Panamá, 13 de junio de 2004
 
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Regulando el diesel

Disminuir los niveles de azufre en el diesel, estableciendo nuevos límites permitidos o purificando el que ingresa al país, significaría un incremento en los costos del producto, que sería traspasado al consumidor

CYNTHIA SANCHEZ
csanchez@prensa.com

LA PRENSA/Víctor Arosemena

Fernando de León realiza la revisión de emisiones tóxicas a los automóviles oficiales y particulares, como parte de la campaña para eliminar la contaminación del aire, organizada por el Ministerio de Salud.

Los chorros de humo y gases que expulsa el sistema de escape de buses, camiones y otros vehículos cuyo combustible es diesel, no solo huelen mal y obstaculizan la visión, también son potencialmente mortales. Y en Panamá, el riesgo que se corre es notablemente mayor, si se compara con algunos otros países del continente.

Las emanaciones de esos vehículos incluyen el mortal monóxido de carbono, un gas en extremo venenoso que puede causar la muerte cuando se respira en grandes cantidades, y los óxidos de nitrógeno, capaces de acentuar las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, causar daño al sistema respiratorio, disminuir la coordinación muscular, así como provocar náuseas, dolores abdominales y de cabeza. Es un agente crítico para personas con enfermedades cardíacas y pulmonares y es uno de los factores que incide en la mortalidad por cáncer, especialmente de pulmón, y neumonía.

Hay más. También son arrojados al ambiente dióxidos de azufre, que atacan las vías respiratorias, a lo que hay que sumar una gran cantidad de hidrocarburos no quemados o evaporados y partículas de carbono, las cuales pueden ser cancerígenas. En resumen, todos esos gases resultan nocivos y peligrosos para la salud si se respiran a niveles elevados. Peor aún, pueden provocar la muerte a corto o largo plazo.

Leyes que matan

En Panamá, las autoridades -y la sociedad en general- parecen tener poca conciencia del peligro que se corre cuando se respira estas emanaciones. De hecho, las leyes parecen obsoletas frente al avance de las investigaciones sobre la contaminación.

Por ejemplo, en la mayoría de los casos, el contenido de azufre en los 110 millones de galones de diesel que ha importado Panamá en promedio en los últimos cinco años, ha estado por el orden de las 5 mil ppm (partes por millón), que es el límite que permite la ley, según el director de Hidrocarburos del Ministerio de Comercio, Ramón Tapia.

Comparado con los niveles de otros países, pareciera que en Panamá la norma busca que todos enfermemos. En Brasil, hasta hace tres años, se permitía la entrada de diesel con un contenido máximo de azufre de 2 mil partes por millón. Es decir, en Panamá la norma permite más del doble; y si se compara con Chile, Panamá importa diesel con un contenido que es 16 veces superior (Ver cuadro). No se hable de Europa, que pretende eliminar totalmente en seis años el contenido de azufre en el combustible.

Pese a los riesgos que ello implica para la salud, los vehículos a diesel se hacen cada vez más populares. Estadísticas del Ministerio de Comercio reflejan un incremento sostenido en la compra de diesel. En el año 2003, por ejemplo, se vendieron casi 115 millones de galones. De esa cifra, más de la mitad (68 millones) se compró en una área relativamente reducida: la provincia de Panamá.

Quizá por estas razones, todos los consultados admiten su preocupación por los niveles de azufre en el combustible, pero, poco -o nada- se hace para resolver el problema. Tapia se lava las manos: él cumple con lo que establece la ley, se importa combustible con un máximo de 5 mil ppm o menos. De lo contrario, no se autoriza su entrada al país.

Lo más grave

Por si ya fuera poco, el exceso de "ingredientes" en el coctel de combustible que se vende en Panamá, hay no pocos vehículos que circulan con desperfectos mecánicos que incrementan notablemente las emisiones de gases tóxicos.

El director de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), Pablo Quintero Luna, manifiesta que "la cantidad de carros desmejorados que circula en el país va en aumento" y que "en toda esta situación siempre hay un jueguito", en alusión a los talleres que hacen el revisado vehicular.

Tan mal funciona el proceso en Panamá, que el propio Quintero Luna reconoce que muchos propietarios de vehículos presentan los papeles de sus vehículos sin someterlos a la revisión obligatoria.

No obstante, hay quienes creen que una alternativa viable para paliar el problema de la contaminación es la emisión de normas que regulen el exceso de gases. Partidarios de esa idea son los dueños de talleres de mecánica automotriz, que esperan que el nuevo revisado incluya una medición de emisiones tóxicas.

Algunos talleres, de hecho, han comprado equipos para hacer estas mediciones. Sin embargo, el director de la Autoridad del Tránsito sostiene que los talleres no pueden constituirse en juez y parte en este caso. A su juicio, lo correcto es que se adjudique -por medio de un acto público- a unos cinco talleres de la ciudad capital, la responsabilidad de hacer esta certificación.

No obstante, en estos últimos cinco años, la Autoridad del Tránsito tampoco ha buscado soluciones al problema. Más bien se opuso a que la Tesorería del Municipio de Panamá aprobara el Acuerdo 65 de 17 de abril de 2001, dictado por el Consejo Municipal de Panamá, que exigía la revisión de emisiones de gases tóxicos como requisito para otorgar el revisado. Se había estimado que la tesorería cobraría 13 dólares con 50 centésimos por la certificación.

Ventura Vega, tesorero de la comuna capitalina, explicó que el acuerdo fue demandado por ser esta revisión competencia de la ATTT.

El 17 de abril de 2001, la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia declaró nulo por ilegal el acuerdo, luego de un proceso que duró año y medio.

Ley 36 de 1996 -por la cual se establecen controles para evitar la contaminación ambiental ocasionada por combustible y plomo- dispone que es la ATTT la que debe verificar estas condiciones en los motores de los vehículos.

En ese momento el parque vehicular del distrito capital era de 225 mil autos. Al primero de junio de este año en todo el país están inscritos 522 mil 757 automóviles. El 72% de ese total (376 mil 319) está en la ciudad capital.

¿Un revisado más caro?

La solución que plantean los dueños de talleres no es gratuita. La idea -aunque puede que mejore la calidad del ambiente- generaría ingresos importantes para sus negocios. Carlos Ruiz, propietario del Taller Ruiz, ubicado en la Vía España, considera que es necesario que la Autoridad del Tránsito apruebe una disposición sobre la emisión de gases.

El problema de ello es que acarrearía un golpe para el bolsillo de los propietarios de vehículos pues, según Ruiz, este nuevo control duplicaría el costo del revisado: de 10 dólares con 25 centavos (que incluye alineamiento, balance de llantas, revisión de frenos y luces), a 20 dólares con 25 centavos.

Otra opción es importar combustible menos contaminante -pero más caro- lo cual facilitaría la colocación de dispositivos de control (trampas de hollín o catalizadores) para prevenir la contaminación. Pero estas trampas solo funcionan si el vehículo consume combustibles con un contenido de azufre menor de 50 ppm, lo cual supone dejar de importar diesel con azufre con una proporción de 5 mil ppm.

Panamá, que compra diesel a Colombia, Venezuela, el Caribe, Aruba, Trinidad Tobago y Estados Unidos, se encuentra ante una disyuntiva. Cualquiera que sea la solución a la contaminación, ello también supone pagar un precio por ello. La pregunta es: ¿quieren los panameños pagar por un combustible menos contaminante, pero más caro, o seguir respirando un aire contaminado a riesgo de enfermarse gravemente?

Petrolera Nacional, Accel, ya respondió y por ahora se opone a cambios en la legislación para modificar las especificaciones del diesel.

Gabriel Samudio, subgerente de esa compañía, dijo que estas medidas ocasionarán un aumento en los precios.

Y explica que un elemento fundamental del abastecimiento económico de combustibles para cualquier país son las economías de escala (mayor volumen) logradas.

De acuerdo con Samudio, Panamá es el mercado más pequeño de la región y de por sí ya algunas de las especificaciones de calidad superan los promedios de la región, lo que resta ventaja en la compra.

"Todo producto de mayor calidad es más costoso, si este elemento se le suma a lo reducido de nuestro mercado y la desviación de la calidad respecto a lo típico de la región, hay tres elementos que afectarán los costos de adquisición del producto", enfatizó.


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