Panamá, 21 de marzo de 2004
 
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Para salvar la Universidad

Ya el déficit universitario el pasado año fue de 19 millones de balboas

Juan Planells

Ni siquiera haciendo uso de todo el conocimiento que se acumula en la Universidad de Panamá, sus órganos de gobierno han sido capaces de encontrar una respuesta al grave problema de financiamiento que pone en peligro el proyecto de educación superior que el país necesita para alcanzar altos niveles de bienestar, justicia y paz.

Ya el déficit universitario el pasado año fue de 19 millones de balboas, lo que ha provocado que nuestra principal casa de estudios figure en la lista de morosos con la Caja del Seguro Social, con empresas de servicios públicos, y hasta con los mismos administrativos de la institución.

Preocupado por esta situación, poco tiempo después de tomar posesión, el actual rector, en un gesto de valentía y honestidad, se atrevió a presentar un plan de aumento a la matrícula de los estudiantes que permanecen en la universidad más allá del tiempo requerido para graduarse. El rector sustentaba su posición en la idea de distribuir los escasos recursos disponibles entre aquellos que más lo necesitan o que mejor lo aprovechan.

Si hacemos una operación matemática sencilla en la parte de atrás de un sobre usado obtenemos resultados alarmantes. Al dividir el presupuesto universitario entre el total de estudiantes matriculados se obtiene algo así como un costo de 1,200 balboas por estudiante matriculado; pero si hace la división entre aquellos que obtienen un título, el costo por graduado asciende a 12,000 balboas. La diferencia se pierde como deserción o en fracasos.

Desgraciadamente, en el Consejo Académico tuvo más peso la presión de los estudiantes afectados que el interés por servir mejor a los que tienen la vocación, la voluntad y la capacidad para aprovechar mejor el tiempo; y la decisión fue pospuesta para más adelante, agravando aún más la difícil situación económica por la que atraviesa la universidad.

Es cierto que el dinero empleado en educación debe considerarse como una inversión que rinde grandes dividendos a la sociedad, pero esto solamente ocurre cuando la banca universitaria está ocupada por alguien que aprovecha su tiempo, regresándole a la comunidad lo que ésta ha invertido de los impuestos que pagan todos los panameños y panameñas, incluyendo aquellos que esperan su turno para ocupar esa misma banca.

La propuesta del equipo que hoy dirige los destinos de la Universidad de Panamá es justa y necesaria. Implementémosla a tiempo y mejorarán tanto las finanzas de la institución como la calidad de sus egresados, dos asuntos que se han convertido en objetivos de un sano quehacer universitario.

El autor es catedrático

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