Híbridos en tiempos de borrasca
Empecemos una nueva era de paz y esperanza; comencemos por comprometernos a amar, a cuidar y a educar a los miembros de nuestra familia
Estela E. Schwartz
sentidocomun@cableonda.net
¿No te da vergüenza llamarte humano? Un humano, se dice, es aquel que se compadece de las desgracias de sus semejantes, entre otras clásicas interpretaciones. Pero eso es lo más lejano que hay en la actitud de muchos de nosotros, los seres humanos, ¿verdad?
Usted dirá que hace caridades de vez en cuando, que critica a aquellos que no saben compartir con otros; que le regala un plato de comida al vecino o al mendigo a veces, que le da monedas a discapacitados en la calle, que se involucra en grupos elitistas para ayudar a los más frágiles..., pero y en su casa, ¿cómo es usted? ¿Qué hace con su gente? Ah ya sé...usted le da "calidad de tiempo".
Pero... ¿estará a tiempo cuando se le necesite para ayudar a un hijo tentado a caer en las drogas? ¿O para orientar a su hija cuando esté en una encerrona disfrazada de romance que la llevará a un embarazo precoz o tal vez a un sida? ¿O pudiera ser que cuando la rutina ahogue a su pareja, usted esté allí para animar el ambiente?
Es muy posible que esto no suceda porque vivimos tiempos tan estresantes, que al ritmo que va la vida pues no nos da tiempo. Así parece ser la línea de la vida moderna de hoy. Tenemos que cumplir con lo socialmente plástico, lo moderno, lo cosmético, y olvidar lo pragmático.
Pero, bien puede sorprenderse porque usted es parte de la rutina de los demás seres del planeta. Así que no se asuste frente a lo irracional de las fotos que vimos de los prisioneros de Abu Gharib y las torturas infligidas por solamente siete soldados, cuando ahora -y muy cerca de usted- hay cientos y cientos de niños que son violados, prostituidos y explotados, y sus gritos quedan en la oscuridad sin posibilidad de justicia, porque sus verdugos son más fuertes.
No sienta tanta tristeza al recordar el 11 de septiembre y las oleadas terroristas en España, Colombia y Medio Oriente; aquí muy cerca de usted hay mujeres, niños y ancianos aterrados bajo la golpiza, el hambre y hasta la muerte de terroristas llamados parientes, amigos o gobiernos, y nuestra sociedad hace muy poco o simplemente no hace nada.
El mes pasado la comunidad judía del mundo rindió un homenaje de respeto a los 6 millones de judíos muertos en el Holocausto, por el solo hecho de ser judíos, y todo esto frente a la indiferencia del mundo durante la Segunda Guerra Mundial. Una historia que hace llorar en silencio a las familias y a los sobrevivientes de brazos marcados con números, y cuyas miradas tristes testimonian la masacre.
Sepa usted, que se horroriza por las maldades de los dizque humanos del mundo, que si guardáramos un minuto de silencio por los 6 millones de cuerpos dóciles e inocentes que murieron quemados, tendríamos aproximadamente 11 años, tres meses, 14 días, ocho horas y 30 minutos de silencio... Así de cruel es esa historia.
Ahora le pregunto... ¿ha cambiado algo en este nuevo siglo tan veloz y materialista? La respuesta es: no. El siglo XXI nos muestra un presente poco humanista, que nos recuerda las barbaries de otros tiempos; tal vez ahora más disfrazadas, pero presentes, donde priman intereses que no respetan los derechos humanos. Y si piensa que exagero, solo recuerde las mutilaciones, las discriminaciones sexistas, el apartheit en Africa, los tonton macoute en Haití, la violencia y la hambruna en Somalia, etc., etc.
¿De qué se alimenta la conciencia humana de nuestros hijos? Simplemente de estos horripilantes sucesos y de nuestra falta de tiempo. Todos debemos hacer algo más que asustarnos. Empecemos una nueva era de paz y esperanza; comencemos por comprometernos a amar, a cuidar y a educar a los miembros de nuestra familia y su entorno; de no ser así, también nuestros hijos y nietos heredarán la fría butaca en el espectáculo dantesco de la historia, en la que -como víctimas- solo podrán ser observadores híbridos en tiempos de borrasca.
La autora es miembro fundador del Patronato del Servicio Nacional de Nutrición, empresaria y comunicadora social
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