Portugal abre sus puertas al fútbol
Juan Frisuelos JAM/EFE Reportajes
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Tiene Lisboa algo de meca para los portugueses provincianos, pero también mucho de decadente y del sabor criollo de quien fue reina de los mares, llevó a sus hijos a remotas tierras, y luego perdió el cetro y la gloria.
Hay algo de falta de estructura de gran urbe en Lisboa, donde alternan bellos edificios y otros dignos de espanto, y por más que los lisboetas presuman, Portugal no es sólo Lisboa. Los propios alrededores de la capital lusa merecen atención propia y atenta.
En un radio de 30 kilómetros en torno a Lisboa, se encuentran lugares tan bellos como Sintra, Patrimonio de la Humanidad, que guarda como pocos sitios el aspecto que enamoró a Lord Byron, alojado en el aún existente Hotel Lawrence, que se vanagloria de ser el más antiguo de la Península Ibérica.
Difícil sería decir si a Sintra la representan mejor las blancas e imponentes chimeneas de su Palacio Nacional, residencia de muchos monarcas desde la Edad Media, o la exuberancia del Palacio da Pena, el sueño hecho realidad de un príncipe romántico.
Seteais.
Pero cómo olvidar en Sintra, la reina de la sierra del mismo nombre, que guarda a la capital de los vientos del norte, lugares tan hermosos como el Castelo dos Mouros, la Quinta de la Regaleira, el Palacio de Montserrate o el de Seteais, que pese a su condición de monumento nacional es un hotel abierto al viajero ávido de paz y de belleza.
Dice una historia, con mucho de leyenda, sobre el origen del nombre de Seteais, que fueron siete los ayes que, en forma de hondos suspiros de amor, escaparon del pecho de la aristócrata a quien le fue dado como regalo aquel hermoso palacete a media ladera de la Serra.
Pero casi todo en Portugal arrastra tras sí una leyenda o una historia. La del Convento de Mafra, una especie de Escorial lusitano con largas y rectas galerías de centenares de metros, la escribió en una de sus más celebradas novelas el Premio Nobel José Saramago,
Memorial del Convento
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El novelista afincado en las Canarias, se buscó una pensión situada frente a la impresionante mole de Mafra para mejor situarse en su relato. Y Saramago también contó cómo Lisboa fue arrebatada a los musulmanes en 1147, mezclando pasado y presente, ficción y realidad en otra de sus celebradas piezas.
Saramago bien podría servir de guía en Lisboa, ya que pese a su origen ribatejano, es en Lisboa donde pasó muchos años de su existencia, como obrero, periodista y hasta director de Diario de Noticias. También como escritor en su piso del barrio de Estrela y como estudioso de su predecesor Fernando Pessoa, al servirse de uno de los seudónimos de éste para
El año de la muerte de Ricardo Reis
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El propio Pessoa podría ser otro punto de referencia a no olvidar en una visita a Lisboa. Con el espíritu de Pessoa se puede topar en el barrio de Chiado, e incluso sentarse en un velador con su imagen en bronce frente a "A Brasileira", uno de sus cafés preferidos.
UNA BICA.
Pero otro tanto se puede hacer en la Praça do Rossío, en verdad llamada Praça de Dom Pedro IV, en el corazón de la llamada Baixa Pombalina, puesto que "Nicola" era otro de los lugares predilectos de Pessoa para tomar una bica, es decir un café expreso, negro y sabroso, tan del gusto luso.
Si lo que se pretende es rendirle homenaje, en ese caso es mejor desplazarse al barrio de Belém y visitar allí el que puede ser considerado principal monumento de Portugal, el espectacular Monasterio de los Jerónimos, joya del arte Manuelino.
En una de las galerías del claustro, bajo un monolito de color gris oscuro, de sencillas líneas y sin pretensiones, como fue el propio Pessoa, yacen sus restos, muy cerca del refectorio, en el que descansan los de otro de sus colegas, el poeta Alexandre Herculano, y también cerca de otras dos figuras míticas de la historia lusa: Luis Vaz de Camoes, padre de las letras portuguesas, y Vasco de Gama, descubridor de la India.
ELECTRICO 28.
Si no se desea seguir a los escritores, es posible recurrir al tranvía -que en Portugal llaman "eléctrico"- para ir de un lado a otro en busca de los sitios más interesantes. Uno de ellos es casi una leyenda: la "carreira 28".
Inicia su traqueteante recorrido cerca del Museo Pessoa, en el Campo de Ourique; sigue hasta la Basílica da Estrela, panteón de figuras célebres; baja por empinadas calles junto al Parlamento y la Casa Museo de la fadista Amalia Rodríguez y trepando nuevamente, llega hasta la plaza del Chiado y la zona donde están varios hermosos teatros de la ciudad.
De nuevo corre cuesta abajo hacia la Baixa, dejando en su recorrido a un lado la Praça do Rossio y la del Terreiro do Paço, donde un día desembarcó Felipe II para tomar posesión como primer monarca de la llamada dinastía filipina, de la que renegaron los portugueses hasta librarse de ella, en lo que denominan Restauración.
Por fin emprende de nuevo la escalada el "28" a través del típico barrio de Alfama, hacia la colina en la que se alza el Castelo de Sao Jorge y la iglesia de Graça, para lanzarse una vez más cuesta abajo por las recoletas calles de Moureria -el barrio cuna del fado y de su primera intérprete, una legendaria prostituta, María Severa-, para acabar su recorrido en la plaza de Martín Moniz, de nuevo cerca de Rossío.
Y lo bueno es que uno puede subir y bajar del "eléctrico" en cada parada por el mismo precio del billete.
Algo más alejado queda el Museo de Arte Antiguo, en el barrio de Lapa, pero también merece una escapada aunque no sea más que para echar una ojeada a "Las Tentaciones de San Antonio" de Jerónimo Bosco, y el políptico conocido como "Paneles de San Vicente", atribuido a Nuno Gonçalves, que retrata a la dinastía de Avis, incluido don Enrique el Navegante.
Otras instituciones culturales, como la Fundación Gulbenkian, la Culturgest, el Centro Cultural de Belén o el Museo del Azulejo también deberían contar en cualquier visita, así como el Oceanario de la antigua Expo de 1998, que mira al Mar de la Paja.
Recuerdos de Portugal
No es lo mismo, como dice la canción, visitar un país que vivir en él. Un turista no tiene todo el tiempo ni la información necesaria para llegar realmente a conocer el alma de un país.
"Es importante adentrarse a ese Portugal lleno de mitos, sueños y protagonismos históricos. Al llegar, sabíamos que teníamos un país para descubrir por su historia de grandes navegantes vinculados al desarrollo de Africa, Asia e Iberoamérica", comenta Lourdes Phillips de López..
"Mi esposo Humberto López Tirone desempeñó el cargo de embajador de Panamá ante el Gobierno de la República de Portugal por espacio de cuatro años y medio. Ser la esposa del embajador y posteriormente la comisaria de Panamá para la última Feria del Milenio denominada 'Los océanos: Un patrimonio para el futuro', nos integró completamente a la convivencia diaria con la sociedad portuguesa, y podemos llegar a la conclusión de que logramos conocer íntimamente ese gran país".
Conocer con amplitud sus virtudes de grandes navegantes y conquistadores y lo que se enorgullecen de su historia y su cultura, refleja a flor de piel que son seres que viven con pasión cada reto y metas que se imponen; hoy en día, siguen siendo protagonistas de grandes acontecimientos a nivel mundial. Ellos -los portugueses- son alma del país con su alegría, amabilidad, y disfrutan apoyando irrestrictamente lo que realizan con esmero para el mundo. Puedo afirmar que sí llegamos a conocer el alma de Portugal.
-¿Cómo recuerda Portugal? ¿Qué sería lo que más extraña?
-Lo recordamos permanentemente con gran amor e ilusión y más aún cuando conservas grandes amigos que el destino nos permitió conocer; hoy en día, nos sentimos orgullosos de que nuestra hija pequeña, Montserrat, tenga un padrino portugués.
Los seres humanos solamente podemos extrañar lo que llegamos a conocer y amar, qué te puedo decir de extrañarlo. lo extraño todo, pero lo que más extraño son las visitas al Santuario de la Virgen de Fátima y la energía que sientes al estar ahí, nos encanta la experiencia de que sea así y que nos conceda la oportunidad de poder visitarla todos los años.
-¿Qué descubrió en Portugal que no ha descubierto en otro lugar?
-No me lo vas a creer, pero es que en cada pueblo hay un castillo y una historia importante que conocer, son impresionantes los acontecimientos que sucedieron en cada uno de ellos, llenos de anécdotas y expresiones. Por ejemplo, el Palacio Nacional de Mafra con toda su historia que aún se siente y donde se encuentra la biblioteca más grande y antigua del mundo de temas marítimos, metafísicos y esotéricos de la época templaria, y la iglesia que ahí se encuentra construida por la monarquía de la época no está sobre el suelo, pero esto solo te lo puede decir un portugués especialista en el tema y que sea de Mafra; además es un lugar donde se come estupendamente.
Lo que mucha gente no se imagina es que desde Lisboa puedes visitar en espacio de dos días Cascais, donde acuden a veranear las personalidades europeas; Sintra con la magia de sus castillos; Estoril con sus casas señoriales y el mejor casino de Europa; Mafra con la magia de su mística e historia de templarios y conquistadores; y cerca del Santuario de Fátima se encuentran los monasterios de Tomar, donde los últimos monjes guerreros templarios encontraron refugio ante el acoso y persecución de la Santa Inquisición; la Universidad de Coimbra, una de las más antiguas del mundo, y la región celta de los portugueses al norte a partir de esa ciudad antigua de O Porto de donde nace el vino que lleva el mismo nombre y, en la misma ciudad de Lisboa, el choque de dos culturas milenarias, la árabe ubicada en la Moureria, y la cultura lusa en el resto de la ciudad colonial del poeta Camoens y Pessoa. Se imaginan recorrer todas estas maravillas sin dejar tu hotel en el área antigua de Lisboa... una maravilla.
-¿Cuál diría que es su mayor atractivo como país?
-Poder tener acceso a lo antiguo barroco conjugado con lo moderno en toda su expresión. La ciudad antigua, conjuntamente con la ciudad moderna, su desarrollo volcado hacia el mar, el acceso a estar en Cascais y Estoril (lugares escogidos por los famosos del mundo) y verlos como tú y al lado tuyo como un turista más y todo es normal. Su gastronomía. Los grandes eventos de artistas que se presentan en Portugal.
Recordemos que antes de descubrir la existencia del nuevo mundo, Portugal era el lugar más apartado del mundo conocido y, por lo tanto, el refugio de los perseguidos y personajes ligados a las monarquías europeas, donde construían sus palacios y castillos para la soledad o el ostracismo.
-A nivel artesanal ¿qué no debe dejar de comprar?
-Una pieza o una vajilla Vista Alegre que es una tradición portuguesa confeccionada en la fábrica más antigua de Europa; una pieza de cristal Atlantis; mantelería de la isla de Madeira y no puede faltar la compra de una pieza de azulejo pintado a mano.
-Un lugar turístico que no debe dejar de visitar?
-El Santuario de la Virgen de Fátima, en especial la Capilla del Silencio; pero es difícil dar un solo sitio cuando hay tantos, como la fábrica de porcelanas Vista Alegre en Ilhavo, la travesía del acueducto de las Aguas Libres en Lisboa, Cabo da Roca, Boca do inferno, Cascais, Estoril, Sintra, Mafra.
-Un lugar con todo el sabor de Portugal?
La ciudad de O Porto
-El lugar más romántico
-La villa de Sintra
-Un paisaje diario que recuerde con cariño; ¿por qué lo recuerda?
-La inmensidad de la salida del río Tajo cuando se une con el Atlántico. Lo veía desde la terraza de nuestra residencia y en verano salían todos los veleros para aprovechar la temporada, y las playas que nos quedaban al cruzar la calle y contábamos con ellas alrededor de toda la marginal hasta llegar a Cascais. Realmente es hermoso. Mis hijos me decían "mami, aquí hay muchos Coronados".
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-Un plato típico que no debe dejar de probar
-El bacalao con papas al morro y el arroz de pato a la portuguesa
-Un vino que no debe dejar de probar
- Borba / Porto
-Una vista (o paisaje) que la haya dejado sin aliento
-La furia del mar que se refleja desde el mirador del restaurante Porto Santa María y la arena del mar que cruza la calle y forma dunas al opuesto; esto es digno de observar . es un fenómeno natural y sientes la arena que te envuelve como si estuvieras en el desierto.
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El artista global
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Corazón guerrero
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Un diario de vida
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