Panamá, 19 de marzo de 2004
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Sobre el debate del 16 de marzo

El debate fue bueno porque en el marco de las limitaciones temporales, las preguntas fueron precisas y se ajustaron a los cuatro tópicos escogidos

Pedro Ernesto Vargas
pevargas@psi.net.pa

Así como del otro exigimos respeto, así debemos respeto al otro. Y, en esa actitud educada podemos mirar a los ojos del amigo y del adversario, aunque para entonces ya hayamos dicho o estemos señalando asuntos que, aún por desagradables, no lastiman la precisión y la verdad.

El debate del martes en la noche fue bueno. Fue bueno porque en el marco de las limitaciones temporales, las preguntas fueron precisas y se ajustaron a los cuatro tópicos escogidos. Fue bueno porque aún en los prólogos innecesarios, en la imprecisión, en las medias verdades o las verdades a medias, y, en la puntualidad de las respuestas se nos dio la insospechada oportunidad de descubrir aspectos importantes del interlocutor -en este caso, el candidato a la Presidencia de la República- que van a ir dándonos pautas a unos y confirmándolas, a otros, para el momento en que, el 2 de mayo de este año, hagamos valer el derecho ciudadano de escoger.

En esta aseveración contradigo a no pocos intelectuales nacionales y allende las fronteras para quienes la crítica es un arte no de análisis, sino de iconoclasia. Pero en este amplio estadio de la política, cada uno juega según sus aptitudes y compromisos, aún usurpando la delicada labor del árbitro.

Ricardo Martinelli reniega una vez más del político mientras participa de eventos políticos (la sola aspiración presidencial es uno de ellos) y sobrecalifica su carácter de empresario y administrador; y, mientras solo reconoce errores, malas actuaciones y maledicencias a los políticos, ni siquiera se da cuenta de que en su particular ámbito empresarial y entre sus seguidores políticos también los hay y, quién sabe cuán cerca de su persona. De hecho, es él, el menos obligado a ser preciso y veraz - quizás así piensa- porque bien sabe que no se le pedirán cuentas de cuanto diga, en este próximo quinquenio.

José Miguel Alemán resulta cada vez más decepcionante y es una lástima. Siendo un joven abogado con experiencia en el sector público, inteligente y articulado, recurre tercamente -quizá una cualidad partidaria- a presentar hechos a medias (como cuando acusa al presidente Endara de no realizar reformas constitucionales en su momento y el momento de ambos) o retraerse a un pasado ajeno del candidato Torrijos para responsabilizarle de actuaciones de su partido cuando aquel tenía solo 19 años de edad. Ojalá haya aprendido la lección de hidalguía que el presidente Endara le dio gratuitamente cuando, más allá de aclarar su papel en el asunto renovado de la reconstrucción del Bocas del Toro post terremoto, deja claro que su viceministro de Gobierno de entonces, el abogado Alemán, dejó un intachable récord de tales gestiones. Y, ojalá entienda que las actuaciones del PRD que le pueden ser responsabilizadas a Martín Torrijos, en honor a la verdad, no se deben remontar a épocas donde éste no jugaba ningún papel político dentro de ese colectivo.

Cuchungo Endara le deja a su franqueza tomar ventaja sobre lo posible y a su locuaz verbo deshacer cualquier acto de lógica al punto de dejar, casi siempre, la impresión de una falta de fluidez necesaria para armonizar el pensamiento con la acción o, el (o lo) sustantivo con el verbo. Creo que es difícil no responder a mentiras o medias verdades y por ello, incluso, gana cuando aclara, más que la acusación sobre la ayuda a Bocas del Toro, la mal intencionada acusación que le hace Alemán sobre su administración en ese aspecto sensible para la comunidad, cual es el de unas reformas constitucionales. Pero no convence, y lo trae al tapete sin darse cuenta, cuando señala que Samuel Lewis Galindo le ha pedido que no haya parcelas políticas o, mejor, espacios políticos, en su gobierno. La iluminada petición de Samuel no es difícil de tejer cuando solo a un partido -el de Samuel- se debe su candidatura, pero lo que deja por decir o calla, también inesperadamente, es el rol que jugarán todos ellos, después del 2 de mayo, cuando salga (n) a negociar "la gobernabilidad" con el presidente electo, que no será Endara. Negociación que, me atrevo a asegurar, dejará a un lado no solo las promesas electorales, sino la memoria de lo que se dijo y no se dijo durante la campaña contra el candidato prestigiado por el voto mayoritario.

Martín Torrijos mostró sinceridad y mayor conocimiento y coherencia y, de hecho, eso molesta a todos los adversarios de su partido, que no le dan cabida a este nuevo liderazgo ni a nuevos tiempos en la política criolla. Un fenómeno interesante porque está aún pendiente que los panameños discutamos ampliamente sobre los años de la dictadura para hacer un balance que le haga justicia a nuestra historia reciente. Y en esa discusión, hemos de reconocer que casi todos los partidos en contienda hoy existían ya antes de 1964. Y fueron, unos más que otros, responsables del golpe de Estado, que nos legó esa historia de ignominia militarista que reemplazó la otra historia de ignominia civilista y partidista,- que, hoy, no tiene nada que envidiarle a aquellos años anteriores a la dictadura. Martín sería un fiasco mayor que Mireya Moscoso si incumple con su compromiso con la honestidad y transparencia en el manejo de la cosa pública. Eso sería más catastrófico para el espíritu del pueblo panameño que el no conseguir todas las plazas de trabajo que se necesitan o toda la seguridad en las calles.

El autor es médico

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