Panamá, 4 de junio de 2004

 
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Muestra de agradecimiento

CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com

La experiencia que vivimos el domingo en el partido homenaje de Julio César Dely Valdés, en el Rommel Fernández, es una muestra de la fiebre que despierta este populoso deporte entre los panameños. Me agradó el espectáculo con esa impresionante panorámica que le dio el público al estadio, que daba la sensación como si el fútbol panameño y su fanaticada siempre hubiesen caminado tomados de la mano.

Aún reconociendo de nuestra pobreza en este deporte, el partido homenaje de Julio nos hizo sentir igual a los demás países ricos en fútbol, que le rinden tributo a sus ídolos, y que sirvió para ponernos una vez más en el firmamento del fútbol con los reportes de las agencias de prensa. El homenaje a Julio se divulgó internacionalmente y hubo lugares como en Uruguay, con el diario El País, y en España, con Marca, que llamaron a este diario solicitando apoyo gráfico.

El domingo la afición panameña le brindó un tributo al jugador más grande que haya dado este pequeño país de buenos beisbolistas, boxeadores, jinetes y basquetbolistas. Fue impresionante.

Este es el fútbol panameño, que -siempre digo- nunca deja de asombrarnos, por ser tan especial.

El lleno en el Rommel Fernández fue una muestra del aprecio que sienten los panameños por este colonense, que lo único que hizo fue enamorar un balón y popularizar el fútbol panameño con cada gol que marcó por las diferentes mecas del fútbol internacional.

"Se me erizó el cuerpo", me dijo Percival Piggott, cuando logré cruzar unas cuantas palabras mientras observábamos el panorama del estadio. No solo fue Piggott. Fuimos muchos. Era obvio, por ser la primera vez que se le rendía tributo a un futbolista panameño.

El partido no solo sirvió para homenajear al más grande futbolista de Panamá, sino para rendirle culto a un grupo de jugadores panameños que son insignias y otros, como los de la Sub 20, que nos regalaron a finales del año pasado, nuestro primer mundial en Emiratos Arabes Unidos.

Más el público, que se portó a la altura de una actividad de esta categoría, coreando el nombre de Julio hasta más no poder. Al final muchos se desbocaron y entraron a la cancha creando mucha zozobra entre algunos invitados. Pero son detalles que se dan también en las mejores familias.

Ni qué decir de los invitados de lujo, los pocos que vinieron lo dejaron todo en el terreno por Julio. Me sorprendió sobre manera que pese a que ya se conocía que no venían Raí, Hierro y Silva, el público asistió en masa sin darle mayor importancia.

Con el espectáculo del domingo Panamá debe darse por servida, una actividad de este tipo no se ve todos los días. El solo hecho de haber tenido jugando en la grama de nuestro templo del fútbol al príncipe Enzo Francescoli, pagó la entrada.

Un día antes del partido los organizadores del homenaje invitaron a los medios a una cena con los jugadores. Fue un acto sencillo, como el del domingo, pero muy significativo. Allí todos los que asistimos compartimos como hermanos del fútbol.

En la cena, el maestro Oscar Washington Tabárez destacó la figura del panagol con unas palabras sinceras y oportunas; también lo hicieron René Mendieta, el presidente de la federación, Ariel Alvarado, el director del INDE, Manuel Pinzón y el propio Julio Dely.

Me alegro por Julio, que siempre tuvo la idea de hacer un partido de este tipo. Ahora, el hecho de que el público haya asistido en masa al llamado no debe ser una sorpresa, ya Julio había enorgullecido a su país con cada gol que marcó ya sea en en el Nuevo o el Viejo Continente.

Lo del domingo fue una muestra de agradecimiento de la hinchada.






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