A los próximos funcionarios de la Patria Nueva
Nuestro deber es denunciar y combatir la bellaquería política. Debe ser tarea de todos los panameños ordenar la nación
Miguel Avila Rodríguez
Lo primero que debe hacer un gobierno bien intencionado es ordenar, para luego desarrollar. Sin orden no concebimos la idea de desarrollo, ya que entonces no sería efectivo. Una vez se haya ordenado el país, entonces se podrá empezar a desarrollar plenamente. Tengamos presente que en las actuales condiciones por las que atraviesa el país, es imperativo que cada ciudadano tenga bien claro cuáles son sus funciones y de qué manera debe cumplirlas; no debemos, so pretexto de nada, promover la improvisación. Un ejemplo que nos llama mucho la atención en nuestro diario bregar, es el hecho de que se pretenda justificar violar la ley, con la excusa de que se está generando fuentes de empleo. Por ejemplo es muy común que se altere la línea de construcción y que nadie diga nada, ya que nos acostumbramos a no respetar los patrones establecidos, aduciendo: "si él lo hizo, yo por qué no puedo", y se convierte esto en un círculo vicioso sin fin.
Esa mala práctica del juega vivo tiene que eliminarse para que tengamos un mayor beneficio todos por igual. El gran secreto está en la educación; empecemos por enseñar a esta nueva generación que no es correcto esta manera vil y mezquina de pensar.
No deja de inquietarnos el desorden predominante. Nadie quiere cumplir bien sus funciones, todos estamos acostumbrados a tener a alguien que nos vigile o supervise, como si no supiéramos cuáles son las normas de conducta correcta. Una vez que este vigilante se aleja, empezamos a realizar nuestras tareas como nos place. Esta práctica perjudicial no puede continuar.
Ubiquemos lo incorrecto, lo indeseable, y solo así nos convertiremos en un país en donde florezca el turismo, la inversión, etc.
Una vez logremos que impere el orden, entonces sí podremos atacar males como la pobreza, el analfabetismo, las epidemias, el crimen organizado, la corrupción, entre otros. Si sabemos el remedio, ¿entonces qué estamos esperando? A veces me da la impresión de que estos malos actos no son coincidencia ni descuido generalizado, sino que hay una mano negra detrás conspirando contra Panamá para ver al país hundido en el fango; que la ignorancia, la ruina y la miseria se apoderen de mi tierra. Se hace sentir lo que dijera Darcy Ribeiro: "El sistema político de la América Latina de nuestros días está inmerso e la conspiración. Conspiran los gobiernos para mantenerse en el poder. Conspiran los civiles y los militares... Esta irrupción sediciosa no es una enfermedad en sí, sino el síntoma de un mal más grave: la absolescencia de la estructura de poder".
¿Está el país actualmente en manos de verdaderos administradores? El amiguismo político y el parentesco han prevalecido sobre la capacidad, la técnica y el concurso. A los panameños capaces, con la voluntad de sacar el país hacia delante, los han tenido relegados. Y esto es así, ya que prefieren al que figura y no sirve, apadrinando de este modo la corrupción.
Es nuestro deber denunciar y combatir la bellaquería política. Debe ser tarea de todos los panameños ordenar la nación; esto no solo les compete a los políticos, ni a los que ocupan puestos de mayor o menor jerarquía. Aquel que piensa que esto no le compete porque él cumple otras funciones en las cuales se desempeña con gran éxito, y que no tiene tiempo para inmiscuirse en el acontecer nacional, le decimos, parafraseando a ese gran líder latinoamericano Eloy Alfaro: "Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sean privadamente laboriosos, son los auxiliares inconscientes de las desgracias y corrupciones de los pueblos".
A los nuevos administradores públicos del gobierno que se instala el 1 de septiembre les decimos: ordenen. Al servidor público que está haciendo bien su trabajo, permítanle continuar. Al que no sirve, reemplácenlo, pero no por un copartidario que necesita trabajo, sino por alguien capaz que sepa ocupar el puesto con voluntad de trabajo y sobre todo con honestidad, ya que ordenar nos es despedir a un funcionario y nombrar otro igual o peor. Solo así veremos la fundación de una patria nueva más justa que hoy...
El autor es abogado
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