
Maná de analistas políticos
En Panamá hay muchas personas aptas para analizar los acontecimientos nacionales e internacionales, pero se las mantieneal margen
Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa.com
En un noticiero radiofónico matutino un tropicalizado "analista político", de los muchos que abundan en Panamá, casi obligaba a sus radioescuchas a que lo llamaran por teléfono. El parlanchín, que daba vueltas alrededor del micrófono como un moscardón, sabía de todo: las estrategias políticas del ateniense Pericles, el tipo de hilo que se utiliza para hacer las bandas presidenciales, y hasta cómo clonar caballitos de mar.
Las llamadas telefónicas anónimas que inundaban la pequeña cabina subían la adrenalina del eufórico analista, quien se desmenuzaba en comentarios como una frágil galleta saltines. "¡Hagan sus llamadas y opinen sobre el acontecer político; estoy aquí!", les decía con una voz altisonante, mezcla de La Lupe y Luciano Pavarotti.
En medio de aquel derroche de erudición radiofónica, llamó una señora muy enojada que se identificó como una "vieja" arnulfista. Por un momento (¡qué alivio!) el locutor suspendió los razonamientos extensos, molestos e inoportunos para dar paso a la llamada. La doña, con una autoridad de un juez de campo, comentó: "no estoy acostumbrada a participar en programas radiales, pero ya estoy cansada de tantos desagravios con Mireya". ¿Y qué creen que respondió el locutor-analista? Nada menos que "ese era un programa objetivo y si había algún desagravio contra la presidenta, no había sido de su parte". ¡Bárbaro! No solo permite que le peguen al idioma con manopla doble, sino que él mismo le da el tiro de gracia al español.
Traigo al tapete la anécdota para darles una idea de la clase de comentaristas y analistas que en los últimos tiempos ha inundado la radio y la televisión. Me cuentan que en la pasada campaña política, en una populosa vía, un hombre lloraba desconsoladamente recostado a un inclinado farol. Cuando le preguntaron la causa de su dolor, respondió, con entrecortados sollozos, que "era un desdichado porque no tenía una encuesta ni era analista político".
Estos pseudos analistas políticos son repetitivos y se consideran gitanos capaces de ver el futuro en una bola de cristal, que no es más que un resumen de opiniones ajenas. Se reproducen como los gremlins de la película y tienen una facilidad increíble para colarse en todos los programas de comentarios. Las pulgas son un detalle en cuanto a la facilidad que tienen estos farsantes de cambiarse de partidos o de ideologías.
José Ingenieros decía: "el hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad".
Según Ingenieros, "así como el inferior hereda el alma de la especie, el mediocre adquiere el alma de la sociedad. Su característica es imitar a cuantos le rodean: pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse con ideales propios".
En Panamá se requiere la intervención de verdaderos analistas políticos, sociales, de la salud, del arte, que opinen con base y no sustenten sus comentarios en "rumores de café", que muchas veces constituyen juicios personales -de parte interesada- con el fin de confundir a la opinión pública.
Los maestros y profesores tenemos la obligación de promover en los alumnos la capacidad de análisis, a fin de impedir que se conviertan en ciudadanos pasivos, irreflexivos, conformistas. La cultura hace al hombre independiente, amplía sus horizontes y fortalece sus criterios.
Los comunicadores sociales también somos culpables de la proliferación de estos profetas de temporada, que deambulan por todos los programas de opinión para satisfacer sus ansias de figuración. Admitimos que en la última campaña política estos caballeros de las mesas cuadradas televisivas y radiofónicas lograron su objetivo: saturarnos con tanta palabrería vana.
Aquí en Panamá hay muchas personas estudiadas, preparadas, aptas para analizar los acontecimientos nacionales e internacionales, pero se las mantiene al margen de los programas de opinión. Una buena educación, el hábito de la lectura y el análisis profundo de los hechos que afectan a la sociedad constituyen la mejor protección para no contaminarse con el "maná" de analistas que cae sobre los incautos como una lluvia de granizo. Recuerden: "a palabras necias, oídos sordos".
El autor es periodista
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