Panamá, 28 de marzo de 2004
 
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Dos aniversarios

La tragedia del 9 de Enero borró todas las efímeras líneas partidistas divisorias y todas las diferencias personales

Guillermo Sánchez Borbón

En el acto de presentación del libro Misión a Washington, de Miguel J. Moreno, dije unas palabras que quisiera publicar aquí parcialmente. Comencé por dejar constancia de la profunda admiración que siento por el genial novelista García Márquez. Pero agregué que en mi opinión hubiera debido concentrarse en su literatura y dejar la política en paz. Después de hablar con Torrijos y asistir, como invitado suyo, con todos los gastos pagos, a la firma de los tratados en Washington, García Márquez se dejó llevar demasiado lejos por el entusiasmo que le inspiran los dictadores, y declaró que su anfitrión les había dado a los panameños la conciencia de su nacionalidad. O sea, que nosotros éramos panameños sin saberlo, hasta que Torrijos tuvo la bondad de decírnoslo: " Panameños sois", y entonces comenzamos a serlo. Nos vamos a responderle aquí repitiendo una historia de sobra conocida.

Baste con recordar que todos los gobiernos del Panamá republicano, empezando por el de Amador Guerrero, hicieron lo único que podían hacer en esa época: luchar por corregir ciertos excesos del Hay-Bunau Varilla. Y lo hicieron discretamente, sin aspavientos ni gritos destemplados, pero con admirables firmeza y tenacidad. Esto se puso de manifiesto claramente desde que, hace unos años, el Gobierno norteamericano abrió al escrutinio público la correspondencia diplomática cruzada entre nuestros dos países.

En las décadas del 40 y 50 la tensión entre ambos llegó varias veces casi al punto de rompimiento.

Ninguno de los burócratas norteamericanos advirtió a tiempo las señales de peligro: desde la del 12 de diciembre de 1947 hasta la siembra de banderas a finales de la década del 50.

Y así llegamos al 9 de Enero de 1964. Ese día, 60 años de prepotencia imperialista y de continuas humillaciones a los panameños estallaron como un barril de pólvora. ¿Cómo respondió el presidente Chiari? Acusando de agresión a Estados Unidos, rompiendo relaciones diplomáticas con su gobierno y haciendo un llamado a la unidad nacional.

Esto es lo que explica la participación estelar de Miguel Moreno (hasta la víspera adversario político de Chiari, a cuyo gobierno había censurado duramente, entre otras razones por no haberse mostrado suficientemente firme frente a Estados Unidos).

La tragedia del 9 de Enero borró todas las efímeras líneas partidistas divisorias y todas las diferencias personales. Hay que situarse en la época: es el único país latinoamericano que ha roto relaciones diplomáticas con la gran potencia (Cuba no las rompió; Estados Unidos las rompió con Cuba). Con la agravante de que a la sazón estaban acantonados en nuestro territorio miles de soldados gringos armados hasta los dientes. En el tomo que ustedes van a tener enseguida en sus manos, se relatan todos estos hechos pormenorizadamente. Leerán cómo Nino mandó a llamar a Miguel Moreno -y después de una breve conversación, que honra a los dos hombres- lo nombró embajador ante la OEA para que expusiera en ese organismo la posición radical de Panamá, que puede resumirse así: hemos sigo agredidos por Estados Unidos sin que mediara ninguna provocación de nuestro país. Y: hasta ahora Panamá se había limitado a hacerle reformitas al Hay- Bunau Varilla. Esa etapa acaba de terminar violentamente. Ya no nos conformamos con parches al tratado vigente. El 9 de enero creó una situación nueva, que nos exige ir a la raíz del problema para resolverlo también de raíz de una vez por todas. No restableceremos relaciones diplomáticas hasta que el presidente Lyndon Johnson se comprometa públicamente a negociar un nuevo tratado.

Tal fue la misión imposible que le encomendó el presidente Chiari a Miguel J. Moreno. A pesar de las diferencias que los separaban, nombró a quien había sido hasta la víspera su adversario político suyo. Un reconocimiento elocuente a la honradez, patriotismo, preparación intelectual, tenacidad y valentía cívica y personal de Miguel Moreno. Cuando ustedes hayan terminado de leer este libro, se darán cuenta de lo acertado que fue el escogimiento.

Al destino, dice Borges en una página memorable, "le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías". El mismo día que terminó exitosamente su misión, y Estados Unidos y Panamá firmaron la Declaración Conjunta comprometiéndose a restablecer relaciones y a "designar sin demora embajadores con poderes suficientes para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto entre los dos países, sin limitaciones ni precondiciones de ninguna clase" (es decir, que se cumplieron todos los objetivos de Panamá), ese mismo día, repito, era el del cumpleaños de Miguel Moreno. De manera que ayer celebramos los 90 años de Moreno y los 40 años de la firma de la Declaración Conjunta arriba transcrita, matriz del tratado vigente.

Ahora que hemos recuperado la Zona y que el Canal es nuestro, conviene recordar a quienes hicieron posible esta victoria: los muertos y heridos que hemos sufrido a lo largo de nuestra lucha y los hombres patriotas que, como Nino Chiari, no tuvieron miedo de romper relaciones con Estados Unidos y acusarlo de agresión, y los hombres que, como Mike Moreno, lucharon en defensa de nuestros intereses nacionales en los foros internacionales, logrando que fuera aceptada por la otra parte la nueva posición, verdaderamente revolucionaria, de Panamá. Leyendo el libro de Moreno comprende uno cuánto costó llegar hasta el 31 de diciembre de 1999.

El cuento de que todo se logró gracias a la iniciativa, patriotismo y talento de un dictador providencial, es una mentira descarada.


Además en opinión

. Dos aniversarios: Guillermo Sánchez Borbón
. En el borde de la mentira. y de la ley: Jorge E. Eduardo Ritter
. En Irak, de muerte e indemnización: Betty Brannan Jaén
. El PRD, el perro 'Eagle' y la Comisión de la Verdad: Adolfo E. Linares Franco





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