
Del
fútbol y otros demonios
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
El técnico colombiano José cheché Hernández
estaba al tanto de que en Panamá no había una estructura futbolística.
Lo sabía mucho antes de venir aquí para tomar las riendas del
seleccionado nacional. En el año que casi lleva viviendo lo ha
palpado y hasta me imagino que añorará de vez en cuando las oportunidades
en que dirigió en Cali, Medellín y Bogotá, en clubes que cuentan
con toda una infraestructura en la materia.
En su primer contacto con los medios de
comunicación, Hernández tuvo la osadía de decirnos que iba a
trabajar con el objetivo de poner a Panamá entre los primeros
50 del ránking de la FIFA. Sus declaraciones causaron un estruendo.
Lo que tal vez no sabía cheché Hernández,
es que en este país el fútbol se ha metido por los poros de la
gente. Hace días me lo comentaba un colega panameño que trabaja
en Estados Unidos, amante del béisbol. Quedó impresionado por
el despliegue que le han dado los medios y el mismo público.
Todos hablan de fútbol. No solo del de afuera,
también del nuestro. Son cientos los técnicos que tiene el fútbol
panameño en cada aficionado, que conoce de la materia y que no
cree en cuentos.
El técnico que venga a dirigir a Panamá desde
Colombia, Brasil, Argentina, Paraguay o de otro país futbolizado
deberá primero darse cuenta de que la afición panameña conoce
de este deporte, aunque algunos miren a este país como si aquí solo
hubiera un Canal y que nada más se juega béisbol.
El fútbol como deporte se ha ido metiendo
en mucho hogares. Sin importar postura política, estrato social
o edad. Ha despertado una pasión y un sentimiento como un pequeño
demonio que se va metiendo por el cuerpo hasta el extremo de
convertir a muchos aficionados en intolerantes.
La efervescencia que ha despertado el fútbol
en Panamá ha sobrepasado los límites. Hace poco se clasificó por
primera vez a la fase final de un Mundial de Fútbol Juvenil y
el hecho pasó sin pena ni gloria. Incluso, muchos le hicieron
una campaña sucia a este equipo sin darse cuenta de lo que representa
para un país pequeño el participar en una cita mundialista. Es
más, ningún jugador de este grupo fue tomado en cuenta para la
Sub 23 en el pasado torneo preolímpico.
Todavía muchos se preguntan porqué no se
le dio oportunidad al joven Joel Solanilla, quien fue el mejor
panameño en los Emiratos Arabes. Si otros países lo hicieron
con sus mejores unidades, ¿por qué nosotros no? A algunos les
parece venganza por los hechos suscitados días antes de viajar
a Emiratos.
Hay otros que en su momento han restado
valor a los hermanos Jorge y Julio Dely Valdés, después de las
derrotas con las selecciones, cuando lejos han sido los mejores
delanteros que ha tenido el fútbol panameño. No le dieron el
reconocimiento que se merecen.
Ahora, por ejemplo, hay muchos aficionados
que están escépticos con esta selección nacional. Les he escuchado
decir que hay jugadores que no tienen el peso para formar parte
de un equipo que aspira a estar en el Mundial de Alemania como
lo dijo en su primera intervención con los medios el técnico
Hernández.
Es un hecho de que el fútbol en Panamá se
ha convertido en un sentimiento, con un público cada vez más
exigente, que como el de cualquier otro país futbolizado, cree
fielmente en lo que quiere para su selección. Todos reclaman
cuando no se dan los resultados. Y muchos, incluso, se mofan
cuando se gana en un amistoso. "Panamá es un campeón mundial
en ganar amistosos", se les escucha decir.
Tal vez el técnico colombiano José Hernández
no conocía esta cara de la afición panameña, en un país que no
cuenta con un club de fútbol, en el sentido estricto de la palabra.
Pero que conoce, que exige y reclama.
|