Por una copia
Octavio Sandoval
osandoval@prensa.com
Cuando los medios descubrieron el potencial que tenía una pequeña y discreta cámara escondida, nadie daba crédito a lo que estaba cocinándose entonces. Se decía que era una vulgar intromisión, un atentado contra el derecho íntimo, donde pasar esa línea que separa al hombre público del privado era poco menos que un sabotaje. El concepto de fisgón se estilizó gracias a las portadas de revistas y periódicos, y a los medios que comenzaron a ver esos videos de aficionados y esas fotos indiscretas como la perla que estaban buscando, y que no encontraban dentro de sus salas de redacción y equipos de producción.
Como prueba documental estrictamente legal, tiene sus reservas y detractores. Dependiendo de la idoneidad con que se logre, de la autoridad que lo presente y de la ley que lo permita, este medio probatorio representa un recurso valioso a la hora de enrostrar una acción o un hecho. Hay muchos casos, unos más representativos que otros, que tienen como hilo conductor la denuncia, y como moraleja: sonríe que te están viendo. Quién no recuerda aquellas cintas magnetofónicas del famoso Watergate, una muestra del poder de los medios -si quieren- cuando el presidente Richard M. Nixon terminó sometido a un impeachment. El trigésimo séptimo presidente de Estados Unidos capituló, cediendo ante su negativa de entregar las cintas que lo comprometían. Realmente eran tres cintas; la que entregó estaba alterada y las otras dos desaparecieron, pero eso fue suficiente.
Quién duda de estos medios de prueba cuando un Abimael Guzmán tiene de vecino a Vladimiro Montesinos. No creo que se hayan visto ni sean amigos, pero los vladivideos cayeron como una bendición, aunque en este caso el propósito de amedrentamiento y chantaje de estos se trocó en un soplo. Es decir, el valor de estas cintas depende de la mano que las tenga, porque así como sirven para fines "benéficos" también las hay que sirven para el chantaje y la extorsión. Montesinos sellaba estos videos diciéndole lacónicamente a sus interlocutores: esta conversación es secreta, estrictamente off the record. Pero no le decía a nadie que estaba siendo grabado.
Todos sabemos de este lado del mundo que los gringos son unos expertos enterneciendo las mentes sublevadas y reaccionarias, y esto quedó demostrado en Abu Ghraib. Haciendo un ajuste a las coordenadas y a los paralelos del tiempo, esas fotos no son más que el reflejo nostálgico de las torturas que cualquier opositor a la dictadura pudo padecer en las mazmorras de la Modelo o de Coiba. Y ¿dónde desarrollaron estos chefs su arte de ablandar carnes y mentes? Lo curioso de esto son las coincidencias: Un video fortuito de la Modelo, en julio de 1996, en el preciso momento en que apaleaban desnudos a los reclusos. Unas fotos de un sadismo perverso, donde los custodios se recreaban con los presos obligados a posar, siendo reducidos a poco menos que despojos. Y el final fue el mismo: hay que demoler las cárceles. Tristemente ambos hechos se dieron, uno en una democracia naciente y el otro se supone que en aras de ella. Los medios hicieron causa común, logrando que el mundo entero lo supiera. Peor que las torturas y las humillaciones conocidas, hubiese sido el silencio.
México, donde entre más cerca se está de la frontera más sabe el taco a hamburguesa, también ha tenido sus videoescándalos. En una operación que parecía de rutina en las oficinas del emporio Quart, cuyo dueño era el influyente Carlos Ahumada Kurtz, por demás dueño de un periódico llamado irónicamente El Independiente, los agentes de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal hallaron reproductoras, cámaras, videos, casetes, prácticamente la caja negra de la coima y la corrupción. Sus entuertos particulares con el Gobierno Federal los solucionaba a punta de billete y todo esto estaba fríamente documentado en video. Ahumada intentó comprometer la independencia del periódico con sus aventuras extracurriculares, e incluso reclamó apoyo de su diario, cosa que nunca se dio. Las imágenes se difundieron en los noticieros y el precio lo pagaron los periodistas y administrativos al poner sus puestos a disposición. La actitud del personal de El Independiente sumó un bloque al muro de la ética y la dignidad, y esto quedó grabado para siempre.
Luego de la invasión los gringos devolvieron cajas llenas de videos. Sin tener pruebas no se podía dar crédito a nada que se dijera. Cuatro años después, en cadena nacional, se dieron a conocer los famosos videos: nada nuevo. Todo se desdibujó cuando la acción de Endara, muy noble de su parte y con un alto grado de civismo, los opositores la tacharon de oportunista, pues en vísperas de elecciones nadie le creía a él que su compromiso era divulgar la historia. Las grabaciones que ponían al descubierto las sesiones de un Ejecutivo pro-militar e indulgente, sus profundas y sesudas disquisiciones neuronales fueron un tiro al aire. Lo que quiero decir es que debe haber videos en algún lugar, esperando develar un sinnúmero de infamias. A nadie se le ocurre pensar que lo están grabando y menos que las citas off the record se divulgarán; todo amparado en el soborno, la coacción y el chantaje, con la complicidad in fraganti de sus actores. Siempre hay alguien detrás de la cámara, el que graba, enfoca, ajusta, el que dispara el flash... a ese alguien hay que pedirle una copia.
El autor es abogado
Además en opinión
.
Actualidad: Soy 'maniático textual': Franco Rojas
.
Actualidad: Por una copia: Octavio Sandoval
.
Actualidad: Viejo legado de la Patria Nueva: Hermes Sucre Serrano
.
¿Locuras con futuro?: I. Roberto Eisenmann, Jr.
.
Desagravio a los votantes de Guillermo Endara: Iñaki Iriberri
.
TLC y la avicultura nacional: Rolando Gordón Canto
.
Constitución y constituyente: Armando Fuentes Rodríguez
|