TLC y la avicultura nacional
Mientras EU no ponga en la mesa de negociaciones sus subsidios a la agricultura y sus barreras no arancelarias, la competencia será desleal y seguirá generando un enorme resentimiento
Rolando Gordón Canto
Una de las industrias de mayor crecimiento en los últimos 10 años es la industria avícola nacional. En 1996 aportaba al producto interno bruto (PIB) unos 56.6 millones de dólares, para el 2002 esta cifra había crecido a 88.9 millones de dólares y la producción alcanzaba las 73 mil 336 toneladas métricas de carne de ave, suficientes para abastecer el mercado interno.
Sin embargo, a pesar de su florecimiento la industria no ha estado exenta de problemas. En el 2002 tuvo que enfrentar el incremento de los precios del maíz, el aumento en los fletes del transporte y la caída en los precios del pollo. En el 2003, con los tratados de libre comercio (TLC) firmados (El Salvador y Taiwan) tampoco le fue muy bien: los altos aranceles que mantiene El Salvador a la carne de pollo le impide exportar hacia ese país, y los casi iguales costos de producción con Taiwan no dan margen a una ganancia que incentive la exportación.
Para el país la industria avícola tiene una gran importancia estratégica veamos:
Por el alto grado de articulación productiva que tiene con otros sectores económicos, es una de las actividades económicas que más contribuye a distribuir ingresos en el país. Efectivamente, la avicultura compra a pequeños, medianos y grandes productores una gran cantidad de materias primas nacionales (insumos) tales como maíz, sorgo, carnarina, pulidura de arroz y trigo, piedra caliza, melaza, cajas de cartón, alambre para jaulas, sal, sebo o yuca, etc. También adquiere servicios profesionales de veterinarios, zootecnistas, químicos, agrónomos, etc.
Además, como las instalaciones agrícolas están esparcidas a lo largo y ancho del país, las compras de insumos y salarios que paga contribuyen a mejorar las desigualdades en la distribución del ingreso que hay entre el campo y la ciudad.
Según ANAVIP, el sector avícola paga 25.3 millones de dólares anuales en salarios, bonificaciones, seguro educativo, décimo tercer mes, etc., y genera 6 mil empleos directos y 48 mil indirectos.
El estricto control sanitario que tiene ha permitido que el país esté libre de enfermedades avícolas tales como la influenza aviaria y la New Castle.
Los altísimos niveles tanto tecnológico como de infraestructura que tiene, le ha permitido aumentar la productividad, absorber los incrementos en los costos de producción y abaratar el precio de la carne de pollo entre un 10% a un 30% en los últimos cinco años para beneficio del consumidor.
Hoy nuestra estratégica y floreciente industria avícola se encuentra ante expectativas inciertas de crecimiento y con temores de que el TLC que se negocia con EU permita que la competencia desleal lleve a la avicultura al despeñadero, tal y como está ocurriendo con el maíz mexicano, que al enfrentarse con las importaciones subsidiadas del maíz de EU, está empobreciendo aún más a los campesinos mexicanos.
En el caso de la carne de pollo, la competencia desleal de EU surge mediante el uso del domping (vender por debajo del costo de producción), y de barreras no arancelarias unilaterales donde sobresalen las sanitarias.
El costo de producción de una libra de carne de pollo en EU es de 44 centavos de dólar, pero en el comercio internacional Estados Unidos vende las denominadas partes oscuras (muslo y encuentro) entre 17 y 20 centavos de dólar, lo que equivale a menos del 50% del costo de producción de una libra de carne de ave. La razón de estos irrisorios precios internacionales es que los consumidores estadounidenses privilegian en su patrón de consumo a la pechuga, y el precio de esta es tan alto que cubre los costos de producción de todo el pollo y asegura utilidades.
Por otra parte, las barreras fitosanitarias le aseguran a EU que el comercio avícola sea tan solo de una vía: exportar pero no importar. Efectivamente, EU es el primer exportador de carne de pollo del mundo, con 2 millones 300 mil toneladas métricas en el 2003, que representan el 37.4% de las exportaciones mundiales de carne de pollo.
Además, hay un claro sesgo exportador hacia las partes oscuras del pollo. En 1998 las exportaciones de muslo y encuentro representaban el 26.8% del total de las exportaciones de carne de pollo. Para el 2003 este porcentaje había subido a 60.9%.
Al contrario, las importaciones representan tan solo el 0.03% de su producción nacional de carne de aves, permitiendo que solo cinco naciones sean las elegibles para importar de ellos carne de aves: Canadá, Francia, Gran Bretaña, Hong Kong e Israel, de un total de 17 naciones que EU reconoce como no portadoras de enfermedades aviarias.
México, con 10 años de tener un TLC con EU, no ha podido, hasta la fecha, venderle una sola libra de carne de ave, y Costa Rica, que aparece entre las 17 naciones sin enfermedades aviarias como la New Castle, tiene 14 años de estar intentándolo y tampoco lo ha logrado.
Con estos antecedentes, ¿podrá Panamá venderle a EU carne de pollo?
Los últimos párrafos escritos confirman la tesis sustentada por ANAVIP en su posición ante la negociación del TLC Estados Unidos-Panamá.
"Puede entenderse entonces que el interés principal de Estados Unidos radica en la apertura de mercados para los muslos y piernas de pollo, dado que el rechazo del consumidor estadounidense crea inventarios inmensos de partes oscuras que no son absorbidos por el resto del mundo, ya que normalmente la industria avícola de cada país abastece plenamente los mercados locales.
En síntesis, mientras Estados Unidos no ponga en la mesa de negociaciones sus subsidios a la agricultura y sus barreras no arancelarias, la competencia será desleal y seguirá generando un enorme resentimiento que, como pronostica el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, "pondrá en peligro tanto la paz como la prosperidad del continente".
El autor es profesor y ex vicedecano de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá
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