La última carta
Jorge Eduardo Ritter
jritter@cwpanama.net
Cuando el presidente estadounidense entra por primera vez al Despacho Oval, advierte que sobre el inmenso escritorio de madera solo hay un papel: la nota que su predecesor le deja. En Panamá, por razones obvias, no existe la costumbre: algunos presidentes nunca aprendieron a escribir, y varios de los que sí sabían se llevaron hasta el escritorio. Por la indiscreción de un funcionario, me he enterado de que la Presidenta se propone imitar a los presidentes estadounidenses, para lo cual le ha pedido a un grupo de colaboradores que le preparen la carta. Me aseguran que el texto final ya ha sido aprobado, pero desafortunadamente solo me pudieron hacer llegar la primera página. Sin poder revelar la fuente, transcribo esa parte de la nota, con la advertencia de que, por consideración a los lectores, no he alterado el texto: me he limitado a corregir los horrores gramaticales y ortográficos que lo plagaban.
“Señor presidente Martín: Le dejo esta nota. Es lo único que le dejo, porque como se va a dar cuenta, tuve que usar hasta el último centavo. En las arcas no queda nada. A usted le corresponde llenarlas, para eso lo eligieron.
Inauguré el segundo puente sobre el Canal. Todavía no se puede usar porque no tiene accesos, pero yo necesitaba asegurar la placa con mi nombre. Por favor déjela allí.
Cometió usted un grave error con las reformas constitucionales. Se va acordar de mí cuando algún legislador o ministro lo comience a presionar para que lo nombre magistrado de la Corte y usted no pueda hacerlo.
No sé tampoco para qué propuso limitar el número de legisladores, si su partido es el que más tiene. La Asamblea con la que yo trabajé tenía 71 legisladores, la suya va a tener 78: ¡Debió haber dejado que su sucesor se fregara teniendo que lidiar con más de 90! Pero bueno, ya es tarde. Tampoco debió proponer la eliminación de un suplente de legislador. Si con dos suplentes muchas veces no hay quórum en la Asamblea, ¿se imagina cómo será si cada legislador solo tienen uno? Además, esa es una forma de resolverle a la gente. Sigo asimismo sin entender por qué usted, siendo dirigente del partido más numeroso, y con la mayor cantidad de legisladores, decidió proponer que hubiera libre postulación. Esa es una competencia desleal para ellos. Y acá entre nos: fue un error garrafal reformarles la inmunidad. Ellos la necesitan. ¿Sabe qué hubiera sido de Afú si no existiera la inmunidad? El pobre, con lo bien que baila, estaría preso.
Sobre la eliminación de un vicepresidente no sé ni qué decirle, porque la verdad es que los dos míos nunca me molestaron (ahora que lo pienso, uno nunca estuvo aquí porque se la pasó viajando. Menos mal que nadie se dio cuenta).
Mire: yo me quejé de que el periodo de transición era muy largo, porque estaba ansiosa de que el Toro saliera. Pero ahora no pienso igual. El periodo de transición es útil. Usted propuso que el nuevo presidente tomara posesión el 1 de julio. Imagínese, ese día cumplo años, y de haber salido de la Presidencia yo misma hubiera tenido que pagar la última fiesta que celebré (ellos creen que yo no sé, pero muchos de los que fueron están ansiosos de salir de mí y pegárseles a usted. Yo después le digo quiénes son). Además, si no fuera por estos meses de transición, el FIS no me hubiera podido construir la carretera hasta mi casa en Punta Mala, ni yo le hubiera podido dejar a los 13 ahorradores de mi pueblo una amplia y moderna sucursal de la Caja de Ahorros.
Estoy segura de que me va a agradecer que haya insistido en dejar el control previo como estaba. En el fondo, no sirve para nada, pero estando allí la gente cree que alguien está cuidando el erario. Yo sé que su propuesta era mejor: que fuera la ley, no el Contralor, la que decidiera cuándo se aplica el control previo. Pero no se preocupe: llévese bien con el Contralor y verá.
El doctor Arias siempre me decía que el poder había que ejercerlo. Por eso usted jamás debió proponer darle tanta autonomía al Tribunal Electoral. A esos señores es mejor llevarlos cortito. Usted que es de Chitré sabe lo que quiero decir. Yo los he tratado de controlar con el presupuesto, pero aun así hacen lo que les da la gana.
Pero ya está bueno de reformas constitucionales. Quiero darle también algunos consejos políticos. En primer lugar, no se meta a escoger al candidato de su partido. Yo escogí al mejorcito que teníamos y ahora me están echando la culpa de la derrota electoral. Pero le voy a decir la verdad: en el Partido Arnulfista hay un poco de …” (fin de la página).
El autor es ex canciller de la República
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