Panamá, 16 de mayo de 2004
 
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Kaleidoskopio
Reseña
Sociales
Horóscopo
Mosaico
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

El primer campeón

Panama Al Brown fue un artista del boxeo. Tuvo caballos de carrera y se codeó con la aristocracia francesa. Ganó mucho dinero y lo derrochó. Pero fue, sobre todo, el primer campeón mundial de boxeo panameño

Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com

De Panama Al Brown poco se habla. O más bien, se habla a medias. Su tumba de mármol reposa en el Cementerio Amador, en pleno barrio de El Chorrillo, a donde fue a parar su cuerpo en 1952, tras un año de estadía en el Cementerio de la Resurrección, en Long Island.

Al Brown conoció a la 'cream' de la sociedad francesa de los años 20 y 30. Bebió champaña a raudales, entre asalto y campanada. Mandaba a lavar sus camisas a Londres, desde París. Subía al ring y boxeaba como un artista, pero murió solo y enfermo en una calle de Nueva York.

Fue el primer boxeador panameño y el primer latinoamericano en obtener un título mundial. Defendió por cinco años ese título a fuerza de puño y astucia, pero su vida desordenada, sus excentricidades, su gusto por los hombres y hasta el color de su piel no le hicieron ganar la simpatía de todos.

Alfonso Teófilo Al Brown era hijo de un esclavo liberado de Tennessee que llegó a Panamá para trabajar en las obras de construcción del Canal. Nació en un cuarto de inquilinato entre calle sexta y Avenida Central en Colón, y sorprendió al mundo con sus 1.74 metros de altura y sus 118 libras de peso. Sus brazos -cuentan- casi le llegaban a las rodillas, lo que lo convirtió en un boxeador de un gran alcance.

Lo llamaron la "maravilla de ébano" porque, tras esa apariencia frágil y ese cuerpo de viruta, se escondía un boxeador de gran técnica que conocía bien sus limitaciones (tenía más contundencia en sus golpes que resistencia), y sus fortalezas (su derecha era su arma, pero sabía que si la usaba más de la cuenta podría estropearla).

Panamá debutó en Colón el 19 de marzo de 1922 en una pelea contra José Moreno, y el 9 de diciembre de ese mismo año ganó el título nacional mosca al vencer, en 15 asaltos, a un soldado estadounidense acantonado en una base panameña, Sailor Pratchett.

Pero su ciudad de calles simétricas y la propia capital del país pronto se quedaron chicas para sus ambiciones. Lleno de sueños se embarcó en un carguero rumbo a Nueva York, con la imagen de Miss Liberty en su mente.

La racista Nueva York

Al Brown llegó a Nueva York en 1923 y lo que encontró no fueron hurras. Pronto se dio cuenta de que su negrura no lo ayudaba. Quedó viviendo en el área mísera de Harlem, tratando de abrirse camino en el mundo boxístico.

A la sociedad neoyorquina de ese entonces no le agradaba la idea de que un boxeador negro fuera capaz de derrotar a uno blanco; se consideraba insolente, arrogante. Aún así, Al Brown estuvo en Nueva York hasta finales de 1926 moviendo sus puños en más de las 40 peleas que disputó.

Al final del verano de 1926, a un antiguo corredor de motos de nombre Villepontoux -que poseía un restaurante de comida francesa en donde solía ir a comer Eddie Mac Mahon, el hombre de negocios de Al Brown- se le ocurrió la idea de devolverse a Francia, pero no quería irse con las manos vacías. Villepontoux se había dado cuenta de que Al Brown podría convertirse en una estrella en París, mientras que en Nueva York sufría la inactividad que provocaba la apatía hacia su color.

Villepontoux convenció a Mac Mahon de hacerse cargo del hombre de ébano y le escribió a Jeff Dickson, que para ese entonces buscaba hacer resurgir el boxeo en París.

"Puedo enviarle a Francia dos boxeadores negros formidables", escribió Villepontoux a Dickson. "El primero se llama Jimmy Brown... El otro es un peso gallo alto y flaco, pero que pega como una mula y, a fe mía, no boxea mal".

Un mes después, Al Brown iba rumbo a París.

Entre la gloria y la explotación

Al Brown atravesó el Atlántico con pasaporte y maleta. Pasó su primera noche no en las calles, sino en Montmartre, "En todos los sitios mi gorra de cuadros, mi traje beige claro y mis zapatos de ante causaban sensación", escribió.

El hijo del esclavo liberado se convirtió en un personaje en la sociedad parisina. Pero se encontró con Dave Lumiansky, el apoderado con el que ganó el título mundial gallo en 1929, pero con el que también se vio obligado a pelear hasta 20 veces en un año (1932).

Al Brown peleó, sin descanso, durante cinco años. Lumiansky firmaba cualquier contrato que le representara ganancias, así fuera que el boxeador tuviera su derecha recién fracturada, estuviera sufriendo los estragos de la sífilis que lo iba desgastando, o de la artritis que le cercenaba los huesos.

A veces con fiebre, a veces con la mano tan lesionada que podía rompérsele en pedazos, Al Brown subía al ring y peleaba, con su bolsa ya empeñada en trajes, autos y toda clase de lujos. Estaba enfermo, pero no por eso se acostaba a las siete o se privaba de tomar alcohol o de consumir drogas.

Lumiansky, por su parte, se llenaba los bolsillos hasta la saciedad.

Al Brown ganó el título mundial gallo el 18 de junio de 1929 ante Vidal Gregorio y lo defendió en 10 peleas... Hasta que llegó el 1 de junio de 1935, cuando lo perdió ante Baltazar Sangchilli en Valencia, España.

Fue entonces que apareció Jean Cocteau en su vida.

De boxeador a bailarín

Luego de su derrota con Sangchilli, Al Brown peleó una vez más y perdió de forma catastrófica. Colgó los guantes y comenzó a trabajar como cantante y bailarín, y hasta como animador en salas de fiestas y bares. "Para ganarme la vida, me veo obligado a bailar claqué. Han conseguido que me asqueara el boxeo", escribió.

Pero dos años después estaba de nuevo en el ring, luego de que apareciera Jean Cocteau y lo animara a moldearse, a fortalecerse. Cocteau se aferró a Al Brown a medida que el boxeador remodelaba su cuerpo para hacerlo bello y ágil otra vez.

La pareja Brown-Cocteau se convirtió en tema de opinión pública. A Cocteau -según cuenta Eduardo Arroyo en su libro Panama Al Brown, 1902-1951- le favorecía el escándalo, el corrillo, pero no a Brown. "¿Hay derecho a ser campeón del mundo a los treinta y cinco años, estar champanizado, tener indicios de sífilis, ser opiómano, jugador, músico, homosexual y encima negro?", escribió Arroyo en el libro.

Al Brown fue por la revancha con Sangchilli y recobró su título, el 4 de marzo de 1938. Luego defendió el título una vez más y, en 1939, hizo dos peleas más en Nueva York.

Con Cocteau mantuvo la relación hasta que apareció Jean Marais, a principios de los años cuarenta, quien decidió sacar a Cocteau del humo del opio en el que estaba envuelto.

A Brown, por su parte, los aires de guerra lo dejaron sin certezas. Vino a Panamá e hizo ocho peleas entre 1941 y 1942, pero decidió regresar a Nueva York en donde pasó sus últimos años frente a la barra de un bar.

Murió el 11 de abril de 1951 en el Hospital de Staten Island por tuberculosis en último grado.


Además en mosaico

. El primer campeón
. El círculo de Martín
. Las islas de Toledo
. Madrid de boda
. La última corrida





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá