Panamá, 1 de julio de 2004
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Lo mejor es enemigo de lo bueno

Paso a paso hemos logrado consolidar y perfeccionar la nación y el Estado panameño. Hacer lo mismo con la Constitución Nacional es parte de una agenda generacional

Miguel Montiel Guevara

Hace mucho tiempo, cuando fui director de la División de Formación en Centro del Centro de Formación Profesional del IFARHU, hoy INAFORP, conocí a José Antonio Beltrán de Heredia, un inolvidable español, experto de la OIT en formación profesional. Entre las muchas cosas que con él aprendí, está el significado de la sentencia que siempre me repetía: "Lo mejor es enemigo de lo bueno". Se trataba -y se trata- de una advertencia dirigida contra la tendencia al perfeccionismo, que no pocas veces conduce a malograr lo que hasta el momento se ha logrado hacer bien.

Esta advertencia de don Beltrán de Heredia adquiere hoy mayor pertinencia en relación con las reformas constitucionales propuestas por el presidente electo, Lic. Martín Torrijos Espino, quien sorprendió a todos impulsando desde ya -como alguien dijo una vez- los cambios en el país prometidos en su Patria Nueva.

He leído y escuchado opiniones a favor y en contra de las reformas propuestas, y he llegado a la conclusión kantiana de estar frente a verdaderas antinomias de la razón pura: "Podemos predicar afirmaciones contradictorias y, sin embargo, de ser contradictorias, las dos afirmaciones son igualmente demostrables, con igual fuerza probatoria". Tal es el caso, por ejemplo, del control previo que ejerce la Contraloría sobre todas las instituciones del Estado.

De ahí que, precisamente por eso, deben ser aprobadas las reformas constitucionales propuestas por el Presidente electo, porque son buenas sin ser perfectas, porque el afán perfeccionista conducirá a un solipsismo antinómico del que no saldremos, con el único resultado de que nada cambiará, que todo seguirá igual, y la gente seguirá haciendo lo que ha venido haciendo hasta ahora: lamentarse de que haya impunidad bajo el manto de la inmunidad legislativa, y por tanto corrupción; de exoneraciones y privilegios escandalosos a empresas privadas y funcionarios, sin que nadie rinda cuentas de sus actuaciones, ni del enriquecimiento ilícito, del exceso de suplentes en los cargos de elección, de cortes supremas de justicia manipuladas por los gobiernos de turno, etcétera, etcétera, etcétera.

Quizá los panameños debamos aprender una lección histórica de todo esto. Que no ha sido fácil llegar hasta donde hemos llegado como nación y Estado republicano libre y democrático. No ha sido la obra de un solo hombre o una sola generación, por muy grandes que hayan sido; sino el resultado de una lucha generacional de todos los panameños, que yo reconozco sin sentirme militarista por citar la frase del general Torrijos. Porque esa es nuestra gran verdad. Nos hemos hecho poco a poco. Paso a paso hemos logrado consolidar y perfeccionar la nación y el Estado panameño. Hacer lo mismo con la Constitución Nacional es parte de una agenda generacional.

Pareciera entonces que, coincidentalmente, el Lic. Martín Torrijos E. vivirá la experiencia que vivió su padre, el Gral. Omar Torrijos H., con la firma de sus tratados: que pudieron ser mejores, según algunos, pero que eran buenos, según otros como yo; y por eso los apoyamos. Ojalá tengamos la suerte de que sus propuestas se aprueben ahora, y que el tiempo demuestre, como lo ha hecho exhaustivamente con los Tratados Torrijos-Carter, que "lo mejor es enemigo de lo bueno".

El autor es catedrático titular de filosofía

Además en opinión

. Un aguacero en el infierno: Rubén M. Castillo Gill
. El mandato: no a la cacería de ballenas: Alvaro González Clare
. Repensando la ciudad: Magela Cabrera Arias
. Lo mejor es enemigo de lo bueno: Miguel Montiel Guevara





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