Panamá, 31 de marzo de 2004
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BUEN COMER

Los camisones

El pulpo a la gallega, como siempre, fue magistral, y puedo asegurar que es uno de los mejores de la República

ARISTOLOGA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
revista@prensa.com

LA PRENSA/Maydée Romero
La decoración y el servicio son informales, y la comida sencilla pero bien ejecutada.
Llevada por el nombre, se antoja ir con la comodidad de una sudadera vieja, preferiblemente con huequitos y manchas ocasionales. Craso error sería, especialmente una noche de viernes, ya que con tu perra suerte, te encontrarías allí a tout le monde, o al menos, a toute la vallèe, porque es la parada de rigor de los valleros (del Valle de Antón, se entiende) y de muchos playeros, especialmente en un viernes de Cuaresma.

Es fácil comprender la popularidad. El local, recientemente remozado, mantiene su ambiente de parador de carretera y, de conformidad con la mejor tradición de este tipo de establecimiento, te ofrece buena comida sin mayores florituras.

Son famosos sus platos de pulpo a la gallega, impregnado de aceite de oliva de primera, y sus paellas, que gracias al feliz advenimiento del celular, piden los feligreses con el anticipo de una hora requerido, una vez cruzado el puente de las Américas.

No siempre hay todo lo que está en el menú. Esta vez veníamos antojados de sepia, pero como nos sugirieron que ese día no eran los mejores, optamos por unos calamares en su tinta, que estuvieron algo chicos y cauchuditos, aunque su salsa, eso sí, ejecutada impecablemente.

También ordenamos unos langostinos a la sal. Vinieron ocho grandotes y cabezones, hechos perfectamente dentro de sus camisones (no lo pude evitar) con sal gruesa por fuera. Si la comida es poesía, esto es un haiku .

Unos piquillos rellenos de conchuelas vinieron con una salsita delicada. Las conchuelas en sí -problema de la concha, no del cocinero- no fueron ninguna gran cosa pero los piquillos, con buen pan y la salsita, estuvieron regios.

Una paella (ordenada con anticipo) a siete dólares por ración, fue pedida "con todo": pollo, cerdo, chorizos, mejillones -notable la ausencia de almejas- y mucho calamar, algunos camaroncitos, pimentones y petit pois , un langostino con cabeza por persona, el arroz aunque de grano criollo saborizado por un jugo evidentemente nutrido de huesos y cabezas, caldoso al punto justo, justo.

Dentro del entourage había RDT que no aman lo marino así que además optamos por el contingente terrestre del menú, de esos que dependen únicamente de que el producto sea bueno: un plato de lomo ibérico y otro de queso manchego, con que es difícil equivocarse.

Además, sin poderme decidir entre cochinillo o carnero, pedí probar un pedacito de la pierna de carnero, que estaba sabrosa y tierna, evidentemente hecha a fuego muy lento y con su gravy delicado, más consistente. El cochinillo, tierno aunque no tan bebé, tuvo el pellejito a ratos cauchudo, a ratos crocante, pero lo considero buena compra por 10.50.

También estuvo excelentemente ejecutado el filete a la pimienta, con todo y que la RDT de marras lo pidió bien cocinado (el crimen se perpetró mientras yo estaba distraída con otra cosa).

Unas peras al vino vinieron con sus especias al punto, y unas crepas (el postre insignia del local) estuvieron mejores de lo que las recordaba de mi primera visita, en 1999. Ya era hora de volver a reseñar este hito de la Interamericana, y no nos defraudó, a pesar de que para mi gusto, bien podrían tener una lista de vinos más estructurada, por ejemplo, pero entre Panamá y David, sigue siendo lo mejor que hay en la Interamericana. Dixit.

Calificación: ***
Presupuesto: $$
Dirección: La Hermita de San Carlos, Carretera Interamericana, kilómetro 104
Horario: Abierto todos los días, 11:00 a.m. - 10:00 p.m.
Teléfono: 993-3622
Acceso a discapacitados: Fácil
Aceptan: Visa, MC, AX
Recomendamos: Pulpo a la gallega 8.50 dólares; Filete a la pimienta 9 dólares
Relación costo-calidad: Cochinillo 10.50 dólares; langostinos a la sal 9 dólares


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