Recuerdos en pocas palabras
Con él la patria ha ganado su libertad. Buena parte de la libertad que hoy gozan incluso aquellos que la conculcaron o que temblaban al imaginar la pluma lacerante apuntando a sus pillerías
Juan C. Ansin
drjacal@psi.net.pa
A Guillermo Sánchez Borbón, autor de calamidades, no lo he conocido. Apenas he intercambiado unas pocas palabras formales en la antesala de la clínica o en el pequeño y atestado salón al terminar una conferencia sobre Kafka, que la Facultad de Humanidades había dispuesto al parecer, con cierta inquina. Lo vi otras veces. En una de ellas, cruzando la avenida Corrientes a la altura del Café de la Paz, en Buenos Aires, hace ya muchos años.
Las calamidades que escribió fueron todas directamente al corazón de la dictadura. Su energía, su fuerza literaria, la dedicó con esmero a sacudir la modorra de la patria boba que al final se decidió con vehemencia a tomar esa mano huesuda que él le tendía día a día desde la redacción de La Prensa. Era, "En Pocas Palabras", lo que nutría a la plebe, como el hígado de Prometeo a las águilas que lo devoraban, en un tiempo similar a otra mitología con que de vez en cuando la humanidad tiende a relucir para demostrar que también algunos mortales pueden ser como dioses. Fue la tinta de su corazón la que goteaba en La Prensa todo el coraje acumulado para terminar mofándose en el sarcasmo ante el bochornoso final del enemigo común, aquel célebre general rendido a dos agentes de la DEA por el atronador refusilo de las bocinas musicales descargada por Cisneros.
A Sánchez Borbón no lo conocí. Conocí su literatura. A Tristán Solarte, su alter ego, que al estilo de Pessoa andaba por las calles de aquí para allá con su camisilla impecable y con sus grandes lentes de marcos ilustrados siempre a cuestas. Allí iba conmigo Tristán Solarte y su ahogadito. La sentencia de Ernesto Sábato en la solapa, apuntaba a un descubrimiento literario de peso en las letras de la América Nuestra, como la llama Martí. Pero las apremiantes necesidades de la patria y las necedades de la política criolla y de la otra, nos permitieron gozar tan solo con un par de sus abrebocas.
Sánchez Borbón se cansó. En Pocas Palabras, pasó sobre el tiempo antes que el tiempo pasara sobre él. Lo extrañaremos, sin duda que lo haremos y mucho. La pluma versada y el estilo punzante con sabor a café cargado de nostalgias sobre un ayer nutrido de república y de versos. En un país del sur, cuando caían los soldados en la guerra, el oficial designado tocaba la puerta de la casa y ante la atónita mirada de la madre repetía la misma letanía: Usted perdió un hijo y la patria perdió un soldado. Con él la patria ha ganado su libertad. Buena parte de la libertad que hoy gozan incluso aquellos que la conculcaron o que temblaban con solo imaginar la pluma lacerante apuntando a sus pillerías.
Es posible que la patria haya ganado un héroe y que el periodismo haya guardado una de sus piedras angulares. Pero yo necesito creer que como le ha ocurrido a Samprún, todavía a los 80 años lo puede volver a ganar la literatura. Allí estaremos, recordando sus versos que caen al alma como vino a la garganta y concluir con los eleatas: no hay mejor forma para comenzar que haber tenido un gran final. En pocas palabras. ¡hasta luego, maestro!
El autor es médico
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