Calidad en docencia superior
La calidad de la educación puede ser solo una buena aspiración si el personal docente no se adhiere a un proyecto educativo
ANTONIO B. CASTILLERO
Especial para La Prensa
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LA PRENSA/Archivo
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En todo proceso educativo los docentes acumulan
conocimiento y experiencia suficiente para perfeccionar la práctica pedagógica. |
La calidad de la educación tiene diversos contenidos, según de dónde venga la definición y cada caso. Así, ya sea desde el sector institucional, empresarial o de otros sectores sociales, incluidos los círculos profesionales, la calidad de la educación universitaria tendrá como referente el desempeño de los egresados en sus diferentes facetas: personal, profesional o ciudadana y su adecuación a los parámetros con los que se valore.
Lo que haga cada egresado en cualquiera de los ámbitos evidentemente expresará lo que ocurrió durante el proceso de formación, pero las características de éste no solo dependen de la estructura organizativa de la institución universitaria donde tiene lugar, sino, en buena medida, del tipo de relación que se establezca entre los dos ejes principales de los procesos de enseñanza y aprendizaje: docentes y estudiantes. Esto último expresa la complejidad de la labor docente.
Como en todo proceso educativo, los docentes somos el polo más permanente de relación, lo que supone disposición y capacidad para acumular el conocimiento y experiencia suficientes para perfeccionar la práctica pedagógica. Sin embargo, también es obvio que esto no podrá lograrse sin una revisión de qué es lo que realmente se expresa en el concepto de profesión docente y el compromiso ético y moral que conlleva; esto es una tarea pendiente en el ambiente de la educación superior.
Aparte de la competencia profesional expresa en los conocimientos específicos del área de especialidad de quien ejerce la docencia, el complemento que debe acompañar a esa competencia; el que le da sentido cuando se trata de la formación en una institución educativa. Me refiero a la competencia pedagógica que va mucho más allá de la ilusión de la tecnología educativa por controlar los ambientes de aprendizaje desde lo externo, para situarse en el verdadero corazón del proceso educativo: la persona, el sujeto que aprende en interacción con otros. Este aspecto merece mayor atención en las actividades de formación y capacitación docente.
Es aquí donde hay que centrar la atención. La calidad de la educación puede ser solo una buena aspiración si el personal docente no se adhiere a un proyecto educativo. Pero esto significa un compromiso personal, una verdadera entrega a la docencia que exige, a la vez, la correspondiente definición institucional de qué es lo que verdaderamente se quiere lograr. Esto apunta a la necesidad de conocer con mayor profundidad lo que ocurre en realidad en las aulas universitarias y en la propia institución, y hacerlo parte de la formación y la capacitación docente.
Como señala Tardif, hoy se da una mayor insistencia en la profesión docente, en la formación del profesorado y en la organización del trabajo cotidiano. Pero no basta con organizar programas y cursos si estos dejan por fuera la discusión acerca de lo que es la docencia y la pedagogía universitaria. Por eso, a menos que se tome en serio la profesión, dudo mucho que en el corto plazo se logre mejorar significativamente la calidad de la educación.
Se requiere la reflexión sobre la propia práctica, como parte de una renovada cultura del profesorado, pero acompañada de las transformaciones necesarias en las estructuras organizativas; el compromiso tiene dos direcciones. Para ello, es necesario que los docentes reconozcan que nunca más nuestra profesión podrá ser como hasta ahora. Y que la sociedad del conocimiento nos exige resquebrajar el sólido muro de las resistencias que en muchas ocasiones, desde una posición cómoda, de cierta estabilidad, han sido un obstáculo poderoso para alcanzar mejores niveles de calidad de la educación.
Sin embargo, también es necesario que la sociedad comprenda que el mejoramiento de la docencia con su correspondiente impacto positivo en la calidad de la educación universitaria, está lejos de lograrse si no tiene claro que ésta es una tarea que también necesita el reconocimiento que amerita un trabajo que no siempre se realiza en las mejores condiciones.
(El autor es magíster y catedrático de la Universidad de Panamá).
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