Educación y productividad
Un hombre es instruido cuando se ha desarrollado su pensamiento, cuando es capaz de resolver problemas en su actividad cotidiana
Rogelio Antonio Mata Grau
romagrau19@hotmail.com
Cualquier sociedad que se precie de moderna, ha de tener entre sus metas el fortalecimiento
de la productividad económica, científica, tecnológica y educativa. La productividad
está directamente relacionada con la eficiencia de los procesos sociales y con
la innovación en los diversos campos del saber humano.
El modo y la fuerza con que una sociedad estimule la productividad tendrá efectos a corto, mediano y largo plazo sobre la calidad de vida de sus habitantes. Una sociedad poco productiva disminuye su posibilidad de elevar significativamente los índices de desarrollo y seguridad social.
La capacidad crítica y el desarrollo autónomo están íntimamente relacionados con el concepto de productividad. Hablar de ellos es hablar de pensamiento productivo. Como se sabe, el papel principal de la educación es formar hombres libres, críticos, responsables y solidarios. Para ello se impone la necesidad de desarrollar procesos de enseñanza y de aprendizaje en una línea democrática, a lo cual contribuyen los métodos educativos que fomentan la creatividad, la criticidad y la autonomía.
El desenvolvimiento pleno de la personalidad humana es un fin de la educación coincidente con los propósitos de la formación de personalidades sanas e integralmente desarrolladas. Algunos de los postulados que fundamentan la democracia justifican plenamente la educación orientada hacia el desarrollo de un alumno que demuestre: capacidad para pensar organizadamente, con método lógico y analítico (criticidad), capacidad para producir ideas y cosas originales (creatividad) y capacidad para pensar de manera independiente sin recurrir prejuiciadamente a la autoridad como criterio de validez y de verdad (autonomía).
El hombre será inteligente si se le ha formado mediante la utilización reiterada de la lógica de la actividad científica, de la actividad laboral y profesional. Un hombre es instruido cuando se ha desarrollado su pensamiento, cuando es capaz de resolver problemas en su actividad cotidiana. Un hombre es educado cuando además de formar su pensamiento, formó sus sentimientos. Ambos aspectos están muy unidos y se forman en un mismo proceso. Por lo tanto, educar es el proceso y el resultado de formar en los hombres su espíritu: sentimientos, convicciones, voluntad, valores; la formación del hombre tanto de su pensamiento como de sus sentimientos para que sea eficiente, no se debe desarrollar espontáneamente; se hace necesario que sean ejecutados sobre bases científicas y con un carácter sistémico.
Para enfrentar los retos de este nuevo siglo, en Panamá requerimos de un hombre capacitado en el ejercicio de los derechos y cumplimiento de los deberes cívicos, como una manifestación de la vivencia democrática. Que mediante su desarrollo personal pueda incorporarse a su medio sociocultural, vivenciando los valores de su entorno que en el caso de nuestra sociedad democrática serán los valores propios de este sistema de vida.
Este escenario esbozado dependerá de una política educativa al servicio del proyecto nacional y este es precisamente uno de los objetivos que Martín Torrijos destaca en su programa de gobierno. En el tema de la educación, Torrijos, con buen criterio, impulsa la educación como preocupación de Estado cuando sostiene que “la buena educación fomenta el progreso científico y tecnológico, inserta la inteligencia del país en el mundo globalizado”.
El énfasis lo sitúa el Presidente electo en la excelencia de la escuela panameña, la renovación de la educación superior, en el vínculo del sector de la educación superior con el sector productivo dentro del marco de un proceso de desarrollo humano sostenible, pero sobre todo en la nueva relación con el personal docente, los gremios y el resto de los actores del proceso pedagógico.
El autor es educador
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