Panamá, 16 de mayo de 2004
 
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P. M. II

Quien les ofrezca pleno empleo, prosperidad para todos, les está mintiendo. De eso se darán cuenta ustedes cuando ya sea demasiado tarde

Guillermo Sánchez Borbón

Prosigamos con este post mortem de lo que pasó el 2 de mayo, junto con un aviso sobre lo que pasará a partir del 1 de setiembre. El pueblo votó mayoritariamente por Martín Torrijos, y aunque yo no comparta su escogimiento, lo respeto y lo acato. Precisamente para que el pueblo pudiera elegir libremente a sus gobernantes, y hablar mal de ellos -sin temor a que lo desaparezcan-, fue que tantos panameños combatieron heroicamente la dictadura (y muchos perdieron la vida en el curso de la lucha).

Sé que la mayoría de los jóvenes votaron por Martín, por la razón, para mí incomprensible, de que éste también es joven, un buen pelao. Como si ser joven fuera en sí un mérito y una credencial para aspirar a la Presidencia. Todos hemos sido jóvenes: el tiempo se encargó de que dejáramos de serlo, como lo hará con los hinchas de Martín. ¿Por ventura creyeron que éste les pagaría su voto llevándolos en masa a Jauja? ¿Nadie les ha explicado a estos muchachos que las Jaujas no existen? ¿Que podemos construir un ersatz aceptable, siempre y cuando diseñemos una política nacional de largo plazo (20, 25 años, al cabo de los cuales tal vez lleguemos a disfrutar, como país, de una moderada prosperidad, si no nos desviamos de la ruta trazada)? Además, la premisa es falsa: Martín ya no es joven: es un hombre maduro de 41 años, justamente la edad en que empieza esa calamidad conocida como climaterio viril.

Quien les ofrezca pleno empleo, prosperidad para todos, les está mintiendo. De eso se darán cuenta ustedes cuando ya sea demasiado tarde. Por lo visto, querían un compañero de juegos y de juergas, no una persona con la experiencia y los conocimientos indispensables para poder gobernar con eficacia y honradez.

Ahora bien, hay cierta justicia poética en el hecho de que Martín comience su período bajo el peso de la monstruosa deuda pública que contrajeron irresponsablemente su padre y los cómplices de su padre.

****Los políticos del ancien régime estaban llenos de defectos, pero tenían una gran virtud: eran realistas, que jamás creyeron en pajaritas preñadas. Cuando se animaban a aspirar a cualquier cargo de elección popular, era porque ya estaban bien fogueados. Luego vino el proceso, durante el cual el gorilón de turno sacaba a alguien de la nada y de un puntapié lo lanzaba a la Presidencia o lo expulsaba de ella. Ese fue uno de los muchos daños permanentes que le hicieron al país los militares semi-analfabetos (rodeados de una corte de aduladores) que detentaron un poder omnímodo durante 21 años.

Los políticos del ancien régime...en vísperas de una campaña, si acaso corrían -como se decía en la jerga de su oficio- lo primero que hacían era localizar los obstáculos y dificultades con que tropezaría su candidatura, y ponderar la fuerza, recursos y astucia de su adversario. A nadie se le ocurría que podía saltarse todo el escalafón para acceder directamente a la Presidencia. También sabían que en unas elecciones puede ocurrir una de dos cosas: que se gana o se pierde. Ellos hacían cuanto estuviera en su mano para ganar, pero estaban preparados mentalmente para la derrota, salvo excepciones bien conocidas.

Los de ahora, en cambio... Tú has visto a Mireya, llorosa, acudir a una sesión de autocrítica (¡manes del querido camarada Stalin!). Era la única persona sorprendida por el resultado de las elecciones. Cualquiera con sentido político sabía que los aplastarían (a ella y a su partido) en las urnas. Cualquiera menos los arnulfistas, o Harry Díaz, que continuaba haciendo sumas y restas en el aire. Nadie le ha explicado que la aritmética no funciona en política. Es la única disciplina en que tres más tres es igual a cuatro. No quiere aceptar las evidencias abrumadoras: las cuentas no salían, por la sencilla razón de que dos tercios de molirenas votaron por Endara, y Dios sabrá qué porcentaje del Partido Arnulfista hizo lo mismo. Eso, más los sufragios de los verdaderos civilistas, explican la enorme votación de Endara.

****Cuando Martín Torrijos acudió a su primera cita acompañado de Blanco, muchos creyeron que lo habían sorprendido en su buena fe. O que el pelao es más tonto de lo que parece. Pero en la ceremonia surrealista del Canal, cuando volvieron a entregarle las mismas -u otras- credenciales, a pregunta de un periodista dijo que consideraba a Blanco un buen funcionario y una persona honrada, como lo probaba el hecho de que no tiene ningún juicio pendiente en los tribunales. ¡Linda prueba! Si vamos a ello, tampoco le siguieron ningún juicio a Marc Harris, protegido del procurador (demasiado atareado persiguiendo periodistas para, encima, enjuiciar a los grandes delincuentes -como si no hubiera suficientes aquí, ahora los importamos-. Una de dos: o Martín es un imbécil moral (¡manes de Unamuno!) o es tan sinvergüenza como Blanco.

¿De dónde habrá sacado su sentido moral? ¿De Sossa, de Mango Verde? Queda notificado el país de lo que le espera con el buen pelao (y los otros dos reyes magos) en la Presidencia.

A propósito: ¿Por qué tenía Lalo Sí se Puede que chuparle públicamente las medias al nuevo Presidente? ¿Por qué tenía Solís que pedirle al contralor cacao para el toro? Sigan así y van a terminar como Yolanda Pulice, o Robando Urnas.

Uno de los lemas de Martín era Corrupción y un cero atravesado por un raya longitudinal. Por respeto a la verdad, hay que echar abajo las paredes del cero y remplazar la raya por un ganchito transversal de aprobación.

El autor es director emérito de La Prensa

Además en opinión

. P. M. II: Guillermo Sánchez Borbón
. Lo que debe hacer Martín: Jorge Eduardo Ritter
. Por transparencia en las decisiones sobre el Canal: Betty Brannan Jaén
. Híbridos en tiempos de borrasca: Estela E. Schwartz





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