Panamá, 13 de junio de 2004
 
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Tristeza porque Tristán enfunda su combativa pluma

"En Pocas Palabras", de Guillermo Sánchez Borbón, pasará con gloria a la historia política y periodística de nuestra nación

I. Roberto Eisenmann, Jr.

A pesar de lo que le han aconsejado sus amigos y admiradores(as), Guillermo Sánchez Borbón ha dixo "¡Ya!". 80 años vividos y más de medio siglo en la primera trinchera de lucha contra toda injusticia justifican un merecido descanso. Hay que respetar su decisión, alentados porque sabemos que en cualquier momento, frente a un problema gordo, desenfundará su combativa pluma más rápido que ligero.

Conocí a Guillermo en los días en que iniciábamos las gestiones para conformar un diario que llamaríamos La Prensa; conectamos de inmediato... que es lo que le pasa a todo el que lo conoce. Al hablar con él es como si se abriera una enciclopedia histórica universal que de inmediato te lleva a suponer que tiene varios doctorados; entonces te enteras de que no completó la primaria y tu admiración se multiplica en forma geométrica. Sientes que estás frente a un gigante, cuando enseguida afloran su humor y su extremada humildad, al punto que te sientes en presencia de un gran niño, ingenuo, puro, tímido y feliz; resulta ser un niño gigante lleno de sabiduría para quien todo es dar. No hay en él una sola fibra egoísta, ningún apego a lo material. Es un ser único en la enormidad de su humanidad.

Poeta, novelista, periodista, guerrero implacable...y un gran conversador. Pasar un rato conversando con Guillermo es lograr el privilegio de una educación variada, profunda y universal respecto a temas esenciales; un rato agradable impregnado siempre con un aire de travesura juguetona que lo convierte en experiencia deliciosa.

La democracia panameña tiene con Guillermo una gran deuda. Inventó, sin siquiera intentarlo, un nuevo género periodístico: la columna de opinión humorística ilustrada y a la vez informativa. Durante la autocracia más feroz de nuestra historia, logró que los panameños fuéramos perdiendo el miedo y que -a través de su ponzoñosa pluma- brotara el grito colectivo de una ciudadanía con ideales y espíritu de lucha. Una cosa es escribir y otra muy distinta es lograr comunicarse a través de ese ingrediente -el idioma- y llegarle al alma al lector. Con sus escritos, Guillermo llegó a mover el alma nacional.

Alguien escribió que los grandes escritos nacen de grandes injusticias. "En Pocas Palabras", de Guillermo Sánchez Borbón, pasará con gloria a la historia política y periodística de nuestra nación. Con profundidad y original humor, su pluma pudo más que todos los hierros juntos.

Guillermo ha experimentado la pasión ideológica en su vida, pero aun cuando fue miembro de partidos políticos, nunca fue político -(como escribió Uslar Pietri acerca de Neruda)- en el sentido estrecho y subalterno de estar metido en un dogma o ejecutando órdenes o asistiendo a reuniones; estuvo en la política por su pasión por la justicia.

A pesar de haber abandonado las ideologías, Guillermo conserva intactos sus ideales de juventud. Vive con una intensa sensibilidad por los más débiles y vulnerables y -en esto- es también ejemplo para todos nosotros.

Cuando vivíamos nuestro segundo exilio en Miami, a Guillermo lo forzaron a salir del país por segunda vez, esta vez a Caracas. Nos preocupamos por su soledad; le insistimos que viniera a Miami, pero a él no le atraía una ciudad de exiliados en el sur del imperio. Un día se sintió mal y lo convencimos de que en Miami tendría la ventaja de verse con el amigo y médico panameño Roberto Reyna. Llegó a Miami y Maruja lo adoptó; lo llevó a ver a Roberto, le organizó un apartamento en un simpático sector caminable de Miami, y Guillermo -sintiendo el calor fraterno de los suyos- se compuso. Juan Martín escribió: "El destino de los exiliados es saber más de la libertad que de la rutina". Todos los días Guillermo tomaba su bus e iba al banco donde yo trabajaba, me interrumpía y nos dedicábamos a conspirar activamente contra la dictadura; íbamos a almorzar a un huequito (era tan humilde que no se podía llamar "restaurante"), donde nos metíamos un bistec de palomilla encebollado con moros y cristianos...¡de película! Nos atendía una simpática dominicana a quien convencimos de que Guillermo sería el próximo presidente de Panamá (¡Dios nos libre!); ella se lo creyó y atendía a Guillermo como si fuera "el señor Presidente". Un día no se contuvo más y le brotó un ruego: "Don Guillermo....¡lléveme con usted para la presidencia!...no se preocupe si tiene primera dama... ¡yo acepto ser segunda, tercera o cuarta!". Fueron años de angustia, pero también de satisfacción. Todos nos crecimos en la adversidad y logramos, junto a muchos otros exiliados, desconectar el apoyo del Gobierno estadounidense a Noriega...y ese fue el principio del fin de la dictadura.

Allí durante ese exilio Guillermo, además de maestro y amigo, se convirtió en hermano mío y en hijo de Maruja. Su amistad ha sido para nosotros un singular privilegio. Nos ha enseñado con el ejemplo diario la certeza de las palabras de Einstein: "sólo una vida vivida para los demás es una vida de valor".

Por encima de todos los merecidos títulos que le puedan conferir a Guillermo Sánchez Borbón, él es un insigne patriota. Hoy, como ciudadano, me inclino ante su figura única, le rindo tributo y admiración ...y me uno al grito de todos los que queremos a esta tierra...¡gracias, poeta!

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

Además en opinión

. Tristeza porque Tristán enfunda su combativa pluma: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. No tan transparentes: Jorge Eduardo Ritter
. De inmunidad a impunidad: Betty Brannan Jaén
. La religión en Panamá: Néstor Jaén S.J.





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