejar de comentar ciertos paralelos entre estos dos filmes y Panama Deception, que ganó un Oscar como Mejor Documental en 1993, demostrando así que no hay nada como la censura para garantizar el éxito de una obra. Como escribí en “Clavado por la bayoneta de la censura” (4 de abril de 1993), lo que probablemente entregó el Oscar a Panama Deception fue la decisión del gobierno de Guillermo Endara de prohibir que el filme fuera exhibido en Panamá, porque la orden de censura –y toda la publicidad que ello provocó– coincidió exactamente con el periodo en que los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas hacían su votación. Sospecho que para la Academia, premiar el filme fue la manera lógica de repudiar la censura que el gobierno de Endara estúpidamente había intentado imponer.
Algo parecido ha ocurrido con Fahrenheit 9/11, que fue producido por Miramax, una subsidiaria de la Corporación Disney. Al percatarse de lo polémico del filme, Disney anunció que no la distribuiría; hubo indicios de que la empresa no deseaba ofender a la familia Bush, que controla tanto la Casa Blanca como el estado de Florida (donde se encuentra Disneyworld). El productor de la película, Michael Moore, tildó esto de “censura” y muchos acudieron a su defensa; el influyente diario The New York Times publicó un editorial al respecto. Pocas semanas después, cuando el filme todavía no tenía un distribuidor, el jurado del Festival de Cine de Cannes premió Fahrenheit 9/11 con el Palme D’Or, juzgando que era la mejor película de todo el festival (no meramente un buen documental). Después se han dado acusaciones de que todo el escándalo sobre la supuesta censura de la publicidad fue un truco para darle publicidad.
Fahrenheit 9/11 presenta tres argumentos: que la presidencia de Bush es ilegítima, que la familia Bush tiene lazos sospechosos con Arabia Saudita, y que la guerra en Irak es un espanto. En lo personal, yo aplaudo todo eso y, por ello, la película me gustó mucho; en cuanto a la integridad periodística, sin embargo, me inquieta que el estilo cinematográfico de Moore me recuerde el de Panama Deception. Jamás se menciona que Sadam Husein era dictador y se utilizan tácticas propagandísticas. (Ver columna del 19 de mayo de 1993, “Panama Deception: ¿documental o propaganda?”). Control Room, una defensa del canal árabe de televisión Al Jazeera, sufre de lo mismo. Por otro lado, a diferencia de Panama Deception, yo no detecté falsedades flagrantes en estos dos filmes; los críticos de Moore afirman que su talento consiste, precisamente, en tejer una visión falsa con fragmentos veraces de los hechos.
Todo esto ha provocado un nuevo debate sobre la diferencia entre documental y propaganda. Los republicanos, furiosos por el ataque contra Bush, sostienen que el filme no es un documental sino un anuncio político –un “infomercial”– y hasta quieren que la Agencia Federal de Elecciones intervenga. Los demócratas responden que esto es otro intento de “censurar” el filme; pero no es coincidencia que cuando yo fui a verlo, el teatro estaba rodeado de activistas demócratas que solicitaban donaciones para la campaña de John Kerry.
Durante la presentación de la película el público aplaudió todo lo que significaba un ataque contra Bush, y se rió a carcajadas de todas las escenas que pintan a Bush como un idiota (son muchas). No hay duda, pues, de que esta película es un arma política.
Así las cosas, todos se preguntan cuál será el impacto de Fahrenheit 9/11 en las elecciones presidenciales de este año. La respuesta podría estar en otro paralelo con Panama Deception. Ese filme, un ataque político contra George Bush padre, fue difundido en septiembre de 1992. Dos meses después, Bill Clinton ganó la presidencia.
La autora es corresponsal de La Prensa
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