Panamá, 16 de mayo de 2004
 
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Lo que debe hacer Martín

Jorge Eduardo Ritter
jritter@cwpanama.net

Los analistas que vaticinaron el triunfo de Guillermo Endara y de José Miguel Alemán han logrado determinar con precisión milimétrica cómo se distribuyen los 711 mil votos que obtuvo Martín Torrijos. Saben qué porcentaje es PRD, cuántos son independientes, cuántos son jóvenes, y cuántos son los votos castigo. Son genios para analizar resultados (aunque esté demostrado que son algo escasos a la hora de los pronósticos). De sus sesudos análisis se derivan conclusiones y de las conclusiones algunas recomendaciones para el Presidente electo. Supongo que él les prestará atención a los muchos consejos que recibe. A mí, en lo personal, me parece pretencioso indicarle a un Presidente recién elegido qué debe hacer, con quién debe hacerlo, y qué espera el país de él. Digo pretencioso porque ganar unas elecciones -y más si el resultado es contundente- supone haber sabido interpretar las aspiraciones nacionales y haber logrado que la mayoría de la población endosara su propuesta. ¿Entonces cómo puede uno arrogarse, por encima de ese mandato popular, la representación del país para señalarle un rumbo al Presidente electo?

Al principio creí que, por la juventud de Torrijos, los mayores sucumbían a la tentación de abrumarlo con consejos gratuitos (antes se decía que era mala educación dar consejos que no se habían pedido, pero esa norma, como el arnulfismo, parece haber caído en desuso). Pero ahora estoy convencido de que el problema no está en la edad del Presidente electo sino en la inmodestia de quienes, por encima de los votantes, se han arrogado la vocería de la Nación y el derecho de imponerle a Torrijos sus propios códigos de conducta política.

Cuando se elige a un Presidente es porque se cree que va a conducir el gobierno con buen juicio. Sus actuaciones están de antemano limitadas: jurídicamente por la Constitución y la ley, y moral y políticamente por las promesas de campaña. En ese sentido, no se le gira un cheque en blanco, pero sí se le confiere un mandato de confianza que él debe saber administrar. Precisarle encima lo que el país espera de él, o cómo debe comportarse, o a quién debe nombrar me parece inadmisible aunque se haga en nombre de la sociedad civil o, más presuntuosamente, en el de todos los panameños. La discrecionalidad presidencial debe enmarcarse dentro de la Constitución, no someterse al capricho de quienes se sienten poseedores privativos de la verdad y de la moral.

Tanto es así, que algunos consejos parecen más bien amenazas: se le señala un determinado proceder y se le advierte que desatender la indicación le acarreará al mandatario daños políticos irreparables. Llegan al extremo de formular una interpretación de lo que significa la patria nueva. Adversaron a Torrijos en la campaña política, no le reconocieron mérito alguno, descalificaron a los partidos que lo apoyaron, y ahora se erigen en los exégetas de sus palabras y en los intérpretes de su pensamiento. Gabriel García Márquez suele burlarse de los críticos literarios que le atribuyen simbolismos que él nunca imaginó. Así resumió su aversión a los que saben más de su libros que él mismo: la manía interpretativa termina por ser a la larga una nueva forma de ficción que a veces encalla en el disparate. Algunos de nuestros analistas políticos están llegando a ese punto, solo que, a diferencia de los críticos de literatura, la intención no es presumir de eruditos sino preconstituir los argumentos para alegar después que no se llenaron las expectativas o que no se cumplieron las promesas.

Es evidente que a Torrijos le van a escudriñar con lupa cada acto y le van a exigir un cumplimiento religioso de lo que prometió durante la campaña. Así debe ser. Lo que no parece lógico es que sus adversarios de ayer se mimeticen en panameños interesados solo en el bienestar de la patria para atribuirle promesas que no ha hecho, o para indicarle, como si fuera un niño de escuela, lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Tratándose de un Presidente que acaba de recibir un monumental respaldo popular, y teniendo en cuenta que todavía faltan más de 100 días para que tome posesión, tendríamos que ser más modestos y más pacientes. Pero si se trata de dar, aquí y ahora, consejos que no se han pedido, voy a dar el mío parafraseando a Yogi Berra (el receptor de los Yankees célebre por sus frases): Martín debe hacer lo que debe hacer.

El autor es ex canciller de la República

Además en opinión

. P. M. II: Guillermo Sánchez Borbón
. Lo que debe hacer Martín: Jorge Eduardo Ritter
. Por transparencia en las decisiones sobre el Canal: Betty Brannan Jaén
. Híbridos en tiempos de borrasca: Estela E. Schwartz





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