Un Presidente imitable
El secreto de gobernar no está en solucionar todos los problemas, sino en escoger cuáles solucionar, y en qué orden
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Entre los presidentes latinoamericanos que han devuelto la esperanza a sus países, el más cercano –y quizás el más exitoso– es el presidente Alvaro Uribe de Colombia, quien heredó un país en guerra, desacreditado por la criminalidad, y en una situación que parecía imposible y sin futuro.
De los medios de comunicación colombianos, y de conversaciones con amigos de allá, he recogido algunos rasgos que producen este éxito... que bien podrían ser objeto de imitación por parte del Presidente electo de Panamá, quien ya tiene una relación personal con Uribe.
Lo primero –dice un artículo de Semana– es la austeridad. El estilo de Uribe se alejó del derroche tropical (típico del gobernante latinoamericano) hacia el ascetismo más cercano al de un monje benedictino. Cambió los desayunos y cenas opíparas por teléfono, correo electrónico y teleconferencias.
Lo segundo es que no es un personaje intocable y se alejó de la vanidad irritante del poder. Eso –en un país que sufre– gustó.
Lo tercero es el trabajo o su ética del trabajo. Frente a la burbuja del dinero fácil y la fiesta perenne, el Presidente está dedicado a trabajar, trabajar y trabajar con perseverancia, y con gusto por su trabajo; convenció por esta vía, que está permanentemente haciendo todo lo humanamente posible. Celebra consejos comunitarios donde se sienta con todos sus ministros a escuchar al pueblo hasta por 10 horas seguidas, tomándole el pulso al ciudadano de a pie, pero sin perder la visión macro.
El Presidente manda, pero manda convirtiéndose él en símbolo de trabajo y esperanza; así llama a ministros y alcaldes a darle seguimiento al estado de las obras. No se deja “cuentear” por funcionarios ineptos: o trabajan tan duro como él o ...¡caminando!
Es corriente que para un Presidente todo sea importante, al punto que nada termina siéndolo. El secreto de gobernar no está en solucionar todos los problemas, sino en escoger cuáles solucionar, y en qué orden. Si con el ejemplo tan solo logra erradicar la corrupción y las viejas costumbres políticas, y que el gobierno funcione respondiendo a tiempo y eliminándole al pueblo la necesidad de cerrar calles para hacer oír su voz, se puede lograr el éxito. Se puede cambiar el pesimismo por el optimismo esperanzador. De los eslóganes electorales hay que pasar a la realidad de las acciones para evitar –a toda costa– la decepción.
Uribe logró que Colombia pasara –en la figura de su Presidente– “del inútil al intenso”...y ese cambio se ha mantenido más allá de las primeras imágenes post toma de posesión.
Los calificativos que utiliza la gente cuando se refiere a Uribe son: honesto, ejecutivo, cercano a la gente, independiente, conciliador, estadista, piensa en los pobres, al punto que al terminar sus primeros 100 días de gobierno tenía 75% de aprobación en las encuestas... y continúa con altos niveles de aprobación ya pasada la mitad de su período, cuando en la mayoría de las presidencias la popularidad está en pleno descenso.
¡Definitivamente que Uribe es un Presidente imitable!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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