Las islas de Toledo
A veces el hombre se aísla y en otras le marginan. De estar solo y de tener sueños, de todo eso trata la exposición de Fernando Toledo
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
El hombre a veces desea marcharse a una isla desierta para sentirse lejos de sus semejantes o para estar un rato consigo mismo. En otras ocasiones es a él a quien alejan y lo mandan a un espacio distante. También se da el hecho de que siente la necesidad de trasladarse, aunque sea de manera onírica, a un territorio cercano a lo ideal, a un lugar donde estar en paz de tantos rugidos de las urbes.
De esto nos hablan los más de 15 cuadros que componen la exposición "A veces somos islas", de Fernando Toledo y que permanecerá hasta mediados del mes de junio en la Galería Arteconsult.
"Somos como islas" se presentó en diciembre pasado en el Museo Municipal de Arte Moderno de Cuenca (Ecuador), ciudad donde nació Toledo en 1962. Tenía 12 años que no ofrecía obras en esa institución cultural.
Las obras de Toledo han estado en galerías de Panamá, Honduras, Colombia, Guatemala y Santo Domingo. Entre otros, ha obtenido el primer premio de la IV Bienal de Arte Pictórico de Panamá y fue seleccionado a la V Bienal de Pintura de Cuenca.
Entre el espíritu y la denuncia
Fernando Toledo siempre ha sido un explorador del espíritu humano y siempre le ha interesado utilizar su arte como un medio para denunciar lo que no anda bien. Esta muestra en Arteconsult no es diferente. En sus telas vemos al hombre de cuerpo completo y lo observamos solo o en compañía, segregado o incorporado a la sociedad.
Es que a Toledo le preocupa el individualismo y la marginación galopante que hay en nuestro alrededor y cómo en el medio de estas dos tendencias está la especie humana.
Sabe que el artista también crea sus propias islas y que su labor requiere de soledad. La línea que separa o une al creador de los demás depende, en su opinión, de su propuesta.
"En la medida que tu obra sea complaciente la sociedad la acepta mejor, pero si tu obra es crítica y se convierte en un reflejo de la sociedad, entonces la gente se molesta porque siente que la estás agrediendo y entonces puedes ser rechazado y aislado. Mi trabajo está en un término medio, pues hay cosas que gustan y otras que no. A veces también tú te marginas como artista", dice Toledo mientras recorremos la exposición "A veces somos como islas".
Figuras sin rostro definido
A Fernando Toledo le llama la atención las formas de los seres que habitan en sus pinturas, los que tienen formas variadas y con pensamientos distintos.
Las figuras de Toledo no tienen rostros definidos, pero sí nos ofrece con claridad las ilusiones y las preocupaciones que llevan dentro. Nos conduce por un viaje al interior del conglomerado social y de sus miembros.
"Quiero mostrar sus paisajes interiores. Es una especie de anhelos que uno tiene y que uno los ve como una aspiración y mis personajes tienen eso. Siempre he tratado que las figuras humanas sean como formas y siluetas sin definir y no siempre determinar si son hombres o mujeres", dice Toledo.
Los suyos son personajes anónimos, pero al mismo tiempo manejan ciertas características propias. "Recordemos -explica- que en este mundo hay tanta diversidad. No hay necesidad de unificar y por eso cada uno tiene una textura y un color distinto y a la par se van complementando unos con otros".
Fernando Toledo rodea el conjunto de vicios y anhelos de sus mortales con enredaderas de espinas y flores que crecen en desorden, pero que están unidas entre sí y que entran y salen de las figuras humanas y lo hacen para recordarnos que la hermandad, pero también el abuso del poder y la corrupción son como redes que van de unos a otros sin tener un final determinado.
Estas ramas, toda esa vegetación que aparece en las figuras de Toledo, se pueden igualmente interpretar como los músculos de sus personas de colores. Es como si fuera una clase de anatomía en colores. "Me recuerdan a estas obras de Leonardo Da Vinci que presentaban disecciones".
También con estas ramas, indica Toledo, "quiero ir convirtiendo la agresividad en un elemento de armonía. Es como mi anhelo de que haya justicia, una búsqueda de mejores condiciones de vida y que haya igualdad de oportunidades. Mi aspiración es que todos podamos gozar de estas islas paradisíacas y que no solo sea el gusto de un grupo y que todos podamos romper con el aislamiento. Es dejar de ser agresivo y de agredir".
"Creo que soy una persona que le gusta ser reconciliadora, como que haya un espacio para dialogar y no llegar a otras cosas. Por otra parte, quiero aportar algo sobre las cosas absurdas que uno no entiende y la pintura es mi forma de decirlo", dice.
A todo esto hay sumarle su gusto por colores más luminosos que oscuros y entre ellos destaca el blanco. A lo mejor porque Fernando Toledo viajó recientemente a Estados Unidos y sus ojos vieron por primera vez la nieve y es posible que aquel descubrimiento quedó muy guardado en su memoria creativa.
En cuanto a cómo sería su isla ideal, Fernando Toledo contesta que tiene sentimientos divididos. "Yo vengo de los Andes en Ecuador y mi niñez y mi juventud fue estar entre las montañas y los ríos. Cuando estoy en la ciudad de Panamá con el calor me digo las ganas que tengo de estar en Cerro Azul, en Antón o en Boquete, pero al mismo tiempo disfruto estar en la playa. Lo que busco es la calma y estar reflexionando sobre la vida".
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