Valores y protestas
John A. Bennett N.
jbennett@cwpanama.net
De pronto, un día nos despertamos del letargo y ante el espectáculo de una violenta "protesta" estudiantil nos preguntamos a dónde se han ido los valores de nuestra juventud. Para mí la respuesta es obvia: por los senderos retorcidos que hemos trillado los adultos.
¿Acaso todo esta realidad se fraguó al instante y en nebulosas? Hace años que veo en muchos de nuestros estudiantes en las calles una actitud petulante, irreverente y aun soberbia. Es que las nuevas generaciones aprenden bien y estiran las fronteras de nuestra insensatez pasada. Y no pensemos que en Panamá tenemos el monopolio de semejante realidad. Una maestra en Los Angeles cuenta que al regresar de un largo período de ausencia de las aulas, al usar su típico "buenos días, estudiantes", le contestaron con un: "calla la boca perra" y silbidos. Esos mismos jóvenes, más que nada de escuelas públicas, regresan a casa condicionados a faltarle el respeto a sus padres; si es que los tienen.
El problema tendrá muchas aristas, pero lo que me llama la atención es que tantos pensemos que la educación pública o gubernamental puede ser un buen instrumento para transmitir valores positivos. Lo más probable es que los estudiantes terminen asimilando los "valores" de los programas de gobierno, o peor, los de educadores frustrados.
Aceptado que en algún momento el sistema de educación pública haya dado algunos resultados funcionales, pero al igual que nuestra CSS, la tramoya ya estaba hecha. El problema es que el medio en el cual vivimos es el mensaje, y la realidad de ese medio es la desastrosa verdad de las escuelas, visto a la luz de los estudiantes que salen a protestar. Lo demás, el "neoliberalismo", los TLC, privatización, etc. solo son el merengue sobre el pastel.
Lo cierto es que nuestra educación pública no es más que un artificio de conformación, que coloca al despotismo sobre la mente; según nos dice John Stuart Mill. ¿No será que el problema de fondo es una educación gubernamental dirigida por la clase política, apoyándose en los particulares intereses de los gremios magisteriales? ¿No será que nuestro sistema de educación se ha convertido en un instrumento de mal adoctrinamiento político? ¿La escuela del bien "cuidao"?
Me contaba el dueño de una escuela privada que su costo anual por estudiante es de unos 500 dólares, en una escuela de primera categoría que sirve a sectores humildes, mientras que los costos de las escuelas públicas andan por los mil dólares o más anuales por estudiante. ¿No les dice esto algo? ¿No sería muchísimo mejor becar a los estudiantes con esos dineros? ¿A los que lo necesiten? ¿Más económico y más productivo? Y de ñapa bajaría la necesidad impositiva y por ende el costo de vida; tema del cual pocos políticos se ocupan hoy.
¿Qué tipo de valores estamos enseñando en las escuelas públicas, cuando les enviamos mensajes como estos a los estudiantes? Que está bien pagar más por mucho menos. En contraposición vemos que las escuelas privadas no cierran calles ni obligan a nadie a nada más que a estudiar. Démosle el dinero a los padres de familia y que ellos envíen a sus hijos a las escuelas de su predilección, y si no están conformes, sencillamente los cambian. ¿De dónde viene tanto amor por un sistema regentado por políticos? Estos son auténticos valores: el valor de tener la capacidad de autodeterminación y de censura a la mala educación.
Es raro que en una escuela privada veamos mucho irrespeto por la vida, la libertad y la propiedad ajena. Sir Henry Maine nos decía que él veía a la civilización occidental como el ascenso de ser humano desde el estatus al contrato; de ser considerado cuando niño hasta ser respetado como adulto, o de ver a los jóvenes como potenciales adultos, con capacidad de decisión de contrato y de rendir servicio y ser servidos. Estos son los valores que mueven la realidad de una economía de mercado: el pacto voluntario de ciudadanos libres y autodeterminantes. Es el valor de la confianza, de la equidad voluntaria, del derecho al producto de nuestros esfuerzos, de los incentivos personales, de la responsabilidad personal y del respeto a los demás. Valores que parecen esfumarse cuando la educación es financiada con dinero tomado coercitivamente de unos ciudadanos para un supuesto beneficio de ellos y otros.
El suelo más fértil para los auténticos valores es la educación privada; aquella regentada de manera más directa por el núcleo de la familia. La clave es el consentimiento. Las escuelas privadas, en contraposición a las públicas, están libres de la politiquería, y en ellas se nutre la dedicación personal, la enseñanza y el aprendizaje, la libertad y la independencia; en síntesis, una sociedad libre.
El autor es empresario, miembro de la Fundación
Libertad (www.fundacionlibertad.org.pa)
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