Cambios institucionales irreversibles
Debido al sistema embudo, un mal procurador significa una justicia selectiva desde su primer paso, lo cual coloca al sistema democrático en arena movediza
I. Roberto Eisenmann, Jr.
La bronca producida por el procurador comprueba la necesidad de varios cambios institucionales irreversibles, a saber:
Primero: El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente -dijo lord Acton. La figura institucional de un solo procurador jefe de todos los fiscales, se ha convertido en una especie de embudo único por el que necesariamente tiene que pasar cualquier investigación, que constituye el primer paso de funcionamiento del sistema de justicia. Un mal procurador simplemente parcializa todo el sistema, permite personalizar toda acción investigadora fomentando el selectivismo y la corrupción, y por ende la impunidad. Me cuentan los que han vivido más años que yo, que el último procurador merecedor del título fue don Víctor De León; esto significa que tenemos 40 años de no contar con uno que permita una justicia ciega como la deseamos todos los ciudadanos. Debido al sistema embudo, un mal procurador significa una justicia selectiva desde su primer paso, lo cual coloca al sistema democrático en arena movediza.
Considero que debemos mirar hacia el sistema judicial español: allá hay una Audiencia Nacional con muchos "jueces de instrucción", que realmente son el equivalente de procuradores o fiscales independientes, con obligación de actuar por acción popular. He visto que el candidato José Miguel Alemán ha sugerido un procurador anticorrupción y otro de derechos humanos. Elías Castillo, legislador del PRD, ha sugerido un procurador del consumidor. Otros han sugerido un procurador electoral. Por supuesto, que pocos queremos más burocracia, pero podríamos establecer las múltiples procuradurías usando los presupuestos a la vez que se adecentan los salarios. El famoso juez o procurador Baltasar Garzón, de España, gana 3 mil dólares mensuales. Si asignamos el salario de España, podríamos tener tres futuros procuradores por lo que nos cuesta el actual. En síntesis: debemos romper el embudo, creando una Audiencia Nacional con múltiples procuradores independientes con temas primarios. Varios para la corrupción pública y privada, uno para el consumidor, uno electoral, uno para drogas y lavado de dinero...otro para los derechos humanos...y todo por el mismo dinero que gastamos hoy.
Segundo: Ha quedado comprobada la necesidad de eliminar las trasnochadas leyes mordaza de los tiempos de la dictadura. Es claro que nuestra legislación debe ajustarse a lo que hoy exigen los tratados internacionales de los cuales somos signatarios. La calumnia y la injuria deben pasar al ramo civil donde sería no solo más justa, sino más eficaz. Las figuras públicas (de gobierno y del sector no gubernamental) no tienen derecho a demandar por calumnia o injuria; cuando escogemos ser figura pública tenemos que saber que estaremos sujetos a la crítica ciudadana. Deben eliminarse las leyes de desacato, inaceptables para la comunidad internacional, y es obvio que no debe ser permitido que un funcionario se convierta en demandante, investigador, condenador (prohibición de salida del país, conducción forzosa, etc.); dentro de los sistemas civilizados no se puede ser juez y parte.
La escandalosa actuación del procurador ha creado aún más conciencia de que necesariamente se tendrán que producir cambios institucionales irreversibles, lo cual hace valedero cualquier costo personal.
Aprovecho para agradecer a todas las personas que me expresaron su solidaridad por mi acto de desobediencia civil al enfrentar a un funcionario abusador e incumplidor del mandato legal de su puesto, y a las organizaciones internacionales que tomaron firme posición que harán que el proceso y el juicio -más que un ataque personal a un ciudadano- se conviertan en boomerang y en símbolo de la exigencia por el requerido cambio institucional.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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