El mandato: no a la cacería de ballenas
No puedo entender cómo apoyamos los intereses de Japón y Noruega en este tema que solo conviene a su cultura y tradición
Alvaro González Clare
En julio del 2002, en la reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) celebrada en Berlín, la Cancillería de la república de Panamá votó a favor de las propuestas de Japón y Noruega para revocar la moratoria que se ha mantenido desde 1986 sobre la caza comercial de ballenas, e igualmente votó en contra de la creación de nuevos santuarios marinos para estos cetáceos, a pesar de la gran oposición que manifestó la ciudadanía en general, y los argumentos técnicos y humanitarios que expusieron y sustentaron las asociaciones ambientalistas nacionales e internacionales. Es sencillamente incomprensible e inaceptable que el gobierno de la presidenta, Mireya Moscoso, apoye al Japón, solo por el hecho de que "ese país es importante usuario del Canal e importante cliente de nuestra marina mercante", como declaró el ex canciller José Miguel Alemán en 2002. Panamá ha sido calificada y descrita en los cables internacionales por esta posición, como un país "comprado" por Japón, que había ideado la táctica de fletar a la CBI con países dispuestos a prostituirse.
Nuestra nación adopta una posición incongruente y paradójica con su privilegiada situación natural marina, bordeada por 2 mil 800 kilómetros de costa y bañada por exuberantes mares con increíble fauna y flora marina. Es tan particular la situación, que los científicos dicen que Panamá no está rodeada por dos, sino por tres océanos. No puedo comprender cómo apoyamos y defendemos los intereses de Japón y Noruega en este tema que solo conviene a su cultura y tradición como consumidores de carne de ballena, tan alejado de nuestras costumbres y sentir nacional. Esta postura es absurda, inaceptable y contradictoria, sobre todo ahora cuando a lo interno hacemos grandes esfuerzos consensuados por crear el Parque Nacional de Coiba que es, en efecto, un sitio marino de gran importancia comparable con las islas Galápagos, y que también será un santuario para las ballenas que migran en estos mares.
Este mes de julio en Sorrento, Italia, volverá a reunirse la CBI, y Japón intentará nuevamente revocar la moratoria para cazar ballenas con fines comerciales. La votación en el 2002 no logró el 75% requerido para la revocatoria, pero están cerca de conseguir una simple mayoría que podría "ablandar" las restricciones en la cacería "científica" de ballenas internacionalmente.
Fundación Natura celebró el 22 de abril de este año, en el día internacional del agua, el Foro Ambiental con la Sociedad Civil, para conocer públicamente los planes de gobierno y posiciones ambientales de los candidatos a la Presidencia. La alianza Patria Nueva, que fue representada por el candidato a la vicepresidencia Samuel Lewis Navarro, dejó establecido en el foro el compromiso, si eran elegidos. Al ser cuestionado sobre la cacería de ballenas, contestó lo siguiente: "Nuestro gobierno respaldará las iniciativas de la Comisión Ballenera Internacional para declarar una moratoria a la caza de ballenas, y votará en contra de la captura selectiva que ponga en peligro la regeneración de las especies. Enviaremos un mensaje claro a la próxima reunión de la CBI que sesionará en julio en Sorrento, destacando nuestro compromiso de votar en contra de cualquier intento que signifique la caza de ballenas". (www.naturapanama.org)
El voto mayoritario que eligió a los candidatos de la alianza Patria Nueva, es un claro mandato del pueblo panameño. El plan de gobierno en materia ambiental y las promesas de campaña que el vicepresidente electo Lewis Navarro hizo en nombre del presidente electo Martín Torrijos en el foro de Fundación Natura, son una orden popular y debe ser respetada. Es inaceptable que en la próxima votación en el mes de julio, la cancillería del gobierno desgastado y agonizante de Mireya Moscoso vuelva a votar a favor del insaciable afán japonés por cazar ballenas y negarse a crear santuarios para estos maravillosos seres.
Solo una oposición cerrada y enérgica del pueblo panameño, liderada por las asociaciones ambientalistas organizadas, tal como se hizo exitosamente en la defensa del Parque Volcán Barú, podrá conseguir que se respete el mandato claro que le dio el pueblo panameño a las promesas de campaña que el presidente electo Martín Torrijos se comprometió a cumplir; y disuadir a la presidenta Moscoso en este último intento por malograr más la maltrecha imagen nacional e internacional que en materia ambiental le ha creado a la república de Panamá con sus absurdas posiciones ecológicas.
El autor es arquitecto
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