La violencia juvenil
A las generaciones de jóvenes debe dárseles el sentido de la responsabilidad como camino para entendersu lugar en la sociedad que los acoge
Ana M. B. de Mantovani
La sociedad debe condenar de manera enérgica todo hecho que atente contra su ordenamiento, debe exigir responsabilidades a quienes lo cometen y activar los procesos penales para castigar a los infractores. Esto lo demanda el fortalecimiento de nuestras instituciones y el robustecimiento de la sociedad civil sobre la que descansa el estado de derecho.
Los hechos de violencia juvenil acaecidos en la ciudad capital son una vergonzosa muestra exhibicionista de una voluntad anárquica en vísperas a un próximo cambio de gobierno. Bien pudieran interpretarse estos hechos, como un ejercicio de musculatura dirigido por cabecillas que quieren asegurarse su cuota de protagonismo. Eso no puede ser permitido.
Unos pocos no pueden, antojadizamente, arrogarse el futuro de las generaciones estudiantiles. Por esta razón, la mayoría de ellos debe actuar con el suficiente sentido común y criterio como para aislar las células cancerosas que por el camino de la anarquía y la violencia pretenden saciar mezquinos deseos de un protagonismo mal entendido. Esta mayoría es la llamada a analizar y señalar estos comportamientos irracionales y ofrecer a cambio respuestas sensatas dentro de la legalidad y del respeto al derecho ajeno.
Sabemos que son incontables las necesidades y privaciones de muchos jóvenes; pero en lugar de escoger el camino de la violencia, encuentren el de las soluciones. Recuerden que éstas nunca vienen de la mano de la violencia. No se nieguen el derecho al propio respeto, y a la fe.
A las generaciones de jóvenes estudiantes debe dárseles el sentido de la responsabilidad como camino para entender su lugar en la sociedad que los acoge.
Los lamentables hechos del 1 de junio protagonizados por estudiantes, son un grito de destrucción y de muerte. Reforcemos las vías de comunicación con nuestros jóvenes, pero demostrémosles que, por su propio bien, hacemos prevalecer el estado de derecho y el sentido de la justicia.
Si en la confusión de esos actos de violencia hubo voces ignominiosas que gritaron: "mátalo, mátalo", hubo también actitudes de jóvenes, quienes inocentemente transitaban por esas calles en esos momentos, que al ser agredidos optaron por la vía del pacifismo aun a costa de sus vidas en peligro a consecuencia de una violencia irracional y asesina.
Por ese joven -y por muchos como él- que aun siendo víctima de la violencia callejera pensó en otros antes que en sí mismo, con espíritu de respeto por la condición humana, es por quien vale la pena seguir luchando y creer en las futuras generaciones que tomarán en sus manos la antorcha del Panamá del siglo XXI.
Nosotros, quienes trabajamos con jóvenes, quienes día a día luchamos por ayudar a edificar para ellos un futuro de oportunidades, tanto académicas como laborales, confiamos en que una juventud estudiantil sensata sea capaz de acallar las pocas voces del inconformismo irracional que pretenden demoler las bases del espíritu juvenil, negándoles la posibilidad de soñar con un futuro mejor.
Por ti, estudiante, que madrugas todas las mañanas, transitas largas horas para llegar a tu escuela y luego, una vez en casa, edificas tu vida con el estudio y el esfuerzo diario, trabajamos con ilusión muchos adultos que creemos en ti y queremos labrarte un mejor país.
La autora es madre de jóvenes y consultora en empleo
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