Panamá, 7 de mayo de 2004
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¿Hora de lamentos o de esperanzas?

Guillermo A. Cochez
gcochez@cableonda.net

El ser humano, cuando las cosas no le salen como esperaba, busca los comunes chivos expiatorios. Es la primera reacción que tenemos cuando las cosas no salen como esperábamos. Igual pasa en política, sobre todo cuando los resultados electorales, a pesar de haber ganado abrumadoramente nuestro abanderado presidencial que apoyábamos, los candidatos a legisladores, alcaldes y representantes de nuestro partido sufren por doquier la derrota.

El Partido Popular no es la excepción. Nos preguntamos cómo, al igual que ocurrió en 1994 cuando buenos legisladores no fueron reelectos, cómo ha sido posible la derrota de Teresita Yániz de Arias, juzgada por todos como una de las más productivas legisladoras que ha tenido el país y el mayor adalid del género femenino en materia de reivindicaciones legislativas. En ese tratar de encontrar respuestas a lo que pasó, algunos le echarán la culpa a la dirigencia actual del partido o a la forma como se hizo la alianza con el PRD. Otros harán caer la culpa al voto castigo que nos dieron algunos por habernos aliado a nuestros sempiternos adversarios o por haber comenzado en el 2000 apoyando en la Asamblea a Mireya Moscoso (Pacto de La Pintada) y haber terminado aliados con el PRD (Pacto META). En fin, si se tiene una reunión con 20 dirigentes partidarios, de seguro que encontraremos más de 20 razones distintas que procurarían explicar el porqué al PP no le ha ido como esperaba en estas elecciones, a pesar de haberse aliado a Martín Torrijos, el indiscutible triunfador.

Luego de haber estado replegado de la actividad partidaria, a finales de 2002 decidí conversar con Martín Torrijos para manifestarle mi decisión de apoyar su candidatura, lo cual haría, como era lógico, a través del partido político al que he estado vinculado hace más de 40 años desde mis tiempos de estudiante de derecho. Luché a lo interno intensamente para lograr que la Estrella Verde apoyara su candidatura, la única que a mi juicio podía darle mejor rumbo al país y una esperanza de mejores tiempos a tantos panameños engañados por el rotundo fracaso del actual gobierno para atender sus necesidades y cumplir las tantas promesas que había hecho. Al igual que muchos, pensé que a través de Martín Torrijos se podía preparar esa alianza programática-electoral que brindara a los panameños la posibilidad de aspirar a mejores días en un Panamá con un futuro promisorio para darle mayores oportunidades de trabajo y más seguridad ciudadana a la gente común y corriente, en un ambiente de lucha frontal contra la corrupción. Habíamos forjado un partido anti-PRD y esa concepción política tenía que ser cambiada, lo cual no fue fácil para algunos viejos militantes.

Eso que vi en Martín Torrijos se afianzó durante toda la campaña a través de su candidatura que tanto apoyo generó de la juventud y de las mujeres, y que tanta confianza generó alrededor de su partido. La gente común vio a Martín como alguien capaz de conciliar a toda la sociedad cuando tuvo la visión de forjar una alianza política con sus antiguos adversarios. Vio en Martín al Presidente capaz de mirar hacia el futuro, cuando lo vio ignorar todos los despiadados ataques que le hicieron, proviniendo algunos inclusive de gente de su propio partido, insistiendo en sus propuestas de cambio de la cultura política panameña. En fin, la gente común vio en Martín al gobernante con la capacidad suficiente para dar al país el giro que requiere para echar hacia delante la economía con cambios sustanciales en la manera de gobernar con crecimiento económico y justicia social, y de allí el eslogan que tanto pegó de "Sí se puede".

El vehículo que la población utilizó para manifestar su entusiasta apoyo a Martín lo fue el PRD; eso es una realidad, y por eso dicho partido sale muy fortalecido de estas elecciones. No por ello, sin embargo, debemos mirar hacia atrás para tratar de minimizar o disminuir el apoyo que los demócratas cristianos o populares hemos dado al triunfo de Martín Torrijos. Más que un triunfo partidario, debe considerarse como un triunfo del país; era Panamá, precisamente, a quien había que darle una nueva oportunidad de tener mejores y más capaces gobernantes. Por eso, más que el momento de los lamentos debe ser el momento de la nueva esperanza que tiene nuestro país para salir adelante. Si bien algunos han perdido los puestos a los que aspiraban, y es de humanos lamentarse por su derrota, hay que mirar que el 2 de mayo hubo un ganador más importante: el mismo pueblo panameño, tantas veces olvidado por los gobernantes y que confía en que Martín le repita: "Sí se puede" darle un giro a nuestro querido Panamá. A los populares-demócratas cristianos que en los últimos 20 años desarrollaron su estrategia política en una profunda oposición al PRD, les corresponderá ahora superar esa etapa y formar una nueva base política en la consolidación de una propuesta diferente para la sociedad panameña.

El autor es abogado

Además en opinión

. Un mandato claro: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. El voto de confianza: Julio E. Linares Franco
. ¿Hora de lamentos o de esperanzas?: Guillermo A. Cochez
. Ganadores y perdedores: Carlos M . Arango Jr.





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