Ataques a una reserva natural
La incursión del lunes 17 de mayo no es el único ataque a una de las reservas naturales más importantes de Panamá, sino el tercero
FLOR BOCHAREL N.
planas@prensa.com
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LA PRENSA/Flor Bocharel
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Camiones de la empresa Constructora Urbana, S.A. (CUSA) construyen la primera fase del polémico camino. Los trabajos en este sector fueron aprobados por el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) porque causaban un bajo impacto al ambiente.
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BAJO MONO, Chiriquí. - Amanecía. En apariencia, era un lunes como cualquier otro en el distrito de Boquete. Sin embargo, en lo alto de sus verdes montañas más de 50 machetes caían sobre árboles, helechos y otras especies del sendero Los Quetzales, poniendo en riesgo esta reserva natural de Panamá y el mundo.
Fue el 17 de mayo pasado, cuando un grupo de residentes de Boquete y del corregimiento de Cerro Punta, en el distrito de Bugaba, ingresó por la fuerza en el sendero Los Quetzales, para -según dijeron- "limpiar" la ruta por donde debería pasar la polémica carretera que uniría a ambas comunidades.
"Si derribaron los arbustos, luego harán la carretera", dijeron casi al unísono quienes presenciaron esta acción ejecutada al margen de la ley.
Tres intentos en pos de una carretera
La incursión del lunes pasado no es el único ataque a una de las reservas naturales más importantes de Panamá. Rodrigo Marciacq, empresario hotelero en Boquete, recuerda que en 1975 el gobierno militar de Omar Torrijos inició el proyecto carretero.
"En compañía de Manuel Miranda fui al área del proyecto; vimos dos maquinarias pesadas D-8, con un lodazal tremendo a su alrededor. Era un desbarajuste y coincidimos en que eso no podía seguir", recordó Marciaq.
Según este boqueteño, la devastación era como de 300 metros a la redonda y aunque había rocas y árboles caídos, los habitantes de Cerro Punta y Boquete no se manifestaron, porque en esa época la conciencia de preservación no había logrado los alcances actuales.
Según relata, contactaron a Torrijos, quien después de recorrer la zona y admirar la belleza de la flora y la fauna, decidió suspender la obra.
El segundo intento fue en 1992, durante el gobierno del presidente Guillermo Endara. Marciacq menciona que este intento de construir la carretera lo abanderaba el entonces ministro de Obras Públicas, Alfredo Arias, quien ordenó el traslado de maquinarias por el lado de Cerro Punta.
La obra fue suspendida por la Asamblea Legislativa, porque era necesario cambiar leyes ambientales y los parlamentarios se negaron a modificarlas.
"Esperamos que el tercer intento de construir este camino sea el definitivo, pues la comunidad está vigilante de que no ocurra", afirmó.
Otras amenazas que enfrenta el parque son la expansión de las fronteras agropecuarias, la tala ilegal de especies maderables y la presencia insuficiente de personal que custodie esta zona protegida.
Por ello, a pesar de los años, el sendero Los Quetzales y el Parque Nacional Volcán Barú no se han recuperado totalmente. "Quedan marcas indelebles del paso del hombre", dijo Marciacq.
La naturaleza cobró su cuota
La educadora Elba Landau, otra férrea opositora al proyecto del camino ecológico, también recuerda los primeros ataques a esta reserva de vida.
Para sorpresa nuestra, sacó un viejo y sencillo cuaderno de apuntes, y en una de sus hojas anotó las palabras textuales de Omar Torrijos, luego de caminar el sendero: "Este camino se abrirá cuando el Respinguito crezca y alcance al Respingo. Abrir esta carretera es suicidar las aguas de la provincia de Chiriquí".
Aquella vez la naturaleza cobró el daño. La gran tala en el sendero Los Quetzales, donde nace el río Caldera, produjo una de las crecidas más grandes en la historia de la región. Muchas casas fueron barridas por la furia del río, cuyo caudal alcanzó los 37 metros cúbicos por segundo a una altura de 997 metros sobre el nivel del mar. Para los habitantes, las inundaciones eran una consecuencia de la devastación del bosque. Y tenían razón.
Riqueza amenazada
La oposición del biólogo Ariel Rodríguez a la construcción del camino se basa en que el proyecto carretero impactará negativamente en las 212 especies de aves que viven en el parque, y en que el ruido de los vehículos a motor ocasionará su migración hacia otras montañas.
Rodríguez, quien ha estudiado el comportamiento de la flora y la fauna del sendero, asegura que por allí hay corredores naturales -de saínos y otros animales- que serían cortados si se abre una carretera.
Informó que en el parque Volcán Barú habitan 23 especies de mamíferos de la categoría de amenazadas con desaparecer, entre ellos el macho de monte, el tapir y las musarañas; mientras que 13 especies de aves están en peligro de extinción.
Otros conocedores llaman la atención sobre el peligro para la disponibilidad de agua a futuro, porque allí nacen los ríos que abastecen a Chiriquí.
La zona que forma parte de este parque nacional también es de gran importancia para el desarrollo de estudios biológicos. "Por ello se debe implementar un plan de preservación y de turismo ecológico que no afecte su biodiversidad", opinó Rodríguez.
Despertando conciencia ecológica
Ezequiel Miranda, presidente del Comité por la Defensa del Parque Nacional Volcán Barú, se dedica a la construcción de casas, edificios y otras obras civiles.
Podría pensarse que su oficio va en contra de su espíritu conservacionista. Sin embargo, él ha conjugado sus conocimientos en ambos aspectos de su vida.
Al conocer el proyecto me horroricé -dijo Miranda-, pues conocía el gran daño que se haría al paradisiaco destino que visitan muchos turistas internacionales.
Cuenta que conversó con muchos boqueteños que se unieron a su causa, así como con habitantes de otros puntos de la provincia y del país, quienes también
lo respaldan.
"Ellos no se han quedado en palabras; han organizado campamentos, giras al sendero y múltiples charlas para crear una conciencia conservacionista", resaltó.
Según Rodríguez, no son pocos los que califican como locos a este grupo y los cuestionan por luchar contra la corriente. A pesar de esto, siente que la lucha no está perdida y está seguro de que el movimiento no se limitará a conseguir la eliminación del proyecto, sino que crecerá para ser una fuerza que colabore con la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
Los ambientalistas de la provincia de Chiriquí esperan que las sanciones de la ANAM, ante la incursión ilegal del lunes 17 de mayo, sean ejemplares, con el propósito de que nunca más se intente construir una carretera a través de esta zona protegida. Para ello, y a fin de dar una opción a los que abogan por una ruta que disminuya los costos de transporte de los agricultores y, a su vez, favorezca la industria turística, proponen la adopción de la ruta sur, que ya ha sido impactada por la presencia humana y que no implica riesgos potenciales para el equilibrio ecológico de la provincia.
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