La España que hereda Zapatero
¿No habrá aprendido ETA que el camino efectivo es el de la matanza atroz y multitudinaria en vez de los crímenes selectivos?
Carlos Alberto Montaner
Veinticuatro horas antes de los bombazos del 11 de marzo parecía seguro el triunfo del Partido Popular en España. Las últimas encuestas le otorgaban al PP mayoría absoluta. ¿Qué sucedió? En esencia, el aumento súbito del número de electores, y muy especialmente de los jóvenes que votaban por primera vez. Sacudidos por el horror y convocados por cierta demagogia, acudió a las urnas un 8% más de votantes, y en España, cuando la participación es muy alta, esta vez alcanzó un 77%, inevitablemente triunfa la izquierda.
Esos jóvenes no conectaban emocionalmente con la derecha y habían manifestado su rechazo a la guerra de Irak y al apoyo político que Aznar le había otorgado al presidente Bush. Para muchos de ellos, los devastadores actos terroristas se convirtieron en una especie de siniestro silogismo: "Aznar nos metió en una guerra injusta y ajena desatada por los detestados yanquis; ahora esa guerra nos ha traído esta represalia; Aznar y su partido son los culpables". Centenares de muchachos salieron a las calles a gritarles "asesinos" a los populares.
Mal presagio. Para José Luis Rodríguez Zapatero, el líder de los socialistas, la suya puede llegar a ser una victoria amarga. Los terroristas han olido sangre y probablemente les aumente el apetito. ¿Cómo va a reaccionar su gobierno si mañana unos terroristas islámicos realizan otra matanza monstruosa, digamos, en Sevilla, en demanda del abandono inmediato de Ceuta y Melilla, los dos enclaves españoles situados en territorio marroquí? ¿Cuántos atentados de este tipo soportarían los españoles antes de que aparezcan las primeras pancartas pidiendo paz a cambio de entregar esos territorios africanos? Es posible que el instinto de Zapatero sea el de resistir, pero no hay duda de que sus electores tienen una perspectiva diferente, mucho más blanda y totalmente divorciada de los intereses generales del Estado español.
¿No habrá aprendido ETA que el camino efectivo es el de la matanza atroz y multitudinaria en vez de los crímenes selectivos? El mismo razonamiento empleado para acusar de asesino a Aznar por las víctimas del 11 de marzo podría utilizarse contra Zapatero si mañana la ETA extermina 200 personas en Barcelona o en Santiago de Compostela porque el gobierno socialista no otorga la independencia a las provincias vascas. Al fin y al cabo, una buena parte de los votos que llevaron a Zapatero al poder procede de personas que no se sienten españolas, sino catalanas, vascas y gallegas. Esa es la lógica de Josep Lluís Carod-Rovira, el líder catalán de Esquerra Republicana: ¿por qué tienen que morir catalanes por causa de un país extranjero (España)? Hace pocas semanas, cuando Carod-Rovira formuló su planteamiento, los españoles se llevaron las manos a la cabeza horrorizados, pero en las últimas elecciones los catalanes le otorgaron el 16% de los votos y elevaron su representación en el Parlamento nacional de un diputado a ocho.
Espero que Zapatero se dé cuenta de que va a gobernar un país en el que las fuerzas centrífugas han cobrado un ímpetu inesperado, y en el que los síntomas de insolidaridad son crecientes. Izar la bandera española es considerado una provocación fascista por una buena parte de la población. Las regiones húmedas no quieren compartir el agua con las secas. Las ricas se sienten esquilmadas por las más pobres y viceversa. No hay un sistema nacional de impuestos que afecte a todas las regiones por igual, lo que se traduce en agravios comparativos y en un reclamo constante de privilegios y excepciones locales. En las provincias catalanas y vascas crece el independentismo. Es posible que en el futuro esa tendencia refuerce el regionalismo de gallegos y canarios. Inevitablemente, no tardará en revitalizarse el sentimiento antimonárquico, entre otras razones, porque la Corona es la representación espiritual e histórica de una entidad, España, con la que muchos de los habitantes de esa península no se sienten identificados.
¿Cómo se enfrentará Zapatero a esta peligrosísima fragmentación? Ese es su problema prioritario: ha llegado a la meta a lomo de varios caballos que corren en direcciones diferentes. Lamentablemente, su propio partido no es una fuerza cohesionada que posee una visión común de España. La mayor parte de los socialistas catalanes son más catalanes que socialistas. Los socialistas vascos a veces sienten que sus compañeros de partido no los apoyan con la fuerza que debieran frente al acoso de los nacionalistas. Cuando Zapatero tenga que actuar desde una perspectiva española y defender el interés nacional, inmediatamente se enfrentará a muchos de sus aliados coyunturales.
Paradójicamente, los populares son quienes pueden ayudar a gobernar a Zapatero. Mariano Rajoy, el líder popular y candidato derrotado en los pasados comicios, ya le ha tendido la mano. Ese me parece un gesto responsable. Aunque no esté bien visto en los tiempos que corren, alguien tiene que pensar en España. (FIRMAS PRESS)
El autor es analista internacional
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