Panamá, 21 de junio de 2004
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Política energética, prioridad nacional

El reto del nuevo gobierno está en saber conjugar las presiones a corto plazo de
algunos sectores que exigen soluciones inmediatas, y avanzar hacia una política estable de mediano y largo plazo


Fernando Aramburú Porras

Cuando el Gobierno panameño reestructuró el sector eléctrico, hace más de cinco años, y vendió el 50% de su participación, se proponía alcanzar importantes objetivos a mediano y largo plazo. ¿Se lograron esos objetivos? ¿Qué lecciones debemos extraer de esta experiencia a fin de perfeccionar el sistema y avanzar hacia nuevas metas?

De las metas impuestas por nuestro gobierno al reestructurar el sector eléctrico la más importante fue la de “garantizar el suministro de energía eléctrica a la creciente población y suplir la demanda de esta al menor costo posible”. Para ello se hacía necesario crear un nuevo modelo, en el que el Estado transfiriese la operación y responsabilidad de este sector al sector privado, con excepción de la transmisión de energía. Así, se establecía una nueva estructura en la que la generación, transmisión y distribución funcionaran interrelacionada pero independientemente.

La generación se realizaría simultáneamente a través de las varias empresas que surgieron del IRHE con las nuevas generadoras privadas. Estas entrarían en un mercado de energía donde se contrataría a los generadores con el menor costo de energía.
En ese ambiente de competencia, la función del Ente Regulador sería velar para evitar el control predominante por parte de algún generador(es), y mantener un ambiente de libre competencia entre los generadores, necesario para obtener los menores precios posibles.

En cuanto a la transmisión y distribución de energía, por tratarse de monopolios naturales el Ente Regulador debe ejercer, de acuerdo con la ley, el rol de control y supervisión de los aumentos de tarifas y de los márgenes basados en reglas previamente establecidas.
Indudablemente, la meta de garantizar el suministro se ha logrado con amplitud.

Hoy se cuenta con una capacidad instalada de algo más de mil 400 megavatios, que supera la demanda máxima de energía del país, la cual alcanzó 900 megavatios en meses pasados. El consumo ha superado los 5 mil GWH, un 25% superior al del año 1998. Esta cifra representa un aumento neto de más de 350 megavatios ó 35% de capacidad nueva sobre la existente en 1998 cuando se privatizó el sector, la que ha sido desarrollada en los últimos cinco años a un costo de más de 500 millones de dólares por las empresas generadoras locales y extranjeras.

Estas cifras demuestran que el nuevo sistema ofrece las condiciones necesarias para que se realicen inversiones. Entre ellas se destacan el proyecto hidroeléctrico Estí (120 megavatios), la planta térmica de Pacora (50 megavatios), la planta de Pan-Am en La Chorrera (100 megavatios), y las mejoras a la hidroeléctrica de Bayano (98 megavatios).
A pesar de estos avances, vemos con preocupación que luego de estas inversiones iniciales, en la actualidad no hay proyectos importantes de generación en proceso de gestación, debido a la falta de una actitud pro-activa de las autoridades responsables, y a la ausencia de políticas adecuadas para el sector en los últimos años.

De igual modo, la alteración de algunas de las reglas originales desarrolladas durante el proceso de reestructuración tiene implicaciones serias y envía señales negativas a los potenciales inversionistas.
Recordemos que el nuevo modelo está basado en la inversión privada, ya que el

Estado tiene otras prioridades para sus escasos recursos, por lo que el hecho de revisar las reglas con una mentalidad a corto plazo puede resultar muy costoso a mediano plazo. Estaríamos creando condiciones negativas para la inversión y poniendo en peligro, a su vez, la viabilidad del sector a mediano y largo plazo.
Según la Comisión de Política Energética del MEF, se requieren más de mil millones de dólares de inversión en los próximos 10 años para poder atender la creciente demanda de energía eléctrica que habrá que suplir.

Con relación al objetivo primordial de obtener la energía al menor costo posible, a pesar de que originalmente se disminuyeron las tarifas un 10%, el costo de la electricidad no ha podido bajar debido a que el combustible ha aumentado un 150% desde 1998. Por razones de su hidrología, nuestro país depende un 40% de la generación térmica, la cual se ve afectada por los incrementos en el costo del petróleo y derivados, afectando los costos de generación, los precios del mercado eléctrico, y por ende las tarifas al consumidor.

Los aumentos que se han experimentado desde la privatización, los que ascienden alrededor del 20%, podrían haber sido mayores si no fuera por la existencia de esos nuevos proyectos.

Se requiere promover la inversión en plantas más eficientes que utilicen preferiblemente insumos para la generación, con precios estables a largo plazo, tales como los recursos hidráulicos (agua), gas natural y carbón, de tal forma que logremos disminuir los precios de la energía a través de una mayor eficiencia en su producción y competencia en el mercado eléctrico. Adicionalmente debemos promover y apoyar la interconexión eléctrica con los mercados de Centroamérica y Colombia, ya que esto no solo aumentaría la oferta de energía y la competencia entre generadores, sino que ofrecería a los productores y consumidores más opciones de suministro.

Para lograr que los inversionistas locales y extranjeros inviertan a largo plazo en Panamá, se requiere de una política energética atractiva y estable que promueva la inversión privada en proyectos de mayor eficiencia y que utilice nuestros recursos naturales dentro de un ambiente confiable y transparente.

Generalmente, las inversiones en este sector requieren de cantidades importantes de recursos financieros y de extensos estudios de factibilidad, ingeniería, medio ambiente, además de las gestiones para las concesiones, financiamiento y construcción, por lo que desarrollarlos toma de dos a cinco años, dependiendo de la tecnología y recursos a usar.

El reto del nuevo gobierno está en saber conjugar las presiones a corto plazo de algunos sectores que exigen soluciones inmediatas, y avanzar con luces largas hacia una política estable de mediano y largo plazo que logre de manera efectiva los objetivos deseados.

El autor es consultor independiente, ex director del IRHE y ex ministro de Economía y Finanzas

Además en opinión

. Consejos al nuevo ministro de Salud: Xavier Sáez-Llorens
. La violencia juvenil: Ana M. B. de Mantovani
. Valores y protestas: John A. Bennett N.
. La alberca de Pilatos
. Política energética, prioridad nacional: Fernando Aramburú Porras





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