Panamá, 27 de junio de 2004
 
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Pintor de recuerdos

Aristides Ureña tiene mucho que contar. Todo lo hace a través de las historias, las vivencias y los recuerdos que transmite su obra

Esther M. Arjona
earjona@prensa.com

Aristides Ureña. Como fondo, una de las obras de su serie Alegoricus
Aristides Ureña tiene en la cabeza unas imágenes llenas de luz; esa luz que aclara el paisaje que en su niñez y juventud disfrutara en Santiago de Veraguas, en la Normal. Y todo esto está en sus cuadros.

Ureña es panameño y no lo puede negar. Lo delata no solo su informalidad, sino también su rostro y sus cutarras. Pero Ureña es, también, un hombre con una visión muy amplia del mundo. Los cupidos, las esculturas cercenadas y otras figuras clásicas nos hablan de su vida en Florencia. Y también todas ellas están en su obra.

Sis series, forma como ha decidido presentar su trabajo son ricas en elementos y manejan un gran colorido, pero muy diferente al utilizado por otros compañeros de profesión. Los colores se disuelven con la luz, así como lo hacen los paisajes de Santiago de Veraguas.

¿Qué motivaciones lo llevan a pintar? ¿Qué detalles en su vida han marcado cada una de sus series? Ureña, sin disimular su entusiasmo, contesta.

-¿Qué compone una serie?

-Con una serie básicamente busco una forma pictórica con la cual transmitir lo que pensaba en ese momento. Una serie es un lapso de tiempo en el cual me dedico a desarrollar un concepto.

Estos conceptos están muy bien definidos. El ballet del cabrón, su primer ciclo, está basado en el espectador que observa ante sí un nuevo mundo, como un espectáculo.

Barrococonuances es, según Ureña, "matices barrocos de un mundo tropical".

La mezcla es una constante. Ureña piensa que el pintor contemporáneo no tiene que estar encasillado en un estilo. "Esto me convenció sobre todo siendo Panamá un país con culturas muy mezcladas". Por esto su trabajo es una manipulación de estilos e imágenes.

Radios Míticos pretelevisivos lleva al espectador a los años 50, cuando el oyente de programas como Los hermanos Villalobos debía imaginar todo lo que ocurría a falta del video, elemento que llega con la televisión.

Solo tú y yo, 1999

Otra preocupación en las series de Ureña es la constante migración y la realidad latinoamericana. Lo podemos apreciar en trabajos de Casa-casa y Vu cumrap.

Para la celebración del Centenario, el tema era, obviamente, Panamá y su historia. I took Panama trata el tema de la nacionalidad como algo que nadie puede tomar y llevarlo.

Pero este año Ureña presenta su Alegoricus, una exposición que inició el jueves 24 de junio en la galería Arteconsult.

-¿Qué marca el final de una serie?

-Las nuevas sensaciones, las que tengo en mi casa, así como cualquier palabra o detalle que me lleve a la reflexión.

-¿Qué hay de la creatividad?

-Se dice que la creatividad está muerta, que hay una "repetitividad" de retomar los recuerdos y representar. No existe la característica de hacer un tributo único para que sea considerado una obra de arte. Son muchos los componentes. Antes los pintores querían tener o crear un estilo para hacer algo que ninguno había hecho, para ser reconocido como grande. Hoy no es una prioridad.

-¿Quién te enseñó a pintar?

-No estudié en Panamá, en la capital. Estudié en Santiago. Quien me enseñó fue mi abuelo que pintaba carteles publicitarios y restauraba la iglesia del pueblo, como le habían enseñado los padres salesianos. Esa misma técnica me la enseñaron en Florencia.

-Vives en Italia pero, ¿pintas Panamá?

-Pinto Panamá y también pinto Italia. Vivo en Italia, utilizo la memoria italiana.

-¿Es la pluma tu instrumento favorito?

-La pintura panameña de los 60 en adelante tiene mucho empaste, embarre, por la influencia que tenía el mexicano Tamayo en los capitalinos. Pero yo vengo del interior de la República y no hay empaste en mi obra. En la Escuela Normal, los colores de las piedras son muy transparentes. Todavía tengo la oportunidad de ir a Florencia donde el dibujo tiene más importancia y la vista todavía es más clara, los claroscuros son más tenues, por eso es que a mí me consideran un dibujante y eso no es verdad. Hago un trabajo que es alternativo. Hay que averiguar por qué pintamos así, quiénes eran nuestros profesores y qué cosas nos inspiraban.

-¿Cómo percibe el público tu obra?

-Mi obra siempre lleva en el inicio algo de trabajo. Es como cuando te presentan algo en alemán y tú no lo hablas, tienes que aprender. Es difícil, te quedas así hasta que logras entrar y yo sé que mi obra es de lectura. Es una obra abierta a muchas cosas.

-¿Esperas algo del público?

-Generalmente cuando la gente asiste a mi exposición espero que comprenda la obra, pues habla de ella y de su país. Es para mi gente, nos representa a nosotros mismos.

-Las visitas a Panamá, ¿son para descansar o para recargar?

-Panamá siempre me recarga, vengo por lapsos pequeños, por trabajo; a encontrarme con mi pasado y mi familia.

Panamá es un alambique de culturas, uno lo percibe más cuando vive en un país donde la gente es reservada. Es un pecado que los panameños no sepamos aprovecharlo.

La galerista opina

Amore II, 1997
En la obra de Aristides siempre ha habido una combinación, un melange de íconos muy nuestros como las palmeras, la iconografía religiosa, inclusive el marco que hace alrededor del centro de su composición es muy evocativo de la mola; la idea de un apliqué de una imagen sobre un fondo plano. Luego el interior de la composición, aunque tenga elementos latinoamericanos, tiene un tratamiento plástico occidental más inspirado en el dibujo tradicional, en las alegorías, en las mitologías tradicionales de la pintura grecorromana que obviamente continúa en Italia a través del Renacimiento.

Es el único artista que hace cupidos precolombinos y cupidos renacentistas dentro de una misma imagen y logra que haya en ellos una armonía.

Me parece que hace un puente muy logrado de dos culturas radicalmente opuestas a través de su pintura y por eso es una obra verdaderamente original y diferente a casi todo lo que uno ha visto.

Es un resumen de su vida como panameño, de su memoria de panameño y de su vivencia como residente en la cuna del Renacimiento.

Carmen Alemán

 


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