Aguiluchos sin brújula
Nuestra juventud estudiosa, la que siempre sale en defensa de las causas sociales y nacionalistas, requiere organizarse para despertar conciencia en el dormido Panamá
José Quintero De León
jquintero@prensa.com
Hace nueve días, estudiantes del Instituto Nacional de Panamá se lanzaron a las calles, por enésima vez, a protestar por lo que consideraban era injusto. Entre otras causas, la tardanza y el desgreño de los contratistas en culminar los trabajos de rehabilitación de los edificios del plantel y la designación de la profesora Noris de Porras como rectora encargada.
Volvieron a repetirse las escenas de todos conocidas, la lluvia de piedras sobre los policías antidisturbios, los gases lacrimógenos infestando con su veneno la atmósfera, mientras el tránsito proveniente del interior seguía detenido por la protesta, con su secuela de perjuicios para transportistas y pasajeros.
¿Hasta cuándo, me pregunto, la estulticia juvenil será la que dirija las protestas? ¿Es que ya se acabaron las causas y no identifican otras tan justas como las del pasado histórico?
Recuerdo que hace tres años, la presidenta, Mireya Moscoso, y la ministra de Educación, Doris Rosas de Mata, accedieron a rehabilitar el plantel a través de un desembolso de 5 millones de dólares. Muchos pensaron que la millonaria dádiva sería una forma audaz de acallar las voces de protesta de los aguiluchos; pero a fin de cuentas no lo lograron.
Ellos siguieron peleando contra lo que consideraron la corrupción enquistada en la rectoría de nuestro histórico colegio, al punto que se les sumaron profesores y padres y pudieron presionar a las autoridades para ordenar la separación e investigación del entonces rector.
Fue un triunfo para estudiantes, profesores y padres de familia que deseaban un cambio en la dirección del Nido. Sin embargo, el martes 1 de junio se perdió lo logrado con la salida de Ruiz.
Ese martes salieron a la calle a bloquear la Avenida de los Mártires, aduciendo que los trabajos de rehabilitación se estaban haciendo mal y estaban atrasados, lo que pudo haber sido cuestionado en forma pacífica. Lo otro, el rechazo a la presencia de la profesora de Porras, no tuvo justificación de ser llevado al extremo que se ganara un cierre forzado y la pérdida de 10 días de clases.
Digo que se perdió lo logrado por cuanto no se consultó a todo el estudiantado sobre la protesta y una minoría forzó la pedrea. Para colmo de males, lo que acontecía simultáneamente en la Vía Bolívar con los artesanos dejó un amargo sabor de boca en la ciudadanía que no concedió valor a la protesta institutora, antes más bien la condenó.
¿Qué está pasando con la dirigencia de la Asociación Federada del Instituto Nacional de Panamá (AFIN), que ha perdido la brújula y se excede en promover luchas que no deben ser llevadas a esos extremos, porque se malgastan esfuerzos, se pierde imagen y se gana el repudio de las bases?
Panamá se aboca a luchas más importantes y nuestra juventud estudiosa, la que siempre sale en defensa de las causas sociales y nacionalistas, requiere organizarse para despertar conciencia en el dormido Panamá. Aún tenemos que enfrentar la desigual negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos; la obligada revisión de los contratos de las transnacionales eléctricas y telefónicas; la necesidad de reformar una educación nacional desfasada, y la defensa de la Caja de Seguro Social, cada vez más en peligro. ¿No es así compañeros?
El autor es periodista y acudiente
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