Panamá, 3 de julio de 2004
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Modelo económico europeo vive

Estados Unidos debe reconocer el desarrollo de la economía europea en muchos sectores

Bradford DeLong
Especial para La Prensa
negocios@prensa.com

BLOOMBERG/Paul O'Driscoll
La economía europea mantiene un buen ritmo de crecimiento.
A principios de los años noventa, funcionarios estadounidenses como yo, que estábamos haciendo previsiones de largo plazo para la administración Clinton, advertíamos que sería imprudente pronosticar una tasa de crecimiento promedio de más del 2.5% anual -y que el crecimiento real podría resultar aún menor-. En retrospectiva, fue una década durante la cual la economía de Estados Unidos creció a una tasa promedio anual de 3.4%.

En efecto, Estados Unidos es actualmente 9% más rico de lo que nos habríamos atrevido a pronosticar hace una década, y ello a pesar de la desaceleración en el mercado laboral y, en consecuencia de los mayores déficits de producción real frente a producción potencial en dos décadas.

En Estados Unidos, la "nueva economía" ha demostrado ser una realidad y todo indica que el crecimiento en la próxima década será todavía más rápido.

La aceleración del crecimiento económico de EU a finales de los noventa nos planteó una incógnita a quienes mirábamos hacia Europa occidental a través del Atlántico: ¿Dónde estaba la "nueva economía" europea? La podíamos detectar en Escandinavia y en unos cuantos enclaves dispersos, pero la fuerte huella de las tecnologías mejoradas de computación y comunicaciones sobre las tasas de crecimiento de la producción y la productividad en toda la economía parecían estar ausentes. Europa aparentemente se estaba rezagando cada vez más con respecto a los EU.

Sin embargo, hoy en día, si nos fijamos en las comparaciones transatlánticas, a Europa occidental parece estarle yendo mucho mejor de lo que podría esperarse, a juzgar con base en la prensa financiera de la última década. Por ejemplo, la productividad por hora trabajada en Europa occidental está apenas un 10% por debajo de la de Estados Unidos.

El economista de la Universidad Northwestern, Robert Gordon, señala varios aspectos interesantes del PIB estadounidense que deberían hacer que los promotores del modelo estadounidense y los críticos de Europa fueran más moderados. Por ejemplo, los estadounidenses tienen que comprar automóviles porque el transporte público es muy malo. El valor de los automóviles se cuenta en el PIB de Estados Unidos, pero los sistemas de transporte público de Europa se contabilizan no por su valor para los pasajeros, sino como costo para los gobiernos.

De igual forma, los estadounidenses mantienen a dos millones de sus conciudadanos en la cárcel: el costo de construcción de los penales y los sueldos de los celadores también se incluyen en el PIB. El profesor Gordon subraya asimismo que a causa de su clima más extremoso -inviernos más fríos (menos en Florida y California) y veranos más cálidos (menos en Washington, Oregon y California)- Estados Unidos tiene que gastar más en calefacción y enfriamiento.

¿Cuál es el resultado neto de todos esos cálculos? Los europeos occidentales trabajan un 25% menos que los estadounidenses, y sin embargo tienen un nivel de bienestar social (incluyendo el clima) que es sólo 15% menor así como una distribución del ingreso más equitativa y menores niveles de pobreza. Desde esta perspectiva, los europeos occidentales tienen tantas bases como los estadounidenses para proclamarse como una "buena sociedad".

Además, la brecha en la productividad de toda la actividad económica entre EU y Europa occidental no parece estarse ampliando muy rápidamente, si es que lo está haciendo. El crecimiento de la productividad de Europa occidental es casi igual al de Estados Unidos, lo que indica que la nueva economía está llegando al viejo continente, aunque más discretamente y sin tanto aspaviento como en Estados Unidos.

Por supuesto, todos los juicios favorables sobre el estado de la economía de Europa occidental deben tomarse con reservas. Por ejemplo, el desempleo es 50% mayor que en EU. La participación en el mercado laboral es menor -y buena parte de esa participación menor no se debe a falta de opciones sino al desánimo de los trabajadores y a instituciones que dificultan el que todos los adultos de un hogar trabajen-.

Además, las cifras de productividad del trabajo en Europa están infladas por el hecho de que es difícil que los trabajadores potenciales que serían menos productivos, tengan trabajo. Sobre todo esto se cierne la inminente crisis demográfica del Estado de seguridad social de Europa occidental a medida que su población envejece. Pero, ¿qué país o región no tiene serias preocupaciones económicas y profundos problemas estructurales?.

A finales de los noventa, EU tuvo momentos asombrosamente largos de buena suerte económica, apoyados por muy buenas instituciones y políticas económicas bastante acertadas. Hacia el 2000, los burócratas europeos de alto rango comenzaron a temer las reuniones internacionales ya que eran ocasiones propicias para que los estadounidenses los sermonearan en cuanto a que Europa debía ser más como Estados Unidos. Así, es importante señalar el poco terreno que Estados Unidos le ha ganado a Europa a lo largo de la última década, tomando como medida el bienestar social. El aprendizaje debe ir en ambos sentidos.

J. Bradford DeLong es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley y fue secretario del Tesoro, Adjunto durante la administración Clinton. Copyright: Project Syndicate, junio de 2004.

UE debe potenciar competitividad, pero sin dejar atrás cohesión

Estados Unidos debe reconocer el desarrollo de la economía europea en muchos sectores

Las fábricas deben mejorar sus competitividad, sin dejar a un lado el factor humano.
MAASTRICHT, Holanda (EFE). -La Unión Europea tiene que potenciar la competitividad y la excelencia de su economía y sus empresas, pero sin dejar de lado la cohesión social, pues ambos aspectos con compatibles, según sus ministros de Competitividad.

Los responsables europeos de Competitividad (Mercado Interior, Industria e Investigación) celebraron ayer, viernes, un Consejo informal organizado por la presidencia holandesa de turno de la UE.

El principal tema de discusión fue la preocupación por el lento crecimiento de la economía de los Veinticinco, sobre todo, en comparación con Estados Unidos, y la forma de potenciar su competitividad y excelencia.

En la primera sesión de debates los responsables europeos defendieron que Europa necesita ser más competitiva, pero eso no significa que haya que abandonar el modelo social europeo y adoptar uno de tipo estadounidense, pues "ese no es el camino", indicaron fuentes de la presidencia holandesa.

Europa debe conseguir que su economía tenga mayor dinamismo y crecimiento, de forma que se eliminen las diferencias con Estados Unidos, pero "también, en cierto nivel, la cohesión social puede ser útil para el crecimiento económico", agregaron.

La polémica en torno a este asunto la suscitó un documento de trabajo presentado por la presidencia holandesa que señala que Europa necesita mayor excelencia y un aumento de su productividad, pero que lograrlo puede tener "implicaciones en la cohesión social a corto plazo".

El secretario de estado español para la Unión Europea, Alberto Navarro, señaló a la prensa que esta referencia había sorprendido a buena parte de países, entre ellos España.

Navarro defendió en la reunión que la competitividad y la cohesión económica y social "no son incompatibles, sino todo lo contrario".

En este sentido, enumeró una serie de sectores como el medioambiental, los servicios sociales y la diversidad cultural que "pueden permitir también ser fuente de crecimiento".

El ministro holandés de Economía, Laurens Jan Brinkorst, advirtió en su discurso de apertura que el logro de la estrategia de Lisboa "parece ahora más lejano que cuando se formuló", en un momento de euforia económica.

La llamada "estrategia de Lisboa" persigue hacer de la UE en 2010 la economía más dinámica, viable y competitiva del mundo, basada en el conocimiento, caracterizada por el pleno empleo, y sin renunciar a una creciente cohesión económica y social.

Sin embargo, la UE no consigue acortar las diferencias que le separan de Estados Unidos en términos de crecimiento anual de sus economías.

"Europa no se puede permitir por más tiempo la mediocridad, pues la competencia global sigue creciendo no sólo por parte de Estados Unidos, sino también de países emergentes como China o India, lo que reclama que la competitividad de la UE sea de la mayor calidad", agregó.

Para hacer frente a estos desafíos, el ministro defendió que hay que poner el acento en la excelencia europea, tanto en la creación, como en la innovación y el conocimiento, para ponerlos al servicio de las empresas.

Una de las causas del problema de productividad de las empresas europeas es la falta de excelencia, que no depende sólo de la creación de ideas innovadoras, sino también de la capacidad de comercialización y difusión, se indicó en la discusión.

Para alcanzar un mayor nivel de excelencia y de productividad se necesitan empresas dinámicas y una competencia fuerte, según el documento de trabajo.

Los ministros también abordaron la actual regulación europea que, según las quejas de las empresas, es excesiva y complicada, lo que constituye una de las causas de la pérdida de atractivo de la UE.

Las fuentes indicaron que no se trata de ir hacia una desregulación, sino que las normas sean mejores y estén mejor dirigidas, además de estudiar su efecto antes de aprobarlas.

El documento de discusión considera que habría que evitar y eliminar las cargas administrativas y el exceso de legislación, para lo que sería necesario coordinar actividades a nivel europeo y nacional teniendo en cuenta las características de los diferentes sectores industriales.


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