Panamá, 30 de abril de 2004
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Propuesta electoral: Estado nacional, fincas y empresas

Ana Elena Porras

Como uno de los temas sobresalientes durante esta campaña presidencial, me ha llamado la atención que se identifique, como ventaja comparativa entre los candidatos, el hecho de que sea o no un "empresario exitoso". Como si el factor de la ocupación profesional, que es una variable de la clase social, fuera un requisito, una virtud política y una fortaleza moral para el candidato presidencial. El "empresario exitoso", para los entendidos, significa un mega-empresario, categoría altamente exclusiva, porque admite en su círculo únicamente a panameños ricos (sean ricos tradicionales o nuevos ricos). Y, por supuesto, que la medida del "éxito" es la fortuna amasada por el candidato. Esta dirección del razonamiento (groseramente conservadora, por cierto) nos llevaría a concluir que el mejor candidato a la Presidencia en esta contienda electoral es un panameño de clase alta, que haya heredado y acrecentado la fortuna familiar o un hombre de negocios que haya logrado, él mismo, hacer millones de dólares...

Resulta sospechoso el argumento porque elimina del escenario a cualquier candidato que no pertenezca a esta clase, ni ofrezca este perfil profesional. En el contexto de nuestra historia republicana, semejante argumento habría eliminado de sus anales, por ejemplo, a mi abuelo Belisario Porras, calificado como presidente modernizador del Estado de Panamá y mejor presidente del centenario por un grupo significativo de intelectuales prestigiosos, como resultado de su reflexión sobre los 100 años de República. En el contexto de la presente campaña, el argumento intenta descalificar al candidato presidencial cuyo origen, estudios y experiencia de trabajo lo distinguen como el único candidato de clase media profesional en la actual oferta electoral.

Pero este asunto me parece más importante que el de apenas una bandera personalista y electorera, porque presenta proyectos, utopías y modelos para el Estado nacional, que son distintos entre sí y ofrecen alternativas para los panameños. Me refiero a los modelos de las ofertas electorales respectivas para el Estado nacional, como son: el Estado moderno (más afín con el pensamiento de nuestra clase media profesional, diferencia el bien público del privado, fija su meta en el desarrollo social y humano de la nación como un todo y no apenas de sectores privilegiados, profesionaliza la administración pública, asume la globalización, revisando sus postulados neoliberales), la finca tradicional (visión adoptada generalmente por candidatos populistas de corte conservador y riqueza heredada, considera los bienes estatales como propios, tiene una lógica casi tribal que cree en las lealtades a los parientes, amigos y el clientelismo, es proteccionista al menos para los de la "tribu") y la empresa privada (frecuentemente acorde con empresarios conservadores, casi siempre ricos recientes, define el Estado como una empresa, olvidando que la empresa define su meta en el lucro, medida de su "éxito"; contrariamente al Estado moderno que, por definición, identifica su meta en el bienestar común, donde el crecimiento económico lo potencia pero es su instrumento y no su fin último. El Estado concebido como empresa, por tanto, tiene un sesgo social importante: favorece y está comprometido con la clase empresarial acaudalada del país).

En el actual escenario político, la oferta electoral para el próximo presidente de Panamá nos presenta, en mi opinión, la mejor opción con el candidato modernizador del Estado nacional quien surge, precisamente, de nuestra clase media profesional y no del empresariado "exitoso" ni de las familias dinásticas, tradicionales.

Con el apoyo del mayor partido nacional, desmilitarizado, renovado y con la mayor democratización interna, actualmente, en el país. Con los recursos políticos de una numerosa clase media profesional, el más amplio con preparación universitaria (del que podrá surgir un excelente equipo de gobierno) y con grupos gremiales, de trabajadores, frente empresarial y juventud, todos ellos representados y organizados, podrá su candidato Martín Torrijos, como ningún otro candidato en la actual contienda, lograr los difíciles acuerdos que son necesarios para cumplir con su agenda modernizadora del Estado de Panamá con mayor probabilidad de justicia social, ponderación política y menos conflictos de interés. Los temas del Seguro Social, la modernización del Canal, la Reforma Constitucional, así como la necesaria lucha contra la corrupción, llevan los mejores augurios con este perfil sociopolítico del candidato, su partido y proyecto nacional.

La autora es docente universitaria en historia y antropología cultural de Panamá

Además en opinión

. Visión de futuro: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. El país que queremos y la decisión del 2 de mayo: Rodrigo T. Sang
. Propuesta electoral: Estado nacional, fincas y empresas: Ana Elena Porras
. Voto selectivo, ¿por qué?: Gerardo A. Guerrel C.





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