Se les apareció la Virgen
Siempre hay campo para el perfeccionamiento, pero las oportunidades históricas deben aprovecharse
Jorge Eduardo Ritter
jritter@cwpanama.net
El apacible e interminable periodo de transición se acaba de estremecer con la reforma constitucional propuesta por el presidente electo. No porque el contenido de la misma sea extravagante -más bien recoge aspiraciones de grandes segmentos de la población-, sino porque involucra para su aprobación a los actuales gobernantes, tanto del Organo Legislativo como del Ejecutivo. Lo cual les parece a algunos un anatema. Yo, que he sido algo crítico de la presidenta Moscoso y de los actuales legisladores lo veo desde otra óptica: si ellos pueden contribuir a que las reformas se aprueben, le harían un gran bien al país y de paso se lo harían a ellos mismos.
Cuando se hablaba de una constituyente, y se les preguntaba a los ciudadanos qué querían reformar, la mayoría contestaba que no sabía, y los pocos que contestaban hablaban del número de legisladores, de la inmunidad, y de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Todo lo cual se aborda en la reforma propuesta. De manera que la oposición a ella no parece estar en el contenido sino en la forma. Primera objeción: la actual Asamblea carece de autoridad para impulsar un cambio a la Constitución. Ocurre que esa fue la que elegimos y la única que tenemos en estos momentos. Aún más: un buen número de los que están ahora van a seguir estando el 1 de setiembre. ¿Qué hace que el voto que hoy está descalificado se legitime dentro de 70 días? ¿Acaso el 1 de setiembre ostenta un poder purificador sobrenatural? El argumento es, por decir lo menos, frágil. Recuerdo que cuando los tratados Torrijos-Carter se firmaron, algunos cuestionaron su legitimidad porque el general Torrijos no había llegado al poder por medios democráticos. No obstante lo cual, los tratados se firmaron, se cumplieron, y los que lo objetaron por espurio hoy celebran sus beneficios.
La segunda objeción es todavía más endeble: la reforma es parcial, y no lo abarca todo. O, dicho de otro modo, no se quiere una reforma sino una Constitución nueva. Nadie ha dicho que la reforma es integral: contempla aquellos puntos que más molestan a la ciudadanía, y otros más, pero no todos los que todos quieren. Entre otras cosas porque sería imposible. Ninguna reforma por abarcadora que sea, va a ser de unánime complacencia. Tampoco lo va a ser una nueva Constitución. Retrotraigámonos otra vez a los tratados. Se decía entonces que éstos, al regular sus actividades, legalizaban las bases militares estadounidenses, lo cual era inaceptable. Algunos preferían el todo o nada. El dilema entonces era fijarle fecha de cumpleaños a la presencia militar de Estados Unidos y a la devolución del Canal, o quedarnos chachareando toda la vida sobre la ilegalidad de las bases. Digamos que las bases sí se legalizaron. Pero la historia les dio la razón a los que se atrevieron a firmar no el tratado ideal sino el único posible: las bases dejaron de existir, el Canal revirtió y el fisco recibe hoy más de 100 veces de lo que recibía antes de la firma del tratado (de menos de 3 millones ya vamos en más de 300, aparte de que el Canal es más eficiente).
Siempre hay campo para el perfeccionamiento, pero las oportunidades históricas deben aprovecharse. Se acaba de presentar una: en lo personal me importa muy poco que el gobierno pueda lavarse la cara con la reforma. Lo importante es que se haga. Y no hay otra forma de hacerla: la presidenta Moscoso carece del poder de convocatoria necesario para aglutinar a las fuerzas políticas y a la llamada sociedad civil en torno a una reforma constitucional. Pretender hacerlo, aunque suene bonito, constituye en el fondo una manera de boicotear la propuesta. Muchos nos sentiríamos más tranquilos sabiendo que la Asamblea Legislativa se va a reducir, que los legisladores no van a gozar de la inmunidad de la que hoy abusan, que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia no van a salir de la Asamblea ni del Gabinete, que mediante una Asamblea Constituyente paralela se va a poder reformar la Constitución, y que el referéndum sobre una posible ampliación del Canal de todas maneras se va a realizar, aunque en el logro de todo ello participen los actuales legisladores y la presidenta Moscoso. A ellos, si se quiere, se les apareció la Virgen: a pesar de su desprestigio y de haber perdido abrumadoramente las elecciones, tienen ante sí la oportunidad histórica de iniciar un proceso de reformas a la Constitución que la ciudadanía está pidiendo. Ojalá no la desaprovechen: esas apariciones no son muy frecuentes.
El autor es ex canciller de la
República
Además en opinión
.
¡Que renuncien!: I. Roberto Eisenmann, Jr.
.
Se les apareció la Virgen: Jorge Eduardo Ritter
.
Para acabar con 'deudas odiosas': Betty Brannan Jaén
.
Reflexiones sobre el día del padre: Carlos Arango Jr.
|